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Boris Izaguirre
La ironía como arma
Las cartas fundamentales de este caraqueño son el sarcasmo, el desparpajo, la autenticidad y una inmensa capacidad para sorprender y generar polémicas.
Boris, luego de consolidar internacionalmente su figura en los medios, dice que ahora se va a dedicar a profundizar su experiencia literaria (Josep Lago/Afp) (Cheo Pacheco) (Alberto Martín/Efe) (Alberto Martín/Efe) (Toni Garriga/Efe) (Toni Garriga/Efe) (Dani Cardona/Reuters)
Boris, luego de consolidar internacionalmente su figura en los medios, dice que ahora se va a dedicar a profundizar su experiencia literaria (Josep Lago/Afp)
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ELIDES J. ROJAS L 
EL UNIVERSAL

Izaguirre habla de la novela con la que fue finalista del Premio Planeta
Nació en Caracas el 29 de septiembre de 1965 y creció en el mundo de las artes. Su padre, Rodolfo Izaguirre, escritor y por muchos años director de la Cinemateca Nacional de Venezuela. Su madre, Belén Lobo, bailarina de danza contemporánea y ballet clásico. A los 16 años lanzó al público sus primeras irreverencias en la columna Animal de frivolidades, publicada en diario El Nacional. Al paso fue madurando como escritor, guionista y presentador de televisión, articulista. Boris Izaguirre, una figura de medios que rompió con éxito las fronteras.

Una figura consolidada internacionalmente, especialmente en España, donde la televisión sirvió para darlo a conocer y ubicarlo en ese estrato, odiado y amado a la vez, que llaman de los famosos. Piensa que "la fama es una nueva ideología, casi una nueva religión. El morbo que despierta la fama es absolutamente indefinible". Es, al parecer, en estos tiempos una profesión en sí misma. Y Boris la ha ejercido golpeando tradiciones, estilos y paradigmas.

Tuvo una breve pasantía como estudiante en Estados Unidos. De regreso en Caracas, incursiona como guionista  y junto a José Ignacio Cabrujas, escribió Rubí y La dama de Rosa, un par de telenovelas de mucha aceptación dentro del país, pero de manera relevante en la televisión española. De Galicia le llega una oferta de trabajo. Es Sofía Imber, directora del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, quien lo impulsa a explorar esos rumbos. Es en Santiago de Compostela, vitrina inicial de su talento, donde comienza la otra historia. De allí a Telecinco fue un paso.

Su misión original era escribir libretos para Crónicas Marcianas, pero, después de algunas apariciones, se hizo imprescindible a punta de ironías, ingenio y hasta desnudos al aire. De escritor generador de genialidades, pasó a protagonista de sí mismo. Crónicas marcianas salió del aire hace poco, pero por bastante tiempo fue el ámbito ideal para que el venezolano consolidara su fuerza mediática y comenzara a invadir otros escenarios.
Sus armas fundamentales son la ironía, el desparpajo, la autenticidad y la polémica. Suficiente para convertirse en una referencia televisiva. Pero no todo se queda en el círculo de la televisión o la radio. Boris ha desarrollado una interesante obra literaria que incluye cuatro novelas y cuatro ensayos. Azul Petróleo, en 1998, inauguró la secuencia. Le siguen Morir de glamour, Verdades alteradas, 1965, Fetiche, El armario secreto de Hitchcock, El vuelo de los avestruces y, más recientemente, Villa Diamante, con la que se ubicó como finalista del LIV Premio Planeta, 2007.  Esto lo tradujo como el impulso que necesitaba para estar más seguro en "ese otro mundo".  Ahora, se plantea dedicarse a escribir.

Mantiene columnas regulares en publicaciones como El País Semanal o artículos en revistas especializadas como Fotogramas, Zero y Marie Clarie.

Ha estado bastante activo en política. Fijó posición pública a favor de la candidatura del socialista José Luis Rodríguez Zapatero, quien logró la reelección recientemente, al incorporarse a la plataforma de apoyo de artistas españoles. Sin embargo, considera que es muy probable que en Venezuela, Hugo Chávez termine traicionando a su pueblo y lo comparó con el dictador Marcos Pérez Jiménez.

Boris se casó en España en febrero de 2006 con su novio Rubén Nogueira.
También en eso fue precursor.

PREMIOS PARA ESCRITORES VENEZOLANOS
En materia de premios internacionales varios venezolanos han recibido reconocimiento a su trabajo literario. En  1972 Arturo Úslar Pietri obtuvo el Premio Mergenthaler, de la Sociedad Interamericana de Prensa (Chile); el Premio Hispanoamericano de Prensa Miguel de Cervantes, (España) y el María Moors Cabot (Estados Unidos). En 1990 ganó el prestigioso premio de literatura Príncipe de Asturias.    En materia gastronómica dos libros venezolanos obtuvieron el premio Gourmand World Cookbook Awards: Historia de la caña, de José Ángel Rodríguez y Diccionario de cocina venezolana, de Rafael Cartay.        Juan Carlos Méndez Guédez, barquisimetano, quien vive en Madrid, resultó finalista del V Premio de Novela Fernando Quiñones con Una tarde con campanas.    Dos promesas de la literatura nacional son Rodrigo Blanco y Slavko Zupcic.Ellos se ubicaron entre los mejores escritores latinoamericanos menores de 39 años en  la convocatoria Bogotá 39 edición 2007.
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