CARACAS, domingo 24 de junio, 2012 | Actualizado hace
El Gobierno insiste en que la solución al problema de las cárceles es soltar a los detenidos. Los malandros te roban, asaltan, secuestran o matan. La policía los detiene, y la ministra los suelta. ¿Será que todos los malandros son de un grupo político?
El delicado problema de las cárceles no se resuelve soltando a los penados, deben pagar su condena como debe ser, incluso los que puedan salir por orden de un tribunal, perfecto, pero no por decisión política de la ministra. Hay que erigir nuevas cárceles, darles un oficio, hacerlos útiles.
Es necesario asumir una actitud diferente hacia los presos, no vendiéndoles armas es como se solucionan las dificultades, porque si hay algo que tienen nuestros detenidos son armas, un gigantesco arsenal. Todas las armas entran por la puerta grande. En lo que quedó de La Planta encontraron miles de cartuchos pero no hay ni un solo detenido ni se habla de investigaciones. El Gobierno no puede ocultar su responsabilidad en este terrible delito.
Las novelas son obras de considerable extensión en la que se describen y narran acciones fingidas imitando las de la vida real.
Cuando menciono el final de una novela me refiero a la de la "misión lástima" sobre la "supuesta enfermedad" que padece el primer mandatario venezolano.
Si no me equivoco creo que más del 85% de nuestra población creían que el Presidente si estaba enfermo, y los restantes decían que no, entre ellos el suscrito, para darnos cuenta que es una estrategia política, como el montaje de los nuevos supuestos candidatos inscritos ante el CNE a las presidenciales.
Resucitar es volver a la vida a un muerto y en esta obra no lo hubo. Termino con un mensaje: el figurativo de resucitar es dar nueva vida y nuestra población la necesita. ¡En ti está que resucite nuevamente el país!
Como caraqueño veo con sorpresa cómo se aprueban proyectos para mejorar o remozar algunas caminerías y plazas de la ciudad capital, que me hacen exclamar: "peor fue el remedio que la enfermedad". Y es que con solo ver la degeneración de la estética urbana en plazas tradicionales caraqueñas como la de El Valle, Pérez Bonalde y la rojita Plaza Caracas, como muestras, me doy cuenta de la indolencia y el poco amor que se tiene por los espacios públicos.
Con la de El Valle ya perdí el número de remodelaciones que ha sufrido. La de Pérez Bonalde es aún peor, porque parte de su estructura tradicional (orgullo de sus vecinos) está siendo demolida sin respetar su historia y arquitectura. Por último, la plaza Caracas ha sido víctima en varias ocasiones de la más ruda depredación política, y es actualmente, una especie de mercado a cielo abierto.
Sé que es mucho el dinero en juego a la hora de realizar una obra de este tipo, pero nada justifica el deterioro de lo que estaba bien, solo para engordar los bolsillos de los criminales del urbanismo público.
Hemos escuchado tantas cosas de la enfermedad del presidente Chávez que no sabemos a qué atenernos. Por ahora, no sabemos si lo maquillan para que parezca enfermo o si lo maquillan para que se vea sano. Que hay Chávez por siempre, hasta que de pronto esté ausente.
Lo que sí es cierto es que no se debe jugar contra la paz de un país creando un engaño de estar enfermo sin estarlo, para beneficiarse políticamente, o peor aún, sabiendo que está enfermo crear la incertidumbre de ser un presidente que no podrá cumplir con un nuevo mandato y se deje a la nación en la deriva de un socialismo que no tiene ni pies ni cabeza.
¿Seis años más de gobierno? Si van catorce años de depredación económica, aberración educativa, corrupción, degradación y degeneración social del país, de lo que nos va a costar recuperarnos. No volverán pero tampoco seguirán los actuales. Hay un camino.
Se había aplacado un poco la continua y reiterada falta de respeto al pueblo de "el que te conté", de ponerse en cadena cuando le viene en gana, con esas largas y tediosas peroratas, con el mismo discursito desde hace 14 años, cargados de insultos y chistes de mal gusto, donde abundan (como es su costumbre) las promesas que jamás se cumplen, las mentiras y los engaños que fastidian, enferman y que ya nadie quiere oír; sólo sus acólitos conchupantes que, por ser caimanes del mismo pozo, tienen que soportarlo por cuidar sus cuoticas de poder y las oportunidades de autoayuda que les brinda el Gobierno para subsistir y soportar las incomodidades del capitalismo perverso, heredados del imperialismo mesmo; sacrificándose al tener que asistir "voluntariamente" para aupar sus ocurrencias de orate desmedido, celebrar sus chistecitos y aplaudirlo hasta rabiar.
¿Si supiera en quién y qué pensamos y cómo nos gustaría gritar a todo gañote cada vez que anuncian una cadena? Pero, no lo podemos transmitir porque somos personas educadas, de principios, amantes de la democracia; por respeto al pueblo y por supuesto a nosotros mismos.
Si en verdad padece de tan cacareada enfermedad, en vez de fastidiar en cadena nacional jugando con la sensibilidad del colectivo, utilizando la más baja y vil de las estrategias, estimulando sentimientos de lástima para obtener votos en las próximas elecciones presidenciales, debería aprovechar esas largas horas en restablecer la salud, que buena falta le harían.
La libertad y la justicia son los valores supremos que constituyen los profundos cimientos para poder conquistar el fin último del hombre sobre la Tierra: El bien común.
Pero para que esta sublime misión se transforme en un hecho que produzca frutos que dignifiquen los países deben creer con más fe que poder en los valores morales, éticos y espirituales. Donde una sociedad organizada, entendiéndose ésta, como el Estado, gobierno, comunidad e instituciones se comprometan a configurar un lazo de unión que ni el odio ni la ignominia pueda nunca más desatarlo.
Simón Rodríguez, el gran maestro del Libertador, en uno de sus sabios y lapidarios pensamientos expresaba que la emancipación de los pueblos no solo era política, económica o social. Sino que la verdadera independencia es aquella donde los republicanos enarbolen con hidalguía la bandera de los Tres Respetos: respeto por la vida, a la propiedad y el respeto por la reputación. Esas virtudes civilizadoras, metafóricamente hablando, simbolizan el escudo protector contra cualquier peligro o amenaza que pueda echar la paz y la democracia al abismo. Este esclarecido venezolano predicaba con vehemencia y lucidez que la calidad en la educación y en la enseñanza desde la niñez es el mejor antídoto para evitar que los hombres del futuro sean presa fácil de la infame sumisión.
El régimen venezolano actual ha estado invirtiendo ingentes sumas de dinero del presupuesto nacional para crear y sostener una serie de "Misiones", para ayudar a la población necesitada (en atención médica, alimentación, vivienda, protección social).
Todo esto nos parece bien, pues rinde beneficios a esa población y créditos políticos al régimen. Pero mejor estaría que se invirtiera también en mayores esfuerzos y recursos en la creación de fuentes de trabajo y educación, a todos los niveles; y se diera acceso y se facilitara el ingreso de esa gran masa de desempleados y desocupados "obligados", en la ejecución de obras de beneficio común, como la construcción y mantenimiento de la infraestructura física del país, que luce tan abandonada por parte de los organismos oficiales.
En este país hay mucho que hacer todavía; y aún sigue vigente la vieja consigna que usaba ese ilustre venezolano que fue Arturo Uslar Pietri: "Sembremos el petróleo, en desarrollo y bienestar para todos".
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