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Enrique Palacios
Talento y compromiso
Es, sin lugar a dudas, un modelo con pedigrí de carácter global. Imagen de Giorgio Armani, Tommy Hilfiger y Dolce & Gabbana, entre otros, tanto mundo no le ha arrebatado su sencillez
A los 19 años se fue a París, y de allí conquistó el mundo del modelaje. Se mantiene gracias a la constancia y a sus sólidos lazos con la realidad más allá de la pasarela (Cortesía Enrique Palacios) (Cortesía Enrique Palacios) (Cortesía Enrique Palacios) (Cortesía Enrique Palacios) (Cortesía Enrique Palacios)
A los 19 años se fue a París, y de allí conquistó el mundo del modelaje. Se mantiene gracias a la constancia y a sus sólidos lazos con la realidad más allá de la pasarela (Cortesía Enrique Palacios)
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ENMAR PÉREZ 
EL UNIVERSAL

Comercial de Armani Black Code con Enrique Palacios
Dice que la actuación siempre ha estado en su horizonte, pero que requiere de mucha dedicación y de un talento que, en sus palabras, "no sé si tenga". En cambio, de no haberse convertido en la percha ideal para las creaciones de los emperadores de la moda, los diseños, quizá, saldrían de él. Eso sí, de otro corte: "La arquitectura es una de mis grandes pasiones, es lo que realmente me quita el sueño". Pero, ya es anuncio desplegado en las revistas más glamorosas del globo, cambió los planos y las escuadras por las pasarelas y la lente de los fotógrafos del mundo fashion y, con trazo firme y por demás elegante, le fue dando forma y volumen a lo que terminó siendo una sólida carrera que, cómo no, alcanzó el pent house: es imagen de Giorgio Armani, Dolce & Gabbana y Tommy Hilfiger, entre otros notables, lo que le ha granjeado un puesto como uno de los maniquíes más apreciados del planeta. Desde tan encumbradas alturas, no obstante, Enrique Palacios, hoy de 32 años, desarma con su sencillez, su discreción y su calidez en el trato, una muestra más de que para transitar firme por los resbalosos pasillos fashionistas, se deben mantener, primero, los pies bien asentados en la tierra. 

  "Cuando comencé en esta profesión me propuse lograr una carrera a largo plazo. He visto personas que comienzan en el medio, trabajan y luego desaparecen. Para mí lo más importante ha sido mantenerme alejado de 'los picos o los valles'. De esa forma haces que el recorrido sea menos acelerado y sin levantar mucho polvo". Para lograrlo partió, ahí sí, del valle que lo vio nacer: Caracas, el 24 de enero de 1996, con la energía de sus guapos 19 años y un boleto a París. "Me fui lleno de sueños, expectativas, y no tan nervioso, ya que del otro lado del mar me esperaba una agencia con trayectoria: Karin Models". Pero nadie dijo, claro está, que el asunto sería que otros cosieran y él tarareara: "En Francia me recibió con una sonrisa Corinne Hedminger, directora de la división masculina de la agencia. Me entregó una hoja con los nueve castings del día, me pidió que no faltara a ninguno. Me dio 50 francos para que comprara un mapa de la ciudad y me dijo que estuviera de vuelta en la tarde para saber adónde iba a dormir y lo que sería el itinerario del día siguiente. Ese día entendí que el éxito del viaje no iba a depender sólo de lo prestigiosa que fuera la agencia, sino también de mi capacidad y compromiso para responder a tales exigencias". Por supuesto, dio la talla. Desde aquellos primeros trajines y trajes no ha parado: en la Ciudad Luz se quedó un año. Se mudó a Nueva York, donde la agencia Wilhelmina lo enroló en sus filas y su toque de gracia sedujo a los diseñadores y a los flashes más reputados.    

 Entre sus amigos se encuentran, hoy día, el respetado fotógrafo Steven Meisel -determinante desde sus inicios-, el propio Armani y, el no menos célebre,  Domenico Dolce. De ellos ha escuchado consejos sabios, pero la última palabra la tiene él: "Al decidir creo que lo más importante es lo que funciona para ti y no lo que funciona para otros. No hay mejor termómetro que tu sexto sentido o tu corazón". Ese mismo que, finalmente, le ha secuestrado la actriz venezolana Verónica Schneider, a quien le ha dado el sí más codiciado.

  "Mi vida está más asentada desde que me casé, pero, de un tiempo para acá, me pongo algo nervioso en los aviones. Es una leve angustia de que algo suceda y no pueda volver a casa". Así es Enrique. Su músculo más fuerte parece ser su corazón.


LAS VENEZOLANAS SIEMPRE TUVIERON CANCHA
La carrera de maniquí era algo desconocido en nuestro país, pero bastó un concurso de belleza para que una venezolana comenzara a interesar a los diseñadores internacionales. En plena mitad del siglo XX, Susana Duijn se ciñó la corona de Miss Mundo y modeló para el diseñador Oleg Cassini. La peinó Alexander, célebre estilista de la época, que sólo arreglaba a las grandes luminarias del cine mundial y creó para ella un peinado único. No convencida lo suficiente dejó el modelaje de lado.          En la época de los 80 surgió un nuevo nombre en los desfiles de Nueva York,  Isabel Oduber, quien fue house model de Oscar de la Renta y trabajó también para Bill Blas. Cuando las otras maniquíes solo tenían cuatro salidas, Isabel podía presentar hasta ocho vestidos de una misma colección. Tampoco era la típica modelo, pues estaba bien vestida tanto en un desfile como fuera de él; por eso causaba cierta envidia entre sus compañeras de trabajo, que codiciaban su guardarropa de firma.
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Comentarios
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siria esther mora infante
04.06.2008 | 1:34 PM
bellisimo realmente . te saludo y mucho exito.. silvia desde florencia.