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Humberto Campíns
Enamorado del universo
Para este científico, además del lado racional hay otro donde caben la magia, el romanticismo, el rostro poético. Por eso cuando ve un atardecer lo mira con el corazón y no lo analiza.
Uno de los asteroides que descubrió lleva su nombre lo que es motivo de orgullo familiar
(Kelsey Hargrove)
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PILAR DÍAZ 
EL UNIVERSAL

A los cuatro años el pequeño Humberto sacó de quicio a su nana. Con claridad meridiana, el niño le aseguró que, tras abordar un helicóptero, llegaría a Marte. "Loco". Ese fue el comentario que recibió a su propuesta, pero el niño, inspirado por la labor científica de su  padre, siguió con la idea.


Hoy, Humberto Campíns, es profesor de Física y Astronomía, dirige el Grupo de Ciencias Espaciales y el Planetario en la Universidad del Centro de Florida (UCF), adonde llegó para tomar las riendas de un departamento que comenzó con 45 estudiantes en cada semestre. Con el paso del tiempo se convirtió en un lugar de estudios donde 1.200 alumnos aprenden sobre Astronomía.


Campíns se ha especializado en el estudio de los asteroides y el papel que pudieron desempeñar en los orígenes del agua, así como de los seres vivientes en el planeta Tierra. El trabajo ha recibido apoyo financiero de la Agencia Nacional Aereoespacial (NASA), donde ha propuesto explorar la Luna terrestre y una de las lunas del planeta Marte. No llegará en helicóptero, pero igual estará en el planeta rojo de alguna manera, la investigativa.


-¿Qué estudia un astrónomo?


-Las estrellas, los planetas y los cuerpos celestes para determinar su origen,  composición,  influencia sobre el origen y evolución de la Tierra. Cuando ésta se formó estaba muy caliente, era un océano de magma, pura lava. Poco a poco se fue enfriando la corteza. Los cometas que la impactaban  fueron creando el agua, hasta llegar a lo que conocemos.


Campíns se prepara para vivir un año sabático, tiempo en el que se acercará más a los astros. Se irá a las islas Canarias, donde se   levanta el telescopio más grande que hay en el mundo.


-¿Cómo se sintió cuando la Unión Astronómica Internacional bautizó el asteroide 3.327 con su apellido?


-Fue una sorpresa muy agradable. Es de resaltar que un colega lo descubrió y propuso que llevara mi nombre y los de cuatro compañeros que estaban en el mismo proyecto de investigación. El que descubre el asteroide no impone sino propone el  nombre que se le quiere dar. Es la Unión Astronómica Internacional la que aprueba la propuesta.
Lo que más me emocionó es que mi padre, quien también fue científico -ganador del Premio Nacional de Medicina-, me dijera que había inmortalizado el nombre de la familia,  que estaba muy orgulloso de mí. Siempre lo he admirado, pues en verdad que no sé de dónde sacaba tiempo para atender sus responsabilidades clínicas, investigativas, atender a una familia con 7 hijos y tener una hacienda.


-Para usted, que es un estudioso del Universo, ¿cuál es el atardecer más bonito que ha visto?


-Los de Barquisimeto y Quíbor, en general los atardeceres de la tierra larense. Para mí son inolvidables los que vi cuando era niño. Yo viví muchos años en Arizona.  Es una zona muy parecida climáticamente a Barquisimeto, pero no he visto nada como los atardeceres con los cardones.

 

-¿Esa respuesta forma parte de un estudio científico o está hablando con el corazón?

 

-Con el corazón. Hay algo curioso. A mí me gusta todo lo que tiene que ver con la ciencia. Pero si hay algo que vale la pena ver con el corazón es un atardecer. Si bien es cierto que eso me llevó a estudiar Ciencias, considero que la parte subjetiva de un cielo despejado no permite hacer análisis, para que todavía siga siendo mágico. Lo poético complementa mi lado científico.


LE DECLARÓ LA GUERRA A LA MALARIA
Doctora en Medicina (MD), máster en Ciencias y PhD, médico e investigadora son sólo algunos de los logros que figuran en el currículo de Adriana Tami, una destacada científica venezolana que ha realizado grandes aportes para el tratamiento de enfermedades epidemiológicas. Adriana se graduó como médico en la Universidad de Carabobo en el año 1999, tras desarrollar su tesis en el control de la schistosomiasis urbana, investigación que llevó a cabo en las comunidades indígenas de la región amazónica de Venezuela.  En 1994 se trasladó a Inglaterra, donde ingresó en el London School of Hygiene and Tropical Medicine y obtiene el doctorado, título con el que viaja a Tanzania para avanzar en el control de la malaria en esa nación. El exitoso proyecto combinó la recopilación in situ de información humana y entomológica con epidemiología, sistemas de información geográfica y modelos matemáticos. Es experta además en genética y políticas de salud referentes a enfermedades tropicales e infecciosas.
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Comentarios
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reyna varela
08.06.2008 | 12:31 PM
Gracias a la iniciativa de El Universal por destacar a los venezolanos de peso...pero hay miles, muchos mas, en cada lugar luchando por ser mejores y aportar. Respecto al Dr Campins, pense que la cronica aludiria al Dr. Humberto, padre, gentilisimo vecino del Centro Historico de Barquisimeto. Toda la cuadra recuerda al catirito que en lugar de quedarse jugando en la Plaza Lara cruzaba como una flecha hasta llegar al Observatorio, frente al Colegio San Jesé de Tarbes...
 
