Reacción en cadena
Lo delicado es que la seguridad mundial siga tratándose como asunto "voluntario y nacional"
Si por un momento pensaste que el accidente nuclear de Fukushima acabaría con la energía atómica, Yukiya Amano tiene noticias para ti: se calcula que en los próximos 20 años se fabricarán entre 90 y 350 nuevos reactores, que sumados a los 432 existentes, aseguran el futuro de la industria. A pesar de la crisis.
Amano es director de la Organismo Internacional de la Energía Atómica, y al clausurar su reciente conferencia general, aplaudió la aprobación de nuevas medidas de seguridad para la industria. Estamos hablando de normativas voluntarias que los países adoptarán bajo la supervisión de reguladores nacionales.
Así es. Medidas voluntarias y supervisadas por autoridades soberanas. Nada de obligaciones o controles internacionales. Alemania, Francia y Canadá, entre otros, pedían medidas más fuertes y de carácter global. Estados Unidos, China, Pakistán e India se opusieron de plano. Al final prevaleció la idea de que el tema atómico se discute fronteras adentro. El propio Amano se quedó con una propuesta engavetada: que la OIEA supervisara de manera aleatoria el 10% de las centrales mundiales.
Paradójicamente, la firma de estas normas ocurrió la misma semana en que el tifón Roke amenazó las ruinas de Fukushima y una explosión en el complejo nuclear francés de Marcoule dejó saldo de un muerto y cuatro heridos, sin que se registraran fugas radioactivas. En Alemania el gobierno ratificó el compromiso de abandonar la energía nuclear para el 2022, y una de sus empresas banderas, Siemens, anunció que se saldrá del negocio atómico. Por su lado, Irán inauguró su primera central con tecnología rusa.
Si pensabas que tras Fukushima la energía atómica estaba de salida, la verdad es que entre la demanda por electricidad y el dinero que está en juego, la reacción en cadena no se detiene.
No importa que el mercado de Uranio esté a la baja o que la crisis económica limite los presupuestos de desarrollo. Nos guste o no, la energía nuclear llegó para quedarse.
Lo delicado es que la seguridad mundial siga tratándose como asunto "voluntario y nacional" cuando el impacto de esta tecnología, para bien o para mal, tiene alcance global. La radiación no conoce fronteras.
eli@inspirulina.com
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