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MARÍA ISABELLA SALAS
EL UNIVERSAL
Joven, emprendedora, inteligente, alegre, consecuente, extremadamente
activa, curiosa y luchadora son algunas de las características
que encierra la personalidad de la venezolana Maribel Araujo,
residenciada en Nueva York, donde lleva, junto a su esposo
Arístides Barrios, las riendas del restaurante más
concurrido de Manhattan y al que bautizaron Caracas Arepa
Bar.
Quienes la conocen desde pequeña manifiestan que siempre
fue muy inquieta y se interesaba por todo lo que le enseñaban
en el colegio. Los cuentos fueron una gran distracción
y la pintura también.
Daniela Tugues, profesora de flamenco de Maribel, la conoce
desde que tenía 13 años, es decir, hace 19 años.
"Es una persona que donde pone el ojo pone la bala". Resalta
que siempre fue o una de las mejores o estaba dentro de las
primeras de la clase. "Una niña brillante que sobresalía
en las clases, brillaba en el colegio y era a su vez una muchacha
con un espíritu rebelde y creativo, pero muy bondadosa
y humilde".
Siempre ha querido hacer las cosas a su manera, con su sello
y con su personalidad, enfatiza. Una muchacha que a los 15
o 16 años bailó flamenco a nivel profesional, y
"tenía un sello de personalidad en sus movimientos, algo
que es muy difícil de encontrar en cualquier manifestación
artística, es decir, que haga las cosas según ella
nada más".
Por su parte, la conocida animadora Érika de la Vega,
amiga de colegio, cuenta que fue una niña brillante.
"Siempre sacó 19 y 20 y así como era inteligente
también le gustaba ayudar a sus compañeras de clase.
Todo el mundo quería estudiar con ella, pues era muy
paciente para enseñarnos".
También cuenta que "lo que ella se proponía
entre ceja y ceja lo hacía". Me gradué muy pequeña,
a los 16 años, señala con orgullo. Con tan corta
edad, tenía un año completo para hacer lo que quería.
"Podía entrar a las mejores universidades, tenía
todo como muy bien planificado". Pero, ella decidió seguir
bailando flamenco y fue una de las primeras en la obra que
montó la coreógrafa Siudy Quintero.
Maribel siempre quiso ser bailadora de flamenco profesional,
actividad que fue su gran pasión por muchísimo tiempo.
Luego sintió la necesidad de estudiar una carrera y escogió
Comunicación Social en la UCAB porque siempre le llamó
la atención el periodismo y el tema audiovisual.
Érika cuenta que le fue de maravilla. Al poco tiempo
ingresó en Via Art y fue organizadora por mucho
tiempo. Maribel Araujo realizó por primera vez los premios
Urbe y resultó todo un éxito. Colocó a Luis
Chataing y Érika de la Vega de anfitriones. Además
fue hecho con las manos, ya que son premios universitarios.
"Yo me sentí orgullosa porque realmente todo lo que toca
lo convierte en oro" resaltó Érika.
Como amiga es leal, cien por ciento incondicional y eso es
un gran mérito. "Son increíbles los valores y principios
de esa niña. Como ser humano es casi mejor que como profesional",
manifiesta Daniela Tugues. Por su parte, su amiga colegial
dice que a pesar de la distancia el cariño de ambas sigue
siendo el mismo, como si se hubiesen visto ayer.
"Es una mujer que no le teme al trabajo y lucha por lo que
se propone, pero a la vez busca tener una vida tranquila y
sin tanto agite. Es exigente consigo misma y con sus proyectos,
entregada, comprometida, honesta y detesta la injusticia",
señalan sus amigas.
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GASTRÓNOMO CON PREMIOS INTERNACIONALES
Rafael Cartay Angulo es uno de los grandes estudiosos de la
gastronomía venezolana. Su currículum señala
que es economista con estudios de posgrado en Economía
Agrícola y un sinfín de cursos realizados, lo que
le ha permitido conocer la gastronomía nacional más
allá del simple hecho sibarita. Podría calificarse
como un antropólogo por sus investigaciones, que abarcan
diversos ámbitos de la comida. Algunos de los títulos
para recordar son La mesa de la meseta, Historia de la alimentación
del Nuevo Mundo,
El pan nuestro de cada día, Un mundo en su taza, Tecnología
culinaria doméstica en Venezuela, La hallaca y Diccionario
de cocina venezolana. Este último resulta obligatorio para
cualquier chef o persona interesada en lo que se come. Y fue
precisamente esa obra la que le dio un premio internacional,
el Special Award of Jury. En una entrevista dijo que no cocina,
que él es como un "historiador del Imperio Romano,
que no tiene ni que ser romano ni haber vivido la época".
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