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Oswaldo Hernández
El vino como acto de amor
Quizás sea el único venezolano que tiene un viñedo en Burdeos. La razón: es un apasionado del vino y sabe que esa es y seguirá siendo la tierra prometida para los que aman las uvas
De sus bodegas sale un caldo que está considerado entre los cien mejores del mundo. La razón de su trabajo es el disfrute de una buena botella de tinto o blanco 	(Nicola rocco) (Nicola Rocco)
De sus bodegas sale un caldo que está considerado entre los cien mejores del mundo. La razón de su trabajo es el disfrute de una buena botella de tinto o blanco (Nicola rocco)
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MAYTE NAVARRO 
EL UNIVERSAL

Agricultor y artista, esclavo y soñador, hedonista y masoquista, alquimista y contable. El viticultor es todo eso y así ha sido desde el Diluvio Universal. De esta manera se expresa una de las autoridades del  mundo del vino, Hugh Johnson. Esta frase además de describir a una personalidad también indica que ese amor por el vino no es nada nuevo en la humanidad.

Un venezolano que podría coincidir con ese retrato hablado es Oswaldo Hernández, un joven que, buscando los mejores vinos, se fue a Francia, después de hacer una pasantía en Pomar, la única bodega venezolana. No se conformó con disfrutar de una copa de excelente licor sino que se trazó como meta producir buen vino.

¿Y cómo sucedió? "Si digo que fue por vocación ni yo mismo me lo creería. Sólo quería vivir  algo diferente, exprimirme plenamente. Quería hablar otro idioma que no fuera el inglés, que en esa época era el futuro de los jóvenes. Como Francia es el país del vino y la cultura, lo escogí. Tenía poco más de 20 años. Me creía invencible. Nada me perturbaba. Hoy en día sigo sintiendo esa misma sensación.

La niñez de Oswaldo fue absolutamente feliz. Su padre  era periodista y lo llevaba a programas de radio y televisión donde este enólogo conoció artistas y a los ídolos de su infancia como el Chapulín Colorado. Recuerda de manera especial a los beisbolistas  Antonio Armas, Baudilio Díaz y Víctor Davalillo. " Y a mi ídolo, un jugador norteamericano de las Águilas del Zulia, Lamar Johnson". Esto confirma que el béisbol y el vino también pueden darse la mano.

Sobre lo más duro en este alejarse de Venezuela, es enfático en que todos los días son difíciles. Al igual que muchos, esas dificultades se crecen al comienzo, como para hacer vacilar. El invierno contribuye. "Sobre todo el mes de febrero, el más frío y húmedo". Pero desde hace cuatro años otra sensación llega ese mes. "Es la preparación de la primavera". Sin duda, un mes clave para un productor de vinos. En cuanto al frío, se las arregla para ir a lugares más cálidos.

Si Pomar lo hizo descubrir el vino, el enólogo francés, Bernard Laurent lo empujó hacia esta pasión pues le brindó confianza. Hoy, en esa tierra bendita por Baco, Burdeos,  es el dueño de Clos des Moiselles,  que ya tiene en su haber una medalla de oro otorgada por Wines Challenge International. "He sido seleccionado entre los 101 mejores vinos por un conocido periodista norteamericano". Y ya que este alumno de Michell Roland habla de periodistas, le preguntamos si le preocupa la opinión de ese gurú llamado Robert Parker.


El mismo día de esta conversación lo visitaba y quedó muy satisfecho con Clos des Moiselles. "Creo que es un buen catador, tiene la suerte de poder probar y conocer los vinos más grandes del mundo y la libertad de decir lo que piensa.

El problema es que hay viticultores que sólo les interesa la opinión de Parker para vender más caros sus vinos". Para Oswaldo el vino es una pasión. "La razón de este trabajo es el disfrute de una botella. El vino está hecho para beberlo, para que sea un verdadero placer sensorial".

Con su acento caraqueño que se riñe con un dejo afrancesado, transmite su espíritu curioso que se refleja en la lectura de todo lo que cae en sus manos. La biografía de Neruda y los poemas del Nobel chileno, regalo de su madre, son compañeros inseparables y no podía ser de otra manera, ya que hacer vino es un acto de romanticismo.


UN CARAQUEÑO TRAS LOS HILOS DE LA JUSTICIA EN FLORIDA
En julio de 2007, Federico A. Moreno se convirtió en el primer hispano en ocupar el cargo de juez principal de la Corte del Distrito del Sur de Florida. El responsable de la principal corte de Miami, que cuenta con más de 550 empleados y 18 jueces de distrito, es venezolano. Nació en Caracas el 10 de abril de 1952 pero se crió en Indiana. Tras estudiar Relaciones Gubernamentales e Internacionales en la Universidad de Notre Dame, obtuvo su título de abogado en 1978 en la Universidad de Miami.Su larga trayectoria como magistrado incluye el haber dictado la sentencia de culpabilidad de los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela, considerados los capos del cartel de Cali. También ordenó, en 2006, el regreso a Estados Unidos de 15 cubanos que habían sido repatriados por la Guardia Costera. Según Moreno, el puente al que se habían aferrado los isleños sí era tierra firme y, por tanto, debían ser amparados por la política de los "pies secos, pies mojados".
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