flashvars="asset_id=8bbzujlz7rz36&assetTitle=Luis%20Pérez%20Oramas&assetDescription=La%20exposición%20de%20Reverón%20que%20organizó%20en%20el%20MOMA&showSkin=1" allowFullscreen="true" type="application/x-shockwave-flash" width="350" height="314" wmode="window">
A Luis Pérez Oramas (Caracas, 1960) se le ilumina el
rostro cuando habla de arte y poesía, las dos grandes
pasiones de este curador venezolano que descubre los misterios
de los artistas latinoamericanos para el público neoyorquino.
Lo hace en las galerías del Moma, el Museo de Arte Moderno
de Nueva York, el más importante del mundo. Allí
presentó con éxito el año pasado a otro venezolano,
Armando Reverón, y desde allí nos habla de su trabajo.
Es una delicia escucharlo.
-¿Cómo empezó su viaje hasta
el Moma?
-En 1998 organicé una exposición sobre Reverón
en la bienal de Sao Paulo que fue visitada por John Elderfield,
curador jefe de pintura y escultura del Moma. Elderfield decidió
entonces dedicarle una retrospectiva a Reverón aquí,
en Nueva York, y eso fue fundamental para mi llegada al museo.
Yo estaba enseñando en el Instituto Armando Reverón,
en Caracas, donde espero volver algún día porque
fueron años fundamentales en mi vida.
-¿Pensaba que llegaría tan lejos?
-Nunca me lo he planteado así. Las cosas se han ido
dando. Lo importante es llegar hondo, tocar el fondo de las
cosas. Y eso se puede hacer en circunstancias de gran resonancia
institucional o en soledad. Siempre he pensado que en
Venezuela sufrimos una enfermedad infantil: le damos más
importancia al éxito exterior que al interior.
Yo siento que debo estar allí y que ahora estoy
de servicio para entender mejor el arte latinoamericano. Uno
está siempre con Venezuela, aunque no esté en Venezuela.
-¿Cuál ha sido su mayor logro?
-El logro más grande podría ser que mi último
libro de poemas, Prisionero del aire, será editado en
España por un editor que es mi sueño. En cuanto
al puesto en el Moma, es una gran responsabilidad porque sin
ese espacio para los creadores, el significado y la dimensión
crítica que necesitan para sobrevivir en el tiempo no
se da.
-¿Se está haciendo por fin justicia al
arte latinoamericano en Estados Unidos?
-Nos encontramos en un momento muy favorable porque están
cuajando los resultados de muchos años de estudio que
comenzaron a finales de los 80 tras un período de olvido.
El público americano es muy disciplinado y confía
en las instituciones. Les gusta encontrar cosas que nunca
habían visto como Reverón o Gego al lado de artistas
que conocen bien como Orozco.
Hay museos como archipiélagos, donde las cosas
pertenecen a un mar común. Y hay museos que son árboles,
como el Moma. La maravilla es poder añadirle una rama
que no tenía y ver que la gente la descubre. Esa es mi
ambición: que con la presencia del arte latinoamericano
en diálogo con una colección canónica como
la del Moma el árbol se convierta en una raíz, en
un mapa laberíntico tan complejo como la modernidad.
-¿Qué necesitan los artistas venezolanos
para tener más proyección en el exterior?
-Necesitan tres cosas: la constitución cada vez más
seria de espacios académicos que discutan la producción
artística e incluyan publicación; el renacimiento
de los espacios de exposición públicos y privados
y el renacimiento de la crítica de arte en los medios.
Esas tres cosas están dormidas en Venezuela.
-¿Dónde se recuerda en Caracas?
-En El Ávila. Gabriel García Márquez dijo
una vez que la cosa más bella del mundo es El Ávila
cuando se viste de malva en las tardes de enero. Sencillamente
irrepetible.