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EL PROTAGONISTA
Ignacio Rodríguez Iturbe

EL MUNDO PARECIERA empezar hoy a manifestar su preocupación por los efectos del calentamiento global, pero este tema ha marcado la cotidianidad del venezolano Ignacio Rodríguez Iturbe desde hace más de 30 años. Su vida la ha dedicado a conocer los efectos y las causas de los cambios medioambientales, en particular de los temas hidrológicos.

La Universidad del Zulia fue su alma mater y en el año 1963 le otorgó, con honores, el título de ingeniero civil. Pero su relación con LUZ no terminó allí, pues fue docente en esta casa de estudios durante dos años, y luego formó parte del profesorado de la Universidad Simón Bolívar. Sus alumnos lo recuerdan con respeto, quizás, porque siempre ha considerado la docencia como la forma de mostrar el camino correcto.

En los ámbitos internacionales también han conocido el compromiso con la excelencia que se ha planteado en todo lo que hace. Por muchos años fue profesor del Instituto de Tecnología de Massachusetts y desde 1999 es profesor del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad de Princeton.

Ignacio, y sus nueve hermanos, se formaron con el mejor ejemplo de todos: el amor por el conocimiento que tenía su padre, Bernardo Rodríguez. No en vano en la familia conviven dos premios nacionales de ciencia, destacados humanistas o médicos.

Este legado convirtió a Ignacio Rodríguez Iturbe, en un hombre que considera la ciencia como la búsqueda sincera de la verdad, que le ha merecido el reconocimiento de la sociedad internacional.

En 2002 obtuvo el premio del Agua de Estocolmo -considerado el "premio Nobel del Agua"- por "sus contribuciones para convertir la hidrología en una ciencia exacta". Para Rodríguez Iturbe la ciencia debe insistir en el estudio de uno de los asuntos más importantes de la humanidad: el agua.

Esta preocupación, y sus aciertos en la materia, hicieron que en enero de este año el papa Benedicto XVI lo nombrara miembro de la Pontificia Academia de las Ciencias.

A consideración de muchos, son las cuestiones científicas y no las convicciones religiosas, el argumento de mayor peso para ser merecedor de este reconocimiento, pero Rodríguez Iturbe se podía ganar este nombramiento fuera cual fuera la prioridad.

Además de un investigador ferviente, es un hombre profundamente católico. Su cercanía con la Iglesia es estrecha, tanto, que Ignacio, uno de sus cinco hijos, es sacerdote. Y es que Ignacio Rodríguez Iturbe es un venezolano con picardía de maracucho, perseverancia de científico y comprometida fe, a quien nunca, por más lejos que esté, se le ha olvidado el calor de su tierra. Raquel Barreiro

 EL DESTINO
Ver el infinito

Larga experiencia. Gustavo Bruzual, físico egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, postgrado en Astrofísica en la Universidad de California en Berkeley. La Royal Astronomical Society británica le nombró miembro en recono-cimiento a su liderazgo en Astronomía, coordinador de la Red Latinoamericana de Astronomía, autor de varios artículos y de un libro de Astronomía.

El Observatorio. El proceso de formación de una nueva estrella en la constelación de Orión fue captado por el telescopio Schmidt del Observatorio Astronómico Nacional de Llano del Hato, ubicado en el Estado Mérida el año 2004,  gracias a un  equipo único en el mundo que permitía este tipo de estudio.

 EL DESTINO
A la hora de irse

Emigración. Se refiere al traslado y asentamiento de científicos y tecnólogos en un lugar de residencia distinto al de origen, desde el cual la persona desarrolla relaciones en los ámbitos socioeconómicos, culturales y cognitivos, entrando en un proceso de ajuste que le permite integrarse a la sociedad que lo recibe. 

Las cifras. La Unesco y la OCDE estiman que los países en vías de desarrollo deben tener como mínimo un investigador por cada 1.000 habitantes para avanzar en ciencia y tecnología. Según esta cifra, Venezuela debería tener 24.000 investigadores en todas las áreas de conocimiento, sin embargo para el año 2001 había 4.680 científicos y tecnólogos en el país, tan sólo 20% de lo requerido.