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LETICIA BERRIZBEITIA
EL UNIVERSAL
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Las más reciente puesta en escena del Tectonic Theater
Project, reconocida agrupación teatral neoyorquina, se
construye alrededor de la obsesión del genio Ludwig Van
Beethoven por componer variaciones sobre un vals que no era
digno de su talento y si la obsesión ha de entenderse
como perseverancia máxima que permite alcanzar lo deseado,
es necesaria para describir la carrera del dramaturgo Moisés
Kaufman, galardonado director venezolano de "33 variaciones".
"Permitámosnos comenzar con cómo algo llegó
a ser", dice una de las últimas líneas del personaje
Beethoven en la obra, "dónde y por qué se consolidó
de esa manera y se convirtió en lo que es": Kaufman,
de 45 años de edad, partió de Caracas con la meta
fija de dedicarse a dirigir. Esa decisión la cultivó
en las tablas junto con el grupo teatral Thepsis de la Universidad
Metropolitana. "En ese momento la Universidad de Nueva York
tenía un programa excelente de teatro. Apliqué y
me aceptaron", relata el artista. Luego de años de preparación,
Kaufman sale de la universidad consciente de que deseaba la
oportunidad de trabajar con propuestas teatrales no convencionales.
La solución la consiguió con la propia iniciativa,
porque de allí nació la idea del Tectonic Theater
Project: "Tectonic es tectónico en español. Remite
las estructuras y formas. La misión de la agrupación
es estudiar y crear nuevas formas teatrales", explica el dramaturgo.
Junto con la agrupación, este venezolano conquistó
al público norteamericano. En 2004 debutó como director
en Brodway con la obra "Yo soy mi propia esposa", trabajo
por el que recibió un premio Tony.
Es además director y autor de Flagrante indecencia:
los tres juicios de Oscar Wilde" y El proyecto Laramie, obra
que cuenta la historia del asesinato de un estudiante por
razones homofóbicas. El guión es producto de trabajo
colectivo de la agrupación teatral, que condujo una serie
de entrevistas tras el suceso. La pieza llegó a ser tan
famosa que Kaufman tuvo la oportunidad de llevarla al cine.
Sobre la experiencia comenta: "ha sido el reto más difícil
de mi carrera. Era mi primera película, con actores con
los que nunca había trabajado. Y el mayor presupuesto".
Este éxito terminó por abrirle las puertas de Holywood.
Además de tener en mente otros proyectos cinematográficos,
el talentoso venezolano dirigió uno de los capítulos
de la serie "La palabra L".
Por su más reciente trabajo, "33 variaciones", Kaufman
recibió este año el premio Harold y Mimi Steinberg
de la Asociación Norteamericana de Críticos de Teatro,
que reconoce exploraciones teatrales novedosas. Moisés
atribuye este y sus múltiples éxitos a una mezcla
de factores: "como extranjero puedo proporcionar una perspectiva
diferente sobre el presente de estepaís. Además,
he dedicado mi carrera a hacer una profunda investigación
teatral, que pienso ha resultado en lenguajes nuevos que logran
inspirar al público norteamericano".
Lo que nos lleva de vuelta a la reflexión sobre la obsesión.
Acaso ese estado del ser pueda arrojar luz sobre la pregunta
irrespondible de qué es lo que conduce a una fuerza creativa.
Aunque Kaufman responda que el éxito es una combinación
de "esfuerzo y suerte", en los artistas siempre hay algo más,
quizás muy difícil para ellos de explicar, y ciertamente
insondable para los que no gozamos de la capacidad de manifestar
la propia interioridad en obras en las que los demás
también vean su propio reflejo.
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DAR A CONOCER A UN PAÍS A TRAVÉS DE SUS LIBROS
La presencia de la obra literaria de autores latinoamericanos
en Italia comienza a tomar fuerza y tras este proyecto se encuentra
una venezolana, Carmen Leonor Ferro, responsable editorial y
coordinadora de la colección Doppiofondo de la Editorial
Ponte Sisto, en Roma. Carmen Leonor posee un currículum
que es una muestra de su sensibilidad por la cultura y, de manera
muy especial, por la literatura. Ella, junto con un grupo de
traductores se ha dado a la tarea de hacer llegar a los italianos
la literatura de estos lares. Entre los libros publicados se
encuentra "Isola", de Rafael Cadenas. En proyectos aparecen
las venezolanas Antonia Palacios y Yolanda Pantin, junto
a autores colombianos como Álvaro Mutis. Pero no todo queda
allí, un poco más ambicioso es el programa que pretende
activar el intercambio entre universidades venezolanas e italianas
a fin de fomentar el interés por la traducción, presentar
el imaginario latinoamericano y profundizar en el tema multicultural.
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