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ELIANA LOZA SCHIANO
PERIODISTA
Comenzó siendo la muy temida Sagrada Congregación
de la Romana y Universal Inquisición, fundada en 1542
por el papa Pablo III para defender a la Iglesia de las herejías,
en 1908 pasó a ser el Santo Oficio, hasta que el Concilio
Vaticano II la llamó Congregación para la Doctrina
de la Fe. Durante muchos años la dirigió el cardenal
Joseph Ratzinger, hasta su elección como papa Benedicto
XVI. Allí trabaja un selecto grupo internacional
de sacerdotes, entre ellos, el único venezolano, Monseñor
Gerald Cadieres Araujo.
Alto y corpulento, de cara joven y sonrisa bondadosa, me
recibe en el número 11 de Piazza del Santo Uffizio este
maracucho funcionario de la Santa Sede para explicarme a qué
se dedica un "inquisidor" en el siglo XXI. "Bueno, ya
no hay inquisidores, por supuesto", dice con una sonrisa
aseguradora, "hoy en día nuestra tarea se centra en el
discernimiento de las doctrinas".
La tarea de esta Congregación, según definición
de Juan Pablo II es "promover y tutelar la doctrina de la
fe y la moral en todo el mundo católico", por lo que
"todo aquello que, de alguna manera toca este tema, cae bajo
su competencia". Según el sacerdote, partiendo de ''la
Verdad que nos fue regalada por Dios, la verdad de la fe",
la Iglesia debe explicar las doctrinas en todas las épocas,
porque las problemáticas cambian con los tiempos pero
se responde "con la misma Verdad, que es una, ayer, hoy y
siempre, lo que hay que hacer es adaptar el lenguaje para
que sea más accesible". Al mismo tiempo, es necesario
"corregir los errores que, sin intención, ocurren por
nuestra limitación humana".
Monseñor Cadieres no cree que la época actual sea
más difícil que las pasadas, porque la Iglesia siempre
ha tenido dificultades, ha debido enfrentar críticas
y persecuciones, hoy en día hay nuevas temáticas:
los avances de la ciencia y las consecuentes reflexiones sobre
la bioética y la relación del ser humano con la
vida y la muerte, la manipulación genética y sus
insospechados límites; las relaciones con otras religiones
y culturas; la distancia entre ricos y pobres, muy drástica
en muchos países católicos; la urgencia de proteger
el medio ambiente, "... es un trabajo muy arduo para la Iglesia
que, a partir de las verdades que conocemos y que tenemos
que profundizar, trata de responder en breve tiempo a muchas
de estas nuevas preguntas".
Atrás quedó la oscuridad de la Inquisición,
se han ido operando cambios para ir al paso de los tiempos
en una Iglesia que "ha demostrado una capacidad de adaptación
brillante". La clave está en la "sincera intención
de diálogo con el mundo" que caracterizó al Concilio
Vaticano II, a partir de allí cambia desde la liturgia,
hasta la posición frente a temas como el aumento de la
población mundial, el gran desequilibrio económico,
la dignidad de la mujer, la importancia de la juventud, el
valor de la vida humana desde la concepción hasta su
fin natural, "son todas contingencias históricas y el
Señor espera que encontremos respuestas a los interrogantes
de los hombres", indica el sacerdote.
Destaca como otro cambio que la democracia del siglo
XX llegó al gobierno eclesiástico, que es monárquico
y colegial, pero ambos elementos ahora son paralelos y complementarios.
"Desde afuera no se aprecia que todo se hace en forma colegial
luego de un proceso de consultas largo y profundo y sólo
cuando hay consenso se presenta al Papa, que tiene la palabra
final".
Para Cadieres estar ocho años al lado del
Cardenal Ratzinger. "Fue una experiencia interesantísima,
se trataba de trabajar con un teólogo de primerísima
línea y de gran influencia, cuyos libros sirvieron para
nuestros estudios de Teología, colaborar con una persona
de esta estatura evidentemente demanda mucho, pero la tarea
de tanta precision era facilitada por su inmesa capacidad
intelectual. Tiene un conocimiento vastísimo de la historia
y de las realidades de la iglesia universal, ha tratado personalmente
con el episcopado de todo el mundo. Además, tiene una
memoria asombrosa, realmente increíble, una gran humildad
y una educación finísima, yo siempre lo vi sereno",
describió el presbítero.
Monseñor Gerald Cadieres, nació en Maracaibo
el 3 febrero 1961. Desde que tuvo uso de razón fue consciente
de su vocación sacerdotal. Se formó en Venezuela,
Estados Unidos y Roma. Realizó una gran actividad pastoral
en el estado Zulia.
Su carrera se vio enriquecida al ser designado
para la organización de la segunda visita de Juan Pablo
II a Venezuela en 1996. De allí, no sabe bien cómo,
fue llamado a prestar sus servicios, el 1 de octubre de 1997,
en la Congregación para la Doctrina de la Fe, donde es
Asistente de Secretaría de primer nivel. Después
del fallecimiento del cardenal Rosalio Castillo Lara, es el
único venezolano en la Curia Romana.
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