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MAYTE NAVARRO
EL UNIVERSAL
Agricultor y artista, esclavo y soñador, hedonista y
masoquista, alquimista y contable. El viticultor es todo eso
y así ha sido desde el Diluvio Universal. De esta manera
se expresa una de las autoridades del mundo del vino,
Hugh Johnson. Esta frase además de describir a una personalidad
también indica que ese amor por el vino no es nada nuevo
en la humanidad.
Un venezolano que podría coincidir con ese retrato hablado
es Oswaldo Hernández, un joven que, buscando los mejores
vinos, se fue a Francia, después de hacer una pasantía
en Pomar, la única bodega venezolana. No se conformó
con disfrutar de una copa de excelente licor sino que se trazó
como meta producir buen vino.
¿Y cómo sucedió? "Si digo que fue por vocación
ni yo mismo me lo creería. Sólo quería vivir
algo diferente, exprimirme plenamente. Quería hablar
otro idioma que no fuera el inglés, que en esa época
era el futuro de los jóvenes. Como Francia es el país
del vino y la cultura, lo escogí. Tenía poco más
de 20 años. Me creía invencible. Nada me perturbaba.
Hoy en día sigo sintiendo esa misma sensación.
La niñez de Oswaldo fue absolutamente feliz. Su padre
era periodista y lo llevaba a programas de radio y televisión
donde este enólogo conoció artistas y a los ídolos
de su infancia como el Chapulín Colorado. Recuerda de
manera especial a los beisbolistas Antonio Armas, Baudilio
Díaz y Víctor Davalillo. " Y a mi ídolo, un
jugador norteamericano de las Águilas del Zulia, Lamar
Johnson". Esto confirma que el béisbol y el vino también
pueden darse la mano.
Sobre lo más duro en este alejarse de Venezuela, es
enfático en que todos los días son difíciles.
Al igual que muchos, esas dificultades se crecen al comienzo,
como para hacer vacilar. El invierno contribuye. "Sobre todo
el mes de febrero, el más frío y húmedo". Pero
desde hace cuatro años otra sensación llega ese
mes. "Es la preparación de la primavera". Sin duda, un
mes clave para un productor de vinos. En cuanto al frío,
se las arregla para ir a lugares más cálidos.
Si Pomar lo hizo descubrir el vino, el enólogo francés,
Bernard Laurent lo empujó hacia esta pasión pues
le brindó confianza. Hoy, en esa tierra bendita por Baco,
Burdeos, es el dueño de Clos des Moiselles,
que ya tiene en su haber una medalla de oro otorgada por Wines
Challenge International. "He sido seleccionado entre los 101
mejores vinos por un conocido periodista norteamericano".
Y ya que este alumno de Michell Roland habla de periodistas,
le preguntamos si le preocupa la opinión de ese gurú
llamado Robert Parker.
El mismo día de esta conversación lo visitaba y
quedó muy satisfecho con Clos des Moiselles. "Creo que
es un buen catador, tiene la suerte de poder probar y conocer
los vinos más grandes del mundo y la libertad de decir
lo que piensa.
El problema es que hay viticultores que sólo les interesa
la opinión de Parker para vender más caros sus vinos".
Para Oswaldo el vino es una pasión. "La razón de
este trabajo es el disfrute de una botella. El vino está
hecho para beberlo, para que sea un verdadero placer sensorial".
Con su acento caraqueño que se riñe con un dejo
afrancesado, transmite su espíritu curioso que se refleja
en la lectura de todo lo que cae en sus manos. La biografía
de Neruda y los poemas del Nobel chileno, regalo de su madre,
son compañeros inseparables y no podía ser de otra
manera, ya que hacer vino es un acto de romanticismo.
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UN CARAQUEÑO TRAS LOS HILOS DE LA JUSTICIA EN FLORIDA
En julio de 2007, Federico A. Moreno se convirtió en el
primer hispano en ocupar el cargo de juez principal de la Corte
del Distrito del Sur de Florida. El responsable de la principal
corte de Miami, que cuenta con más de 550 empleados y 18
jueces de distrito, es venezolano. Nació en Caracas el
10 de abril de 1952 pero se crió en Indiana. Tras estudiar
Relaciones Gubernamentales e Internacionales en la Universidad
de Notre Dame, obtuvo su título de abogado en 1978 en la
Universidad de Miami.Su larga trayectoria como magistrado incluye
el haber dictado la sentencia de culpabilidad de los hermanos
Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela, considerados los
capos del cartel de Cali. También ordenó, en 2006,
el regreso a Estados Unidos de 15 cubanos que habían sido
repatriados por la Guardia Costera. Según Moreno, el puente
al que se habían aferrado los isleños sí era
tierra firme y, por tanto, debían ser amparados por la
política de los "pies secos, pies mojados".
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