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Moisés Kauffman
A la conquista de Broadway
Escritor y director de teatro que triunfa en el competido mundo del espectáculo norteamericano. Indagar en las razones de su éxito es recorrer los caminos de la experimentación teatral
 
Ha recibido importantes premios del mundo del teatro neoyorquino, y su experiencia lo ha llevado también a dirigir en TV (David Zalubowski/AP)
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LETICIA BERRIZBEITIA 
EL UNIVERSAL

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Las más reciente puesta en escena del Tectonic Theater Project, reconocida agrupación teatral neoyorquina, se construye alrededor de la obsesión del genio Ludwig Van Beethoven por componer variaciones sobre un vals que no era digno de su talento y si la obsesión ha de entenderse como perseverancia máxima que permite alcanzar lo deseado,  es necesaria para describir la carrera del dramaturgo Moisés Kaufman, galardonado director venezolano de "33 variaciones".

"Permitámosnos comenzar con cómo algo llegó a ser", dice una de las últimas líneas del personaje Beethoven en la obra, "dónde y por qué se consolidó de esa manera y se convirtió en lo que es": Kaufman, de 45 años de edad, partió de Caracas con la meta fija de dedicarse a dirigir. Esa decisión la cultivó en las tablas junto con el grupo teatral Thepsis de la Universidad Metropolitana. "En ese momento la Universidad de Nueva York tenía un programa excelente de teatro. Apliqué y me aceptaron", relata el artista. Luego de años de preparación, Kaufman sale de la universidad consciente de que deseaba la oportunidad de trabajar con propuestas teatrales no convencionales. La solución la consiguió con la propia iniciativa, porque de allí nació la idea del Tectonic Theater Project: "Tectonic es tectónico en español. Remite las estructuras y formas. La misión de la agrupación es estudiar y crear nuevas formas teatrales", explica el dramaturgo.

Junto con la agrupación, este venezolano conquistó al público norteamericano. En 2004 debutó como director en Brodway  con la obra "Yo soy mi propia esposa", trabajo por el que recibió un premio Tony.

Es además director y autor de Flagrante indecencia: los tres juicios de Oscar Wilde" y El proyecto Laramie, obra que cuenta la historia del asesinato de un estudiante por razones homofóbicas. El guión es producto de trabajo colectivo de la agrupación teatral, que condujo una serie de entrevistas tras el suceso. La pieza llegó a ser tan famosa que Kaufman tuvo la oportunidad de llevarla al cine. Sobre la experiencia comenta: "ha sido el reto más difícil de mi carrera. Era mi primera película, con actores con los que nunca había trabajado. Y el mayor presupuesto".

Este éxito terminó por abrirle las puertas de Holywood. Además de tener en mente otros proyectos cinematográficos, el talentoso venezolano dirigió uno de los capítulos de la serie "La palabra L".

Por su más reciente trabajo, "33 variaciones", Kaufman recibió este  año el premio Harold y Mimi Steinberg de la Asociación Norteamericana de Críticos de Teatro, que reconoce exploraciones teatrales novedosas. Moisés  atribuye este y sus múltiples éxitos a una mezcla de factores: "como extranjero puedo proporcionar una perspectiva diferente sobre el presente de estepaís. Además, he dedicado mi carrera a hacer una profunda investigación teatral, que pienso ha resultado en lenguajes nuevos que logran inspirar al público norteamericano".

Lo que nos lleva de vuelta a la reflexión sobre la obsesión. Acaso ese estado del ser pueda arrojar luz sobre la pregunta irrespondible de qué es lo que conduce a una fuerza creativa. Aunque Kaufman responda que el éxito es una combinación de "esfuerzo y suerte", en los artistas siempre hay algo más, quizás muy difícil para ellos de explicar, y ciertamente insondable para los que no gozamos de la capacidad de manifestar la propia interioridad en obras en las que los demás también vean su propio reflejo.

