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Eduardo Arias Nath
Hecho para el éxito
Se le conoce como una persona obsesiva, al menos consecuente con su pasión por el séptimo arte, carrera que comenzó, desde que era un niño, con la cámara Súper 8 de su padre
 
Encuadrar la vida es lo que apasiona para expresar las ideas. Entre sus clientes están las corporaciones más importantes del entretenimiento (Cortesía Elaine Minionis)
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MARUJA DAGNINO 
EL UNIVERSAL

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Es cierto que cursó leyes, probablemente por atender una solicitud de sus padres de que estudiara una carrera un poco más "normal" que esta aventura de hacer cine, o simplemente porque es un pragmático de primera línea. En la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas terminó su pregrado en Derecho, que luego complementó con un postgrado en la Universidad de Nueva York, para especializarse luego en consultoría jurídica para el mundo del entretenimiento, lo que lo vinculó a las cadenas de televisión MTV y Nickelodeon para América Latina.

Signado por un singular olfato para reconocer las oportunidades y una alta capacidad para emprender proyectos, creó una empresa, con sus hermanos, que ofrece servicios de mercadeo online en forma de coleccionables digitales (álbumes de barajitas, en algunos casos) fundamentalmente para la industria del entretenimiento.

Disney, Warner Brothers, DreamWorks, MGM y Miramax se encuentran entre sus clientes, y creó campañas de mercadeo online para Harry Potter, Buscando a Nemo, Los Increíbles y The Monsters.

Es de presumir que una persona así está hecha para el éxito, al menos en términos de negocios. Los derechos de su filme Elipsis, estrenada en 2006, ya habían sido vendidos a la 20th Century Fox para la distribución en América Latina, siendo apenas un guión.

En Venezuela, el filme obtuvo una recaudación que está por encima de los mil millones de bolívares, con un total de 150 mil espectadores, gracias a Fox y a una extraordinaria campaña, que parece traducir la esencia de este cineasta venezolano de 32 años: "Dos cosas son seguras, naces mueres, lo demás depende de ti".

Su carácter pragmático se nota hasta en la elección de la tecnología de alta resolución que utilizó en su película Elipsis, que a decir del cineasta, "para un realizador de bajo presupuesto, trabajar con estas cámaras es la mejor opción, no sólo por la calidad de la imagen obtenida sino también porque facilita el proceso de rodaje y preproducción".

Tardó once años en terminar el guión de Elipsis, que comenzó en un viaje adolescente por Europa, alimentado por la literatura de Bukowski, y terminó en esta propuesta que constituye un riesgo narrativo que le ha dado adeptos y detractores, con la misma intensidad. Esto explica mejor su afirmación acerca de que "todo riesgo trae su adrenalina, emoción y pasión", y su deseo de superarse siempre a sí mismo.

Su amigo desde hace 20 años, José Edery, lo considera un "líder nato", una "persona muy planificada, que logra sus objetivos aunque sean muy ambiciosos".

Por ejemplo, nunca se le olvida que, el primer día de clases, en primer año de bachillerato, se les preguntó cuáles eran sus aspiraciones. Eduardo Arias dijo que quería ser el presidente del Centro de Estudiantes del liceo, "y después de cuatro años lo logró".

Edery considera que la clave de su éxito se encuentra en la perseverancia, la planificación no sólo de cada proyecto sino de su destino, la escogencia de sus equipos de trabajo y la obsesión por los detalles.

Un verdadero esfuerzo en el cuidado de la estética visual puede corroborarse en su filme Elipsis.

Y nada arredra al cineasta, que este año estrena, también bajo la producción de su empresa, Anthropolitan Films, la versión cinematográfica de El Suicidario, la segunda  novela del colombiano Gustavo Bolívar Moreno, autor de la súper exitosa llevada también a la televisión, Sin tetas no hay Paraíso.

UN CINEASTA DE ORÍGENES EN CONCRETO
Dos películas, Amor en concreto y Su nombre es Justine, forman el incipiente portafolio del realizador venezolano Franco de Peña, quien está residenciado en Berlín, luego de formarse como economista en la Universidad Central de Venezuela, antes de darse cuenta de su verdadera vocación, el cine. De Peña buscó nuevos horizontes en Polonia, donde recibió clases de dirección teatral en la Academia de Teatro de Varsovia y dirección de cine en la famosa escuela de Lodz. Tras egresar, recibió becas de parte de instituciones como la Cinefondation del Festival de Cannes o el programa artístico de Berlín. El cineasta, que ha pasado casi 20 años fuera del país, no pierde su esencia venezolana, tanto que su ópera prima -que cuenta con las actuaciones de Alejandro Chabán y Beatriz Valdez-, que tardó unos tres años en proyectarse en las salas nacionales, transcurre en las calles de Caracas. De Peña ha vivido en Londres, París, Berlín, Varsovia, Barcelona y Lodz.
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