Analítica. Tal vez estas palabras ayuden a formar una opinión sobre Elizabeth Burgos, graduada en Psicología Clínica en la Universidad de París y en Antropología e Historia en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de esa ciudad.
Radicada en Francia, esta venezolana tiene sobre sus hombros la dirección de la Casa de América Latina de París y el Instituto Cultural Francés de Sevilla. Según el investigador David Stoll, esta colaboradora de varias publicaciones internacionales ha tenido olfato para ser y hacer historia, pues luego de abandonar las comodidades familiares, en la década de los 60 se sumó a los movimientos de izquierda latinoamericanos, donde conoció al filósofo francés Régis Debray.
"En 1966 la pareja fue a La Habana para la Conferencia Tricontinental, -latinoamericanos, africanos y asiáticos-, que lanzó una declaración de guerra revolucionaria en el Tercer Mundo. Invitados por los cubanos a quedarse, Elizabeth y Régis recibieron entrenamiento militar. La idea era unirse al Che Guevara en un lugar secreto, donde (…) desencadenarían dos, tres o muchos Vietnam", escribió en una ocasión Stoll, según www.neroliberalismo.com.
En esa narración, Stoll señaló que "el lugar resultó ser Bolivia. Mientras el Che y su columna estaban atrapados por el ejército boliviano y sus asesores estadounidenses, Régis cayó en manos del ejército. Poco después el "Che" estaba muerto y Régis era sentenciado a 30 años de prisión. A fin de tener derecho a visitarlo, Elizabeth se casó con él entre las rejas, y durante los siguientes tres años dirigió la campaña internacional que logró su libertad. Con su instinto para la historia, Elizabeth siguió la revolución hasta Chile…", donde apoyó a Salvador Allende.
Sobre Burgos, el periodista Pablo Chacón escribió el 9 de octubre de 2007 en Terra Magazine, que en 1982 lanzó a la fama a una joven indígena guatemalteca llamada Rigoberta Menchú, con un libro nacido de una entrevista: Me llamo Rigoberta Menchú: así despertó mi conciencia, obra que jugaría un papel fundamental en su Premio Nobel de la Paz. Luego vino el libro Memorias de un soldado cubano y hace poco su firma apareció con la de Isabel Allende y Costantin Costa-Gravas en una proclama exigiendo a las FARC la liberación de Íngrid Betancourt, ésta la llevó el mes pasado a afirmar en el artículo Una visión neocolonial, que "para la opinión pública francesa y para el propio Gobierno francés, Colombia se reduce al caso de Íngrid Betancourt. Que este país enfrente una guerra interna, en la que los métodos empleados por los grupos insurgentes sean de una rara crueldad y constituyan crímenes contra la humanidad, les tiene sin cuidado". Ernesto Linzalata