Su nombre de pila, François, revela orígenes franceses, pero su apodo, con el que todos lo llaman, es una clara manifestación de su venezolanidad. Hablamos de Pancho Quilici, artista plástico, profesión que lleva en su ADN, pues su padre, Antoine Quilici, estudió Artes Decorativas; y su madre, Ellen Fratini, dirigía un taller de cerámica y exponía sus obras.
Pancho reside en París desde 1980. Se fue porque ganó una bolsa de trabajo otorgada por el entonces Ministerio de la Cultura. Era la época de los grandes salones en Venezuela y Quilici comenzó a destacarse como dibujante.
"Escogí París porque no me era extraña. Había hecho mis estudios en el Colegio Francia, hablaba el idioma, tenía 26 años. Era la época cuando en Venezuela se hacía mucho dibujo y tuve la suerte de encontrarme allá con Cecilia Ayala, dueña de la galería Minotauro, con quien estaba vinculado en Caracas. En París ella dirigía la sala Dragón y estaba muy ligada al arte".
Su vida personal también se desenvuelve en la Ciudad Luz. Allí nacieron sus hijos: Daniela, Mathieu y Paola. Ya son 29 años los que han transcurrido en Europa, donde ha desarrollado su arte. Allá el dibujo sobre papel dejó de ser lo primordial. No se ha desvinculado de Venezuela, lo que se evidencia en sus paisajes inspirados en las inmensas perspectivas del país.
"Cuando un artista va a otro lugar donde el arte es materia prioritaria, lo primero que debe hacer es empaparse de esa cultura. Para mí no fue difícil debido a esa formación francesa que había recibido. Los pocos viajes hechos a París me dejaron muy impresionado". Pero aclara que él es un producto netamente venezolano. "Todos los recuerdos más bellos los tengo después que salí del Colegio Francia hasta que me fui a París. Cosas que me marcaron para siempre".
No hace mucha referencia a los reconocimientos recibidos en el exterior. Sin embargo es necesario recordar que en 1983 se le otorgó el Gran premio en el XVIII Concurso Internacional de Arte Contemporáneo de Montecarlo.
La dualidad de sentimientos se verifican al recorrer su historial, ya que simultáneamente expone en Francia y Venezuela y ratifica: "mientras más pasa el tiempo más me aferro a los vínculos con mi país, que se concretizan en mis amigos. Después de tantos años en París no me siento francés, sigo siendo venezolano". Dualidad que desarrolla en la actividad creativa y en la del universo de los afectos. "Es muy lindo tener la posibilidad de vivir esos dos mundos. Es una suerte, ya que nos hace más universales".
"Para triunfar hay que tener suerte. No soy de los que elabora un plan. Las cosas han venido a mí porque trabajo mucho." MN
Nueva York. El único venezolano presente en la Bienal de Whitney es Javier Téllez. Su obra se titula Whitney Letter on the Blind, for the use of those who see. La crítica quedó impactada con este video. The Washington Post consideró la obra como una "experiencia poderosa. Téllez presenta lo que parece una plaza vacía frente a un templo y está filmado en las instalaciones de la piscina vacía McCarren, en la neoyorquina zona de Brooklyn.
Roma. En el Instituto Ítalo Latinoamericano
(IILA) se encuentra la fotografía de Marcel Del Castillo,
quien representa a Venezuela. Se muestra a América Latina
a través de las imágenes. El ganador recibirá
como premio una estadía en la Ciudad Eterna.