La vida ha querido probarlo y Carlos Manrique le ha ganado el juego, utilizando la astucia y capacidad de trabajo para anotar puntos a su favor. En 1977 con 26 años, se fue a Europa sin otro equipaje que una maleta llena de proyectos, sueños y ganas de conocer el Viejo Continente. A dedo recorrió Francia, Italia, Austria y Alemania, donde decidió hacer su centro de operaciones. El arte era su objetivo, pues estudió dibujo, pintura, escultura y grabado en la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas. Sus maestros, los consagrados: Alirio Rodríguez, Ramón Vásquez Brito, Luis Guevara Moreno.
En Europa se trazó un objetivo, la Escuela Superior
de Arte de Colonia, pero para llegar a ella tuvo que ser buhonero,
lavaplatos, cocinero y mesonero. Sus dotes musicales
lo llevaron a ser cantante callejero. Con el tiempo hizo amigos
e ingresó, casi clandestinamente a la escuela hasta que
el profesor Pravoslav Sovak descubre que no estaba inscrito
ni tenía visa, pero sobre las faltas se colocaron su
capacidad e interés por aprender y trabajar, por lo que
en vez de amonestarlo, lo apoyó, lo convirtió en
oyente y lo preparó para el examen de admisión.
Él mismo explica que no había tiempo para lamentaciones.
Tenía que trabajar. Primero obtuvo, por parte del Estado,
un taller en el centro cultural Bürgerhaus Stollwerck,
Colonia y expuso en la Galería Koppelmann.
"Tenía un aviso grande en la fachada con luz, donde
anunciaba mi nombre, en ese entonces todavía era estudiante".
En el abrirse camino hacia la plástica estuvo presente la música, algo que no ha dejado. De tocar en la calle ritmos caribeños pasó a los clubes, donde fue una suerte de DJ y organizador de fiestas. Así fundó grupos de salsa. Actualmente tiene bajo su responsabilidad llevar la salsa de los 70 en el club Coellner y como buen bailarín se ha propuesto enseñarle los secretos de mover las caderas a los germanos. Así, entre una exposición, como la realizada el año pasado en British Petroleum y en Kleinsassen, en Alemania y venir a Venezuela a montar Colorista a Gran Escala, o participar en la FIA, también deja su arte en en las salas de baile germanas. Actualmente trabaja con una agencia que presenta las mejores fiestas y logra reunir hasta 4.000 personas. Es Yuka, que le entrega la musicalización de más de 30 bailes al año. Su repertorio para esas fiestas lo integran el latín jazz, salsa, merengue, bachata, vallenato y música brasileña, de la que tiene una colección de antología. Se encarga de hacer los afiches e invitaciones. Pero cuando está en su taller, Stravinsky y Tchaikovski llenan su alma.
Con sentimiento confiesa que le es más fácil exponer en Alemania que en Venezuela. No pierde su relación y agradecimiento para con galeristas como Magdalena Arria. Mayte Navarro
Allá tal como aquí. Tambores de Carlos Manrique es el nombre de una de las instalaciones del autor. En 2001 la presentó por primera vez con niños de Caracas en el Museo Jacobo Borges y en el mismo año la montó con niños de Cuxhaven, Baja Sajonia, Alemania, dirigida por la galería Format.
Coleccionistas. Entre los coleccionistas
de arte donde aparecen obras de Carlos Manrique está
la de M. Jürgen Mahnert, ya fallecido. El Museo
de la Estampa de México posee trabajos de Corina Briceño.
Asdrúbal Colmenárez forma parte de varias colecciones
privadas de Francia, ademas de Carlos Cruz Diez y Jesús
Soto, los más internacionales, que ocupan lugar especial
en colecciones norteamericanas.