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MITCHAELLE HENRÍQUEZ
EL UNIVERSAL
Corría mayo de 2003. Durante dos meses Estados Unidos
había bombardeado numerosas zonas estratégicas en
Irak. Terminada la guerra, una llamada a la Unesco alertó
acerca de otra catástrofe: un grupo de personas había
saqueado y quemado los bienes de la Biblioteca Nacional de
Bagdad, donde se conservaban piezas milenarias. Fernando Báez
fue el elegido para verificar lo acontecido y sus hallazgos
lo pusieron en la palestra pública internacional.
Báez es venezolano, licenciado en Educación, doctor
en Bibliotecología, experto en el tema de la destrucción
de libros. Producto de la experiencia vivida en Irak y de
investigaciones previas sobre la devastación de elementos
culturales a lo largo de la Historia, en 2004, publicó
Historia universal de la destrucción de los libros, traducida
en 12 idiomas y que constituye una referencia obligatoria
sobre el tema. Esta obra comenzó como un breve artículo,
luego se transformó en un ensayo de 20 cuartillas y,
finalmente, se convirtió en un libro, que inicialmente
fue rechazado por las editoriales venezolanas pero que en
Europa tuvo receptividad y fue editado.
CON VOCACIÓN HUMANISTA
El amor por el conocimiento ha hecho de Báez un intelectual
polifacético. Ha escrito dos poemarios: Alejado (1993)
y Todo el sol de las sombras (2002); tres traducciones de
pensadores griegos: Tractatus Coislinianus (2000), Los fragmentos
de Aristóteles (2002) y La poética de Aristóteles
(2003); dos novelas: El traductor de Cambridge (2005) y Crónica
del mar perdido (a publicarse en 2009); y seis ensayos referidos
a la aniquilación de la memoria colectiva: La ortodoxia
de los herejes (2002), Historia de la antigua biblioteca de
Alejandría (2003), Historia universal de la destrucción
de los libros (2004), La destrucción cultural e Irak
(2004), La hoguera de los intelectuales (2006) y El saqueo
cultural de América Latina (2008).
Considera que las personas que tuvieron mayor peso en su
formación como hombre de letras fueron su padre y José
Manuel Briceño Guerrero. El primero le transmitió
el gusto por la lectura y el segundo le ayudó a descubrir
a los grandes filósofos griegos y a comprender mejor
las raíces de América Latina.
Sin embargo, ¿qué lo llevó a interesarse en
la preservación de bienes culturales? Pues la razón
principal fue el triste recuerdo de la inundación y desaparición
de la biblioteca municipal de su pueblo natal, en San Félix,
estado Bolívar, donde pasó gran parte de su niñez.
Ese hecho despertó su interés por la destrucción
cultural, contribuyendo con la Unesco en la evaluación
de daños al patrimonio de países afectados por guerras
o asesorando a diversas naciones sobre el estado de sus industrias
culturales y educación.
Siente que su labor ha tenido eco en autoridades de muchos
países, pues ha logrado crear redes patrimoniales en
México, Colombia, Argentina, España, Italia, Bolivia,
Brasil y Venezuela. "Ahora existen nuevas cátedras y
centros de investigación sobre la materia, los bibliotecarios
tienen un rol social más activo y algunos gobiernos han
comprendido que si se no se toman acciones urgentes en 50
años la humanidad perderá más de 60% de su
acervo histórico".
Y mientras Báez continúa con su labor de
hormiga, sólo espera ser recordado como "un humilde defensor
de la memoria, la única que da dignidad, justicia
y democracia a los pueblos".
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LAS MATEMÁTICAS SON LA RAZÓN DE SU INVESTIGACIÓN
Los números son una pasión, tanto así que lleva
11 años dedicado por completo a su estudio y comprensión.
Lyonell Boulton, quien nació el 11 de mayo de 1974 en
Caracas, obtuvo su título como licenciado en Matemáticas
en la Universidad Simón Bolívar, casa de estudios
en la que además dio sus primeros pasos como académico
al laborar como profesor agregado con dedicación exclusiva.
En 2004, Lyonell viaja como experto a Canadá para dictar
cursos sobre Ecuaciones diferenciales parciales y Álgebra
lineal para ingenieros y científicos en la Universidad
de Calgary. De allí parte al Reino Unido donde es recibido
para enseñar Matemática asistida para computadoras
en la Heriot-Watt University de Edimburgo, ciudad donde reside
actualmente para continuar con su línea de investigación
en Mecánica cuántica y Teoría espectral de operadores
lineales, áreas en las que este venezolano ha logrado destacarse
gracias a su talento e indudable disciplina investigativa.
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