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Carolina Herrera
El valor de su imagen
De ser una de las diez mujeres mejores vestidas quiso pasar a vestirlas. Sin duda que es orgullo nacional por la posición que ocupa en el delirante mundo del fashion
   
Esta caraqueña es el súmmum de la elegancia, con estilo propio afirma que para triunfar hay que trabajar, tener disciplina y suerte (Miguel Rajmil/Efe) (Bebeto Matthews/AP) (Bebeto Matthews/AP) (Miguel Rajmil/Efe) (Rose Prouse/AP)
Esta caraqueña es el súmmum de la elegancia, con estilo propio afirma que para triunfar hay que trabajar, tener disciplina y suerte
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LEOPOLDO FONTANA BRICEÑO 
PERIODISTA

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Entrevista a Carolina Herrera
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Carolina Herrera ofrece en Nueva York una de las mercancías más cotizadas por su escasez: su prosapia.    Siempre dejó muy claro en su comportamiento que era una venezolana muy bien nacida y con impecables modales que ha conservado como su marca de fábrica.   

Carolina figuraba  en la lista de Las 10 mejores vestidas del mundo. Y de ser mujer muy bien vestida, quiso pasar a vestir mujeres.  ¡Lo interesante  fue cómo lo hizo!

En Nueva York, los desfiles de moda  no existían y los diseñadores  exhibían sus colecciones privadamente  a los compradores de las grandes tiendas  del país. El 26 de octubre 1981, Carolina Herrera, presentó su primera colección  en el sitio más exclusivo de Manhattan: el Metropolitan Club, y no ante posibles compradores, sino un elenco de la alta sociedad internacional, que no faltó a la cita, por amistad, pero sobre todo por curiosidad.

Esos primeros vestidos eran como los que ella usaba en las fiestas de Caracas, un poco fuera de moda, pero muy de su estilo: trajes largos maravillosos caracterizados por grandes mangas que enmarcaban el rostro. Las asistentes quedaron fascinadas: más que  vestidos eran unos símbolos de estatus.

La receptividad de la prensa especializada y el de la "biblia": el Women Wear's Daily o WWD,  fue escéptica, y el pronóstico unánime: un fuego articial que no duraría.

Seis meses después volvió Carolina Herrera, con un desfile, esta vez en la muy democrática "Public Library" de la ciudad, lo que nunca se había hecho. La prensa quedó atónita y  el WWD tituló su aprobación en un "argot" muy neoyorquino: "¡That rich bitch does it again!"

 Era el reconocimiento a  la disciplina, el trabajo y el tesón. Carolina Herrera ha comercializado su imagen. Tiene tres prioridades: la primera, su familia: Reinaldo, su marido; sus cuatro hijas, sus nietos y siempre sus perros, con nombres de gente. Luego su trabajo, al  cual le dedica ocho horas y ni una más. Planifica al detalle lo que se va a ejecutar ese día y si el trabajo no se terminó fue por deficiencia de planificación, lo que rectifica el día siguiente. Y la tercera: su vida social, que de paso le sirve de publicidad, porque siendo una de la mujeres más elegantes (y fotografiadas) de Nueva York, lo que lleva puesto es obvio: ¡un Carolina Herrera! Aunque ella nunca habla de su trabajo en sociedad.

Su legendaria discreción -nunca hizo mención de su amistad con la princesa Margarita- le ganó una clienta, que fue su amiga y se vistió con ella hasta su muerte: Jacqueline Kennedy Ona-ssis, quien le encargó el vestido de novia de su hija Carolina cuando se casó con Edwin Schlossberg,  en  1986. 

Y  en una ciudad en que todo es un inventario de lo que cuesta cada cosa, Carolina jamás habla de dinero.  Dicen sus empleadas que cuando una clienta le pregunta cuánto vale uno de sus modelos se ruboriza y hace que otras respondan por ella.

La importancia de su imagen es tal, que  se publicó un libro lleno de fotografías de todas las épocas y de testimonios de sus  amigas y amigos con una opinión unánime.

Un ejemplo vale por todos: su colega y amigo, Bill Blass, tenía un hermoso busto de un beduino con un turbante, esculpido en mármoles de diferentes colores. Carolina lo admiró y Bill Blass le dijo: si te gusta tanto, te lo dejaré en el testamento. "¡Ah  no, Bill, exclamó Carolina, si tienes que morirte prefiero no tenerlo nunca!". ¡Al día siguiente el busto del beduino estaba en su casa!

La formación también está fuera
Los venezolanos, que en estos tiempos siguen la carrera del diseño de moda, han sentido la necesidad de una mayor formación profesional. Uno de los centros de prestigio  a donde se dirigen es Parsons School of Designs de Nueva York. De allí han egresado diseñadores como Leonardo De Armas, quien no sólo se ha dedicado a la moda sino que también ha hecho de la docencia parte de su actividad profesional. Ha dictado cursos en  otra institución vinculada a Parsons, como lo es la Escuela de Diseño Altos de Chavón, ubicada en República Dominicana. Al terminar sus estudios recibió el dedal de oro, máximo premio para un egresado de esa escuela. También se formaron en Parsons Titina Penzini y Yermis Berroeta    Otra de las cátedras de prestigio donde acuden a estudiar venezolanos es la escuela de diseño internacional Instituto Marangoni, con sede en Milán, de donde egresó Valeria Savino.  En Florida destaca Miami International University of Art & Design.
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Comentarios
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José Raúl Yoris Soulés
01.05.2008 | 5:45 PM
La señora Pacanins de Herrera, representa un icono de la mujer venezolana para el mundo. Ella conjuga, la belleza de la mujer nativa, su inteligencia y su inigualable charm, con su rol de esposa, madre y abuela, con el mismo glamoroso éxito, con el que se ha desempeñado en el muy exclusivo mundo de la moda, y en donde ha alcanzado, por su talento y organización, un sitial de honor, para orgullo de todos los venezolanos. ¡Bravo Carolina!