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Antonio Di Maio
A la caza de científicos
Desde hace 23 años se encuentra fuera del país estudiando e impartiendo las ciencias de la biología molecular e incentivando a jóvenes de origen latino y afroamericano a que sigan este camino
A este químico graduado en la Universidad Central de Venezuela le preocupa que el número de científicos en el mundo sea tan bajo (Cortesía)
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AURA CUMARE  
EL UNIVERSAL

¿Cómo prevenir las complicaciones por una respuesta inflamatoria después de que una persona sufre un trauma físico?, es la pregunta que intenta contestar el trabajo del científico venezolano Antonio Di Maio, director de Investigación del Departamento de Cirugía de la Universidad de California, en San Diego, quien también por 17 años formó parte del equipo de científicos de la Escuela de Medicina de la prestigiosa Universidad Johns Hopkins, en Baltimore.

"Las personas no responden de la misma forma, por eso estudio cuáles son los genes que determinan la respuesta inflamatoria ante un trauma y los factores ambientales que inciden en el paciente, teniendo como objetivo prevenir las complicaciones y riesgos", se explica Di Maio desde la paz que le confiere su laboratorio.

Actualmente este químico graduado en la Universidad Central de Venezuela se encuentra incentivando un programa para incrementar la identidad étnica en las ciencias. "Me interesa que los grupos minoritarios de raíces latinas y afroamericanas sean integrados como estudiantes en las universidades".

Le preocupa que el número de científicos en el mundo sea tan bajo, y fue por eso que creó, junto a otros colegas, un programa para atraer estudiantes a los laboratorios, ofreciéndoles el financiamiento de doctorados en el área de investigación, a través del Gobierno Federal.

 -¿Los venezolanos radicados en el país pueden optar para el programa?

-No, es sólo para ciudadanos norteamericanos. En estudios generales, los venezolanos tienen dos problemas: el primero es que deben competir con otros  extranjeros; y el segundo es que en las universidades nacionales colocan notas muy bajas debido a la falsa creencia de que así son más estrictos. Esto ha deteriorado las posibilidades de los jóvenes frente a otros extranjeros que sí tienen buenas calificaciones.

-Como miembro de la Asociación Panamericana de Trauma, ¿qué aportes hace usted?

-Yo soy un incentivo para que los cirujanos investiguen; la sociedad hace cada año una convención en un país distinto y, en 2009, a mediados de septiembre, será en Caracas.

-¿Cada cuánto viene al país?

-Voy una vez cada dos años, pero igual me mantengo en contacto con mis familiares y amigos.

-¿Cómo se sintió cuando se fue de Venezuela?

-Al comienzo fue difícil, pero después de unos años se convierte en una costumbre y, generalmente, uno se adapta y adquiere parte de las costumbres del país donde vive sin olvidarse de las locales. Así que  todavía como hallacas en Navidad, pero igual pavo.

-¿Qué extraña del país?

-A la gente y a las playas, que son las más bellas del mundo. También añoro las hallacas y las arepas. Aquí no saben igual.

-¿Qué diferencias hay entre la sociedad venezolana y la estadounidense?

-Son comunidades distintas. En Norteamérica todo está muy estructurado y organizado. Eso en Latinoamérica ha fallado.

-Según su percepción, ¿qué se oye en Estados Unidos de Venezuela?

-La condición política siempre está en las noticias. Antes, cuando me preguntaban de dónde era y decía que de Venezuela, la gente se quedaba pensando. Ahora, uno les dice e inmediatamente me hablan de política.

-¿Piensa usted en volver al país?

-No sé, aún me queda mucho por hacer.


EXCELENCIA ACADÉMICA DESDE PRIMER GRADO
Alejandro Reyes contaba dieciocho meses de edad cuando sus padres se residenciaron en Florida. Al tener la edad exigida fue inscrito en primer grado y debido a su rendimiento, su maestra lo postuló para que formara parte del Gift Program. Entre los requisitos exigidos a estos estudiantes para ser  aceptados en este programa está un buen desempeño académico, alto cociente intelectual, motivación al logro, entre otros. Una vez por semana los ocho alumnos del Windermere Elementary School que se benefician con el GP reciben  enseñanza especial de un grupo de maestros y profesores, en paralelo con su curso de estudio normal. Este programa involucra a los estudiantes en proyectos que sobrepasan sus expectativas, les inculcan el valor del esfuerzo y les incentivan a lograr las metas que se propongan. Padres y alumnos reciben asistencia especializada porque hay que apoyar a los pequeños. Desde que Alejandro comenzó en el GP su expresión preferida es "excelente".
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