Con su carisma y entusiasmo como bandera, Lorena García emprendió un recorrido por países de Asia y Europa, donde conoció, de la mano de algunos chefs destacados, los secretos del mundo de la gastronomía (Cortesía Lorena García)
|
Lorena García
Un estilo de vida
Esa abogada cambió las leyes por las especias. El descubrimiento de su verdadera profesión sucedió en Miami, ciudad que se convirtió en su centro de operaciones
|
|
Con su carisma y entusiasmo como bandera, Lorena García emprendió un recorrido por países de Asia y Europa, donde conoció, de la mano de algunos chefs destacados, los secretos del mundo de la gastronomía (Cortesía Lorena García)
|
(2)
32 votos
Votar
¡Gracias por votar!
MAYTE NAVARRO
EL UNIVERSAL
Recientemente fue noticia porque la seleccionaron para que
estuviera en una de las celebraciones más populares de
Miami, el Festival de la Calle Ocho, donde cocinó
para un gran número de personas. Su participación
contó con el patrocinio de una empresa transnacional
dedicada a la alimentación. El nombre de esta venezolana
cuya vida gira entre el mercado y el restaurante: Lorena García,
quien como otros tantos cocineros, llevaba escondido su deseo
de ser chef pero no lo había descubierto, por eso estudió
Derecho en la Universidad Santa María, en Caracas.
No había fiesta familiar donde ella no se encargara
de preparar lo que se serviría a los invitados, y lo
hacía con mucho placer. "Reunirme con mis seres queridos
para disfrutar de una buena comida es algo que siempre me
llenó de satisfacción" aclara.
Entre fiesta y fiesta obtuvo su grado de abogado y no dudó
en viajar a Estado Unidos, donde, además de aprender
inglés completaría su formación profesional,
optaría por el título de asistente legal.
Pero, como en todo acto de amor, pudo más el sentimiento.
Lorena dejó colgados los libros sobre leyes, tomó
la filipina, los cuchillos y se inscribió en la
escuela de artes culinarias de Johnson & Wales University.
Sus ideas estaban claras, para aprender a cocinar hay que
conocer de comida, entonces, en un acto que podría compararse
a las aventuras de Anthony Burdain, emprendió una gira
mundial por los países con la mejor reputación gastronómica.
Francia, Italia, Japón, Corea, Tailandia y China. En
cada lugar se topó con algún chef importante y a
cada uno de ellos le robó un secreto.
Las cartas estaban echadas. El siguiente paso sería
abrir su propio local. Primero fue Food Café y posteriormente
Elements Tierra, ambos situados en el Design District de Miami,
con un menú que fusiona la cocina latina y la asiática.
Entre sus recetas menciona las costillas de cordero con salsa
chimichurri de cilantro.
Sus amigos la describen como carismática y entusiasta,
una mujer con empeño, que constantemente se reta a sí
misma. Ese carácter la llevó a la televisión.
Su agradable imagen la colocó como presentadora de los
programas Vida Gourmet, en Gems Network, también apareció
por el canal Casa Club TV y en Univisión Radio. Su última
incursión mediática la bautizó con su
nombre: Sazón con Lorena García en Utilísima.
Ella sabe que uno de los grandes placeres de la vida es comer,
pero hay que saber hacerlo. Por eso se preocupa por la salud,
especialmente la de los niños, y a través de sus
conocimientos culinarios ha emprendido una tarea, ardua y
con proyección a futuro, combatir la obesidad infantil.
Por eso desarrolló el programa Big Chef, Little Chef
(Gran Chef, Pequeño Chef). Se trata de actividades integrales
que pretenden ayudar a los pequeños y a sus familias
para que aprendan a controlar los hábitos alimenticios
y modifiquen su estilo de vida. Un programa eminentemente
educativo. "Está dirigido a todas las edades y difunde
los beneficios de una vida saludable", dice.
Lorena García asume así otro reto en su vida, donde
la cocina deja de ser el todo y forma parte de eso que
se llama estilo de vida. Muchas firmas comerciales han puesto
sus ojos en ella. Firmó un contrato con la vinería
Baywood Cellars y tiene una serie de productos con su
nombre y el apoyo de las tiendas Belk Departments. Lo último:
"estoy trabajando en un libro de recetas que publicaré
este año".
|
Y QUIÉN DIJO QUE EN NUEVA YORK NO HAY TEQUEÑOS
Los restaurantes venezolanos asentados en la Gran Manzana sacian
la curiosidad de los neoyorquinos y la nostalgia de la
diáspora criolla que habita o viaja a Nueva York. Con platos
exóticos para unos y caseros para los otros, van apoderándose
del paladar. Los tequeños ya compiten con las empanadas
de cazón, el asado negro y el pabellón. Los sirven
por raciones y forman parte de una lista que pareciera no tener
fin. El menú bilingüe explica y traduce cada plato.
Impresiona al llegar a las bebidas que inaugura una extensa
versión de cómo se puede tomar el café. Desde
el tradicional negrito hasta el desprestigiado americano comparten
el mismo espacio. Y si se prosigue leyendo, los ojos se
salen de órbita porque anuncia, en negritas, Frescolita
(venezuelan soda pop) y hasta Cerelac, con lo que alimentaban
en Venezuela a los que eran bebés en los años 50.
Los codiciados tequeños ya circulan por gran parte de la
geografía norteamericana y hasta se han establecido fábricas.
|