DAR A CONOCER A UN PAÍS A TRAVÉS DE SUS LIBROS
La presencia de la obra literaria de autores latinoamericanos en Italia comienza a tomar fuerza y tras este proyecto se encuentra una venezolana, Carmen Leonor Ferro, responsable editorial y coordinadora de la colección Doppiofondo de la Editorial Ponte Sisto, en Roma. Carmen Leonor posee un currículum que es una muestra de su sensibilidad por la cultura y, de manera muy especial, por la literatura. Ella, junto con un grupo de traductores se ha dado a la tarea de hacer llegar a los italianos la literatura de estos lares. Entre los libros publicados se encuentra "Isola", de Rafael Cadenas. En proyectos aparecen las venezolanas Antonia Palacios y Yolanda Pantin,  junto a autores colombianos como Álvaro Mutis. Pero no todo queda allí, un poco más ambicioso es el programa que pretende activar el intercambio entre universidades venezolanas e italianas a fin de fomentar el interés por la traducción, presentar el imaginario latinoamericano y profundizar en el tema multicultural.
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 LA OPINIÓN
Siete adelantados

ELÍAS PINO ITURRIETA
HISTORIADOR

Aquí sólo se hablará de los primeros que abrieron espacios en el extranjero por la excelencia de sus contribuciones en el ámbito cultural, con un criterio que se desprende del siguiente párrafo. El hecho que hoy esté Rafael Dudamel en un pináculo universal, nos puede dar la idea de que es el continuador de una saga  de la cual es heraldo  ante los ojos del mundo. No obstante, quizá sea apenas uno entre un puñado de venezolanos. El orgullo telúrico nos induce a sentir que muchos autores y  actores del patio gozan de celebridad universal, hasta el extremo de aparecer usualmente en los catálogos de luminarias.  Sin embargo, un registro riguroso no puede llegar sino a cuentas modestas gracias a las cuales ponemos los pies en la tierra para no caer en envanecimientos sin fundamento; mas, a la vez, para celebrar con aval suficiente a los pocos que han dado la cara por nosotros a través de un talento excepcional que reconocen unos jueces foráneos que saben diferenciar los gatos de las liebres.  Para no dar saltos  temprano  entramos en materia con una gran  figura del mundo musical, doña Teresa Carreño, ejecutante excepcional del piano ante quien se rindieron sin reserva los públicos de Europa y los Estados Unidos entre 1866 y 1917.

Este viaje de pocos viandantes comienza en la segunda mitad del siglo XIX con el establecimiento de Andrés Bello en Chile (1829-1865), autor de una obra literaria, filológica, filosófica, educativa y legislativa que lo convierte en el portavoz de la emancipación mental que sigue a las guerras de Independencia en las antiguas colonias. Partiendo de su formación en Caracas, realiza un esfuerzo de  iluminación sin el cual no se puede entender la evolución de las repúblicas suramericanas en la búsqueda de una convivencia civilizada. Una faena parecida inicia en España Rafael María Baralt, a través de su participación en la apertura liberal y en la escritura de obras magnas del periodismo y de la investigación de los vocabularios de lengua castellana que lo llevan a ocupar cargos de dirección en la Gaceta de Madrid y un sillón en la Real Academia Española (1841-1860). Tendremos que esperar a las décadas finales del siglo para que otro nacional   destaque más allá de nuestras fronteras: Juan Antonio Pérez  Bonalde, debido a su creación poética, a sus refinadas traducciones y a su participación en una revista neoyorquina de exiliados a cuyo frente está José Martí (1870-1892). Desde entonces se le considera como uno de los creadores más cosmopolitas del continente, fundamental para la evolución del imaginario de unas sociedades que todavía no han fijado cabalmente su rumbo cuando la historia anuncia el advenimiento de procesos diversos.

La expresión de tales procesos en la antigua metrópoli y en el ámbito francés encuentra ahora portavoz insólito en Rufino Blanco Bombona, cuyas obras en el extranjero lo convierten en referencia ineludible sobre el pensamiento suramericano y sobre una nueva y admirable forma de divulgarlo mediante el ensayo y la producción editorial (1914-1936).  La publicación de fuentes históricas y las polémicas en las que participa lo elevan a una fama consistente, que se traduce en funciones de gobierno y en el lanzamiento de su nombre para el Premio Nobel de Literatura. Prosigue en la nómina Laureano Vallenilla Lanz, por las repercusiones de su Cesarismo Democrático en los vecindarios, capaz de provocar sonoros debates y traducciones de notable difusión. Por último topamos con Rómulo Gallegos, en atención al éxito de Doña Bárbara entre los lectores españoles que abre caminos, no sólo para  sus novelas sino para otros autores que aprovechan el viento producido por el  vuelo de sus páginas. En adelante el periplo se hace más gregario, aunque no tan multitudinario como piensan algunos.