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CARMEN ROSA GÓMEZ
EL UNIVERSAL
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El cordón umbilical que une a Alejandro Rossi con Venezuela
luce corto, pero firme. Lo suficientemente firme como para
marcar el tono expresivo de su literatura pese a haber nacido
en la italiana ciudad de Florencia (1932) y a haber anclado
finalmente en México (1951), tras un intrincado viaje
juvenil, de esos que marcan para siempre. Ser hijo de una
venezolana parece ser la razón. Ser descendiente de José
Antonio Páez, a través de ella, parece ser la otra.
Muchos intelectuales, incluyendo al propio Rossi, reconocen
ese color venezolano en sus letras. Pero pudo haber escrito
en cualquier otro idioma y no lo hizo. "Con la decisión
de irme a México yo aposté por una lengua. Una lengua
para escribir", dijo en una entrevista tras publicar Edén.
Vida imaginada (2006). No en vano afirmaría en 2007 al
diario El Mercurio "yo considero la patria en el sentido de
los orígenes personales, no la patria legal o jurídica".
De pequeño, en su paso por Caracas, la literatura llegó
a él. El poeta Eugenio Montejo ha descrito muy bien esta
impronta, vivida a los diez años de edad, descifrando
lo que Rossi escribió en sus Cartas credenciales (1999):
"En una casa caraqueña, el niño recién llegado
de Florencia, sentado en una silla mecedora, escucha la lectura
que una desdentada Scherezade negra "con una voz baja y vagamente
hipnótica" le hace nada menos que de Las mil y una noches.
Reparemos, advierte Montejo, en el comentario retrospectivo
de esa escena por parte de Rossi: "Me parece que ella se divertía
y que le agradaba que yo la escuchara con esa atención
de pájaro alerta que reconoce, por primera vez, el silbido
de los suyos."
Alejandro Rossi filósofo, escritor, catedrático
e investigador cuenta con una obra amplia y diversa. El Instituto
de Investigaciones Filosóficas de la Universidad Nacional
Autónoma de México (UNAM), donde obtuvo su grado
universitario y en donde es investigador emérito desde
1995, sostiene que Rossi fue introductor de la filosofía
analítica en México. Publicaciones del área
afirman que él fue fundamental en la formación de
las posteriores generaciones de analíticos mexicanos.
Pero más allá de su quehacer como filósofo
y de la rigurosidad de su labor, Rossi se dejó llevar
por la literatura. Fue el propio Octavio Paz quien lo invitó
a escribir en la revista Plural (1972). Este escritor lo describió
como "la encarnación de la esencia misma de la civilización",
y de la recopilación de esos primeros textos de Rossi
saldría luego Manual del distraído (1978), su salto
de la filosofía a las letras.
Una puerta se había abierto. Rossi luego sería
miembro del consejo de redacción de Plural, cofundador
y codirector de la revista Crítica, de la Revista Hispanoamericana
de Filosofía, y miembro fundador y director interino
de la revista Vuelta, entre múltiples colaboraciones
en distintas publicaciones.
Se comenzaron a acumular los títulos en su haber, pero
más larga podría resultar la lista de los reconocimientos
que ha recibido. Basta destacar el Premio Nacional de Lingüística
y Literatura (México, 1999), la Orden de Isabel la Católica
de España (2002), la Orden Andrés Bello (1996) y
el Doctorado Honoris Causa en la Universidad Central de Venezuela
(2005). También pertenece al Colegio Nacional de México
(1996).
Su obra, traducida al francés, al italiano y al alemán,
es posible comprarla en el país hasta en esas páginas
web de regalos de último minuto. Sin duda, más imprescindible
de lo que algunos pueden pensar.
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EL PSIQUIATRA QUE SENTÓ A LA HISTORIA EN EL DIVÁN
Para Francisco Herrera Luque, el psiquiatra que desnudó
la historia de Venezuela, irse al exterior no fue un acto de
esnobismo sino una necesidad libertaria. Se fue a España
obligado por el cierre de la UCV durante la dictadura de Pérez
Jiménez. Obtuvo el título de médico en la Universidad
de Salamanca, donde existe una cátedra con su nombre, y
el de psiquiatra en Madrid, bajo la tutela del afamado académico
Juan J. López Ibor. Esta especialidad lo lanzó a la
literatura. Sus narraciones de hechos y vidas de personajes
le valieron ser finalista al Premio Príncipe de Asturias.
Francisco Franco censuró su libro La huella perenne, análisis
de la ascendencia patológica de las monarquías europeas
y de oligarquías en América Latina; libro con el que
obtuvo el Premio Nacional de Medicina. Esta edición no
circuló en España hasta después de la muerte
del dictador. Boves el urogallo, se tradujo al ruso; y
La luna de Fausto, al alemán. Es uno de los autores más
leídos en Latinoamérica.
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