Esta caraqueña es el súmmum de la elegancia, con estilo propio afirma que para triunfar hay que trabajar, tener disciplina y suerte
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Carolina Herrera
El valor de su imagen
De ser una de las diez mujeres mejores vestidas quiso pasar a vestirlas. Sin duda que es orgullo nacional por la posición que ocupa en el delirante mundo del fashion
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LEOPOLDO FONTANA BRICEÑO
PERIODISTA
Carolina Herrera ofrece en Nueva York una de las mercancías
más cotizadas por su escasez: su prosapia.
Siempre dejó muy claro en su comportamiento que era una
venezolana muy bien nacida y con impecables modales que ha
conservado como su marca de fábrica.
Carolina figuraba en la lista de Las 10 mejores
vestidas del mundo. Y de ser mujer muy bien vestida,
quiso pasar a vestir mujeres. ¡Lo interesante
fue cómo lo hizo!
En Nueva York, los desfiles de moda no existían
y los diseñadores exhibían sus colecciones
privadamente a los compradores de las grandes tiendas
del país. El 26 de octubre 1981, Carolina Herrera, presentó
su primera colección en el sitio más exclusivo
de Manhattan: el Metropolitan Club, y no ante posibles compradores,
sino un elenco de la alta sociedad internacional, que no faltó
a la cita, por amistad, pero sobre todo por curiosidad.
Esos primeros vestidos eran como los que ella usaba en las
fiestas de Caracas, un poco fuera de moda, pero muy de su
estilo: trajes largos maravillosos caracterizados por grandes
mangas que enmarcaban el rostro. Las asistentes quedaron fascinadas:
más que vestidos eran unos símbolos de estatus.
La receptividad de la prensa especializada y el de la "biblia":
el Women Wear's Daily o WWD, fue escéptica, y el
pronóstico unánime: un fuego articial que no duraría.
Seis meses después volvió Carolina Herrera, con
un desfile, esta vez en la muy democrática "Public Library"
de la ciudad, lo que nunca se había hecho. La prensa
quedó atónita y el WWD tituló
su aprobación en un "argot" muy neoyorquino: "¡That rich
bitch does it again!"
Era el reconocimiento a la disciplina, el trabajo
y el tesón. Carolina Herrera ha comercializado su imagen.
Tiene tres prioridades: la primera, su familia: Reinaldo,
su marido; sus cuatro hijas, sus nietos y siempre sus perros,
con nombres de gente. Luego su trabajo, al cual le dedica
ocho horas y ni una más. Planifica al detalle lo que
se va a ejecutar ese día y si el trabajo no se terminó
fue por deficiencia de planificación, lo que rectifica
el día siguiente. Y la tercera: su vida social, que de
paso le sirve de publicidad, porque siendo una de la mujeres
más elegantes (y fotografiadas) de Nueva York, lo que
lleva puesto es obvio: ¡un Carolina Herrera! Aunque ella nunca
habla de su trabajo en sociedad.
Su legendaria discreción -nunca hizo mención de
su amistad con la princesa Margarita- le ganó una clienta,
que fue su amiga y se vistió con ella hasta su muerte:
Jacqueline Kennedy Ona-ssis, quien le encargó el vestido
de novia de su hija Carolina cuando se casó con Edwin
Schlossberg, en 1986.
Y en una ciudad en que todo es un inventario de lo
que cuesta cada cosa, Carolina jamás habla de dinero.
Dicen sus empleadas que cuando una clienta le pregunta cuánto
vale uno de sus modelos se ruboriza y hace que otras respondan
por ella.
La importancia de su imagen es tal, que se publicó
un libro lleno de fotografías de todas las épocas
y de testimonios de sus amigas y amigos con una opinión
unánime.
Un ejemplo vale por todos: su colega y amigo, Bill Blass,
tenía un hermoso busto de un beduino con un turbante,
esculpido en mármoles de diferentes colores. Carolina
lo admiró y Bill Blass le dijo: si te gusta tanto, te
lo dejaré en el testamento. "¡Ah no, Bill, exclamó
Carolina, si tienes que morirte prefiero no tenerlo nunca!".
¡Al día siguiente el busto del beduino estaba en su casa!
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La formación también está fuera
Los venezolanos, que en estos tiempos siguen la carrera del
diseño de moda, han sentido la necesidad de una mayor
formación profesional. Uno de los centros de prestigio
a donde se dirigen es Parsons School of Designs de Nueva York.
De allí han egresado diseñadores como Leonardo De
Armas, quien no sólo se ha dedicado a la moda sino que
también ha hecho de la docencia parte de su actividad
profesional. Ha dictado cursos en otra institución
vinculada a Parsons, como lo es la Escuela de Diseño
Altos de Chavón, ubicada en República Dominicana.
Al terminar sus estudios recibió el dedal de oro, máximo
premio para un egresado de esa escuela. También se formaron
en Parsons Titina Penzini y Yermis Berroeta
Otra de las cátedras de prestigio donde acuden a estudiar
venezolanos es la escuela de diseño internacional Instituto
Marangoni, con sede en Milán, de donde egresó Valeria
Savino. En Florida destaca Miami International University
of Art & Design.
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