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LAURA DÁVILA TRUELO
EL UNIVERSAL
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Gabriel Rodríguez pasa frente al Domo en Milán
mientras habla con calma acerca de su trabajo en Italia. Cada
frase, por seria que parezca, culmina con una risita de complicidad
que lo acerca a quienes lo escuchan, la misma risa que, sin
duda, le ha abierto las puertas del mundo de la moda, junto
a la disciplina y la conciencia de que el modelaje "es un
trabajo y no una forma de vida".
Montado sobre la pasarela de los más famosos diseñadores
del mundo, que incluyen a Armani, Ralph Laurent, Dolce &
Gabbana, entre otros, "Gabo", como lo llama su familia, muestra
el tipo serio, de rostro adusto, y mirada profunda que exigen
las circunstancias. Orgullosa, su mamá comenta: "El muchachito
se las trae" mientras se queda sin aire al verlo pasar, indiferente,
junto a los modelos más reconocidos.
Nadie creería que ese joven de 23 años es el mismo
que a sus 16, y durante un año, estuvo entrenándose
en los campos de práctica de los Expos de Montreal en
Florida, en Estados Unidos, cuando aún su futuro estaba
más ligado a un bate que a una valla publicitaria.
Pero en 2003, tras una lesión en el hombro, regresó
a Caracas, y estudiando Comunicación Social, supo de
un casting para el reality show de Televen Modelos 2003, al
que se fue por curiosidad. Allí conoció a Jéssica
Vivas, quien era jurado y ahora es su manager en la agencia
Booking en Venezuela: "ella me ayudó a entender un mundo
diferente, conocí modelos y me llamaron la atención
sus viajes y oportunidades".
"Gabo" tenía estructura de pelotero 1,87 cm de alto
y 97 kilos. Pero el premio del concurso era un contrato con
la agencia Meyer, en Milán y el estilo para el mercado
europeo es un hombre delgado. Pasó seis meses trabajando
en su imagen: "Fue un sacrificio, pasé hambre, ahora
peso 80 kilos".
UN MUNDO QUE NO ES PROPIO
En Milán estaba solo. "Lo más difícil fue
montarme en el avión, mamá y papá no estaban,
no hablaba el idioma y me dije: 'tenemos que crecer'. El primer
mes analicé a dónde estaba llegando, veía un
mundo que nunca me había pasado por los ojos. Pero en
mis primeros meses hice la campaña de Armani Jeans, y
eso abre las puertas".
"Gabo" respeta su trabajo y lo entiende: "es un mundo oscuro
y difícil. Hay juegos de poder, de manipulación,
ficticio. El modelaje me ha ayudado mucho, pero quiero ir
más allá. Me gusta conocer, cuando viajo por trabajo
me quedo unos días más para ver el lugar. Yo no
digo que quiero ser top model, sólo por la belleza no
puedes catalogar a una persona. Muy poca gente sabe cómo
es en realidad este trabajo".
Después de dos años conoció a Iona, una joven
modelo rumana, que vive con él: "es mi alma gemela, familiar,
pensamos igual, sabemos que este trabajo es de un tiempo".
Uno de sus mejores amigos es su agente Massimo Taccinni,
aun así dice "no pertenezco a este mundo. No tengo casi
amigos en el medio. Pero lo vivo súper bien".
Hijo de un entrenador de beisbol y una profesora de voleibol,
"Gabo" es el mayor de tres hermanos y un ejemplo para ellos.
Dice que sus logros se deben a que "los venezolanos tenemos
valores de familia. Somos diferentes a otros latinoamericanos,
colaboradores, amigos verdaderos y cuando amamos, es incondicional;
si encuentras a un venezolano con el que compartes ese es
mi hermano, mi costilla".
Los planes de "Gabo" en el exterior no han cesado; pero su
afecto sigue con la gente que quiere, amigos y familia; más
de 30 personas que cada vez que viene al país lo reciben
con una franela con su rostro y pancartas de sus campañas
como muestra del orgullo que sienten de su éxito.
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NUEVA YORK ES LA MECA DE LA MODA DE TODO EL MUNDO
Muchos de los modelos venezolanos han comenzado su carrera
en el mercado europeo donde los contactan países como
Italia, España, Francia, Alemania, Inglaterra, cada uno
es un mercado diferente.
Pero los fotógrafos más reconocidos y las compañías
que ofrecen más dinero están en Nueva York. Allí
en una campaña mundial un modelo puede ganar 300 mil
dólares, mientras en Europa serían unos 60 mil euros
en un trabajo para hombre.
Gabriel Rodríguez, no es la excepción, pues tiene
como meta "la gran manzana", donde incluso pueden estudiar
actuación. Tras un año tramitando sus documentos
para obtener una visa de trabajo en Estados Unidos, recibió
los documentos de aprobación de su solicitud. Su plan
es terminar los trabajos de verano en Europa y desde agosto
se irá dos años a Estados Unidos, donde está
buscando apartamento y un contrato de un año. "Lo bueno
es que tengo experiencia y allí la comunidad latina está
creciendo. Además estaré más cerca de mi familia.
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