CARACAS, domingo 17 de junio, 2012 | Actualizado hace
Una de las constantes en el gobierno chavista es la agresión permanente de las universidades. Una y otra vez el teléfono de Miraflores ha funcionando para dictar las ordenes pertinentes en lo que se refiere a la violencia en contra de la academia y las interferencias del Ministerio de Justicia en detrimento de la autonomía.
Con relación a la violencia, no solo el patrimonio de las universidades ha sido destruido, con bombas incluso, sino que los universitarios han sido atacados con saña, por las brigadas fascistas, ante la mirada complaciente de las autoridades policiales. Brutalidad de la buena.
La autonomía universitaria, por ser la esencia del espíritu académico, ha sido blanco muy frecuente del miedo gubernamental. He llegado a la conclusión que hay miedo del Gobierno por la soberanía universitaria, a pesar de que no nos hemos defendido como deberíamos, todavía el concepto nos protege y los envuelve en su infamia y deshonor. Los dictadores vienen y van pero el libre albedrío ha sobrevivido.
Se busca un genio. Aquel que logre explicarles a todos los venezolanos la razón particular del porqué, cuando una determinada calle o avenida del país parece literalmente la superficie lunar, y por largo tiempo ésta ha dañado o empeorado la suspensión de cualquier vehículo automotor, de pronto surge la esperanza... Aquella superficie lunar se transforma en la misma pero peinada o raspada, sin la capa nueva de material asfáltico que ésta requiere.
¿Cuál es la razón específica del porqué no pueden hacer todo el trabajo de una vez? ¿Por qué someter al parque automotor a todo tipo de tensión física para terminar de destartalarlos?
¿Falta una firma? ¿Se acabó el asfalto? ¿Se dañó la máquina? ¿Se peinaron el presupuesto?
Solo existe una máquina a nivel nacional o cualquiera de las anteriores.
Los tratados o pactos internacionales suscritos por la República que protejan derechos humanos fundamentales poseen jerarquía constitucional (artículo 23). Cuando el Gobierno pretenda menoscabar garantías de rango constitucional, la Carta Magna establece en su artículo 25 que dichos actos serán nulos, en concordancia con el principio de la debida y necesaria participación del ciudadano.
Si el Estado pretende eliminar o modificar los tratados internacionales, eliminando potestades de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), o de otras instituciones internacionales que resguardan derechos fundamentales frente a violaciones del Estado, dichas modificaciones por ser de rango constitucional deben ser consultadas o ratificadas mediante referendo aprobatorio por el pueblo; en cumplimiento con la participación ciudadana que deben esperar los Estados miembros de la OEA para aceptar cualquier alteración de garantías que involucren al pueblo venezolano, de lo contrario, dichas modificaciones tendrán un vicio de nulidad absoluta en Venezuela, que no afectarán los derechos establecidos.
El antipático tono de voz y el texto que emplea la cuña del CNE, cuando expone las características de las máquinas de votación, pareciera haber sido muy estudiada para aleccionar de manera determinante y sin objeciones.
Sin embargo, encuentro ciertos detalles técnicos que desvirtúan la contundencia del mensaje. Dice el discurso que las captahuellas son "un componente inseparable de la máquina de votación y la desbloquea"; inseparable no es, yo diría que es caprichosa, porque antes nunca fue necesaria su adhesión a la máquina.
Luego dice que dicho artilugio es capaz de "identificar la identidad del votante y autorizar su voto", toda una declaración violatoria del anonimato del voto".
Por último, afirma: "garantiza que ningún ciudadano vote dos veces", si la tinta indeleble y los cuadernos electorales los aprueba el CNE, además que el Saime es el que otorga las cédulas de identidad, solo esos órganos podrían generar algún intento de duplicidad de un voto. Eso demuestra la pura alienación electoral.
No se trata de confiscar, expropiar, robar, intervenir sin antes tener un proyecto creíble, sustentable, concertado y discutido con los conocedores en la materia, que justifique en gran medida dichas acciones.
Todos los actos que se llevan a cabo con soberbia y mala fe, conducen al fracaso. Confiscar una industria sin contar con el personal idóneo, apropiado y preparado para conducirla, será un fracaso.
Expropiar unos terrenos urbanos para construir conjuntos habitacionales multifamiliares, sin antes adecuar los servicios, será un fracaso. Intervenir unas haciendas productivas, sin tener idea de quiénes continuarán su producción, siempre será un fracaso.
Ensamblar vehículos populares familiares, indiscriminadamente, aumentando el parque automotor individual, sin antes construir nuevas vías, acondicionar ni reparar las existentes, sin lugar a dudas será un fracaso.
Construir un conjunto de casas, creando un caserío, sin antes proyectar y desarrollar el urbanismo, vale decir que es un fracaso.
Reparar las vías, sin coordinación, inspección ni un conocimiento técnico mínimo; escarificando prematuramente y en exceso, con retardos significativos para realizar el reasfaltado y muy tardíamente o nunca colocar el rayado, es un fracaso. Hay otro camino.
Con esa paráfrasis titulé una pieza de teatro universitario al final de la adolescencia. Como es natural a esa edad, salvo en casos de problemas mentales, uno cierra el capítulo de las ideologías hormonales -en mi época comunismo, revoluciones varias, contracultura hippie- para pasar a asuntos más de adultos. La pieza ironizaba sobre cómo la izquierda simultáneamente condenaba y aspiraba a la condición burguesa, resultando la condena una hipocresía y la aspiración algo natural, porque nadie más o menos normal pertenece al proletariado porque quiere.
Cuarenta años después, caída del muro de Berlín de por medio, el fulano comandante califica de "burgués" al candidato de la oposición queriendo insultarlo, cuando hoy el único logro de las revoluciones proletarias ha sido, tiro por la culata, aburguesar a un porcentaje del proletariado, mientras su más miserable fracaso ha sido quitarle incluso esa esperanza (Cuba, Corea del Norte). Por eso la fulana revolución de por estos lares intenta desesperadamente mantener algo de esa esperanza a su favor, endeudando al país para regalar una serie de productos burgueses tales como lavadoras, televisores pantalla plana y llaves de apartamentos.
Todos los venezolanos estamos esperando que el 7 de octubre sea el día que defina nuestro futuro como país: democracia o comunismo. Sin embargo, la caminata del domingo 10 de junio de 2012 que acompañó a Henrique Capriles a inscribir su candidatura a la Presidencia de la República creó un buen pronóstico para definir el rumbo que tomaremos a partir del 7-O. Esta caminata no tiene otra palabra que la califique que no sea apoteósica.
Por lo tanto, a los traidores de la patria que han utilizado todos los medios inescrupulosos disponibles para acabar con nuestro país, les recomiendo que vayan haciendo sus maletas si no quieren tener que huir como cuando se abandona un barco hundiéndose, o por el contrario en medio de su arrogancia deciden medirse frente a Henrique Capriles.
Al candidato de la unidad democrática le va a tocar un trabajo titánico, el devolvernos con mucha dignidad al sitio que merecemos en el mundo democrático; un país en ruinas pero en vías de recuperación, luego de largos años de ser reiteradamente violado por una serie de delincuentes cuyo norte ha sido siempre el poder y el dinero, ésos en quienes el amor a la patria nunca estuvo presente.
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