El arte lo ha marcado y lo ha llevado a ocupar lugares privilegiados, y esto ha sido posible gracias a su honestidad como artista (Cortesía)
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Carlos Cruz-Diez
"No me inspiro, reflexiono"
El espíritu del maestro del cinetismo volvió a Caracas. Desde París, sin embargo, levanta el teléfono y abre su buzón electrónico para mostrar los matices que a los 85 años encuentra en el mundo
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El arte lo ha marcado y lo ha llevado a ocupar lugares privilegiados, y esto ha sido posible gracias a su honestidad como artista (Cortesía)
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JOSEPH POLISZUK
EL UNIVERSAL
"Sibarita" confeso y detractor de "culebrones como El Señor
de los Anillos"; cineasta amateur y cuatrista en los tiempos
libres; paciente de un mal al que llama "Caraquitis"; víctima
de una fobia contra las cucarachas y, sobre todas las cosas,
maestro del cinetismo. Carlos Cruz-Diez ha hecho muchas cosas
pero advierte que lo suyo no es cuestión de musas que
caen del cielo.
-¿Qué lo inspira?
-No me inspiro, reflexiono
-¿Cómo quiere que lo recuerden?
-Como lo que soy, porque es lo único que he podido hacer.
-¿Ha ido a todas las ciudades que ostentan sus
obras?
-Una obra de grandes dimensiones no se puede realizar sin
ver y estudiar el sitio.
-¿Un Cruz-Diez provoca diferentes reacciones
en Caracas, París o Seúl?
-La reacción ante el espectáculo y asombro de la
obra cinética es reconfortante. Me confirma que el arte
no tiene fronteras, pues, he logrado comunicar con un espectador,
sin saber su idioma ni costumbres.
-Cada Cruz-Diez vale varios dólares. ¿Acaso
el arte puede subir cerro?
-Amar el arte es un estado superior de la sensibilidad y
no tiene que ver con el estrato. Para quienes la vida consiste
en comer, fornicar y defecar, las cosas del espíritu
no entran. Por eso, el compromiso de una sociedad y un Estado
es dar la posibilidad de crecer espiritual y culturalmente.
-¿Qué papel juega la cultura en una ciudad
en la que 50 personas mueren cada fin de semana a manos del
hampa?
-Si el Estado y la sociedad no rescatan a la gente cultural
y humanísticamente, estos se quedarán en el estrato
animal, donde el valor de la vida, del vivir en colectividad
y pertenecer a un país, no existen.
-Su página web dice: "La obra no está desligada
de las circunstancias generacionales del artista...". ¿Qué
influyó en su propuesta?
-Fue la misma motivación de mis compañeros de generación.
Queríamos crecer, enfrentarnos al nivel de los artistas
del mundo desarrollado. Mirarle a los ojos sin bajar la cabeza.
Mi generación sufría de la dependencia cultural,
por la escasez y retardo en que llegaba la información.
Por eso nos vinimos a Europa.
-¿Dónde pasó el Mayo francés?
-Ya tenía ocho años en París y lo viví
intensamente. Creíamos que la sociedad había cambiado
y todo sería diferente. Fue una de las más bellas
ilusiones que la civilización occidental ha vivido.
-¿Cómo convirtió su taller en una
empresa familiar?
-Es un proyecto de vida que elaboramos entre mi esposa Mirtha
y yo. Cuando la enamoraba, la convencí de que un artista
no hacía diferencia entre la vida y el arte. Así
lo he practicado, involucrando a nuestros tres hijos
y ahora a los nietos.
-En 1981 dijo que sufría de "Caraquitis". ¿Aún
padece de ese terrible mal?
-Ahora menos, porque vengo menos. Es la angustia y la desesperanza
que me produce constatar que pasan las décadas y seguimos
en el mismo sitio. Que el país, en lugar de avanzar al
siglo XXI, retrocede a una sociedad decimonónica.
-¿Qué sintió cuando demolieron el
mural del puerto de La Guaira?
-Fue una obra para solucionar un problema urbano, que di
al pueblo de La Guaira y que aceptó con afecto, pero,
otros que no eran del pueblo la demolieron. Son los imponderables
de un país como el nuestro.
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ESCENARIOS INTERNACIONALES PARA LOS CRIOLLOS
El arte venezolano ha tenido cabida en museos extranjeros,
donde creadores plásticos nacionales entraron por la
puerta grande. Así tenemos que en el MoMa de Nueva York
la obra de Reverón fue todo un acontecimiento social
y cultural. Otro de los cuadros del pintor, "Mujer desnuda
leyendo", forma parte de la colección permanente del
Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, donde también
llegaron las obras de Gego y Alejandro Otero. En el Reina
Sofía, Madrid, integraron la muestra "Cinéticos"
Jesús Soto, Carlos Cruz Diez y Víctor Valera.
En las salas del Museo de Arte Moderno de Bogotá se presentó
la exposición "20 artistas venezolanos", pero también
dejaron ver sus trabajos los dos Franciscos, Bellorín
y Hung. Alirio Rodríguez, gracias a un convenio cultural
entre Bélgica y Venezuela, el Museo de Arte Moderno de
Bruselas acogió una exposición antológica de
su obra. Oswaldo Vigas encontró en Anger, Francia, lugar
adecuado para sus colecciones de tapices, óleos y cerámicas.
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