Venezuela nunca ha estado en situación de default desde el siglo XIX...
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Al Sr. Carlos Calderín Fernández, in memóriam
Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff realizaron una investigación histórica, la cual arroja luz ante los dos problemas económicos más reseñados hoy día: riesgo de incumplimiento para la deuda soberana y los efectos, aún persistentes, de la crisis financiera.
Ambos autores publicaron la obra, que ya cuenta con traducción del FCE de España (2011): Esta vez es distinto: ocho siglos de necedad financiera. El presente artículo sólo incorpora un papel de trabajo, casi con ese mismo título, y otro, "Las consecuencias de las crisis financieras", escritos en 2008 por esos ellos.
Antes de reseñar algunas conclusiones, los dos investigadores merecen tributo. Han recopilado información desde el Medioevo. Es un trabajo titánico. Por cierto, entre sus fuentes está el venezolano Asdrúbal Baptista.
El síndrome que ellos identifican como "Esta vez es diferente", incluye la celebración porque los gobiernos en mercados emergentes tienen mayor financiación doméstica en su deuda pública. Con esto se cuestiona la tesis del "pecado original", según la cual la maldición para los países menos desarrollados es que son incapaces de emitir deuda en su propia moneda y tienen que recurrir a emisiones en "moneda dura", como el dólar. La evidencia histórica señala que durante el lapso más próximo al incumplimiento financiero por el Gobierno, había creciente inversión en deuda soberana por ciudadanos del propio país.
Sobre el tema de los incumplimientos en deuda soberana, sólo han quedado sin default y moratoria histórica Inglaterra, EEUU, Australia, Nueva Zelanda, Bélgica y los países escandinavos. Un peligroso indicador es que España y sus excolonias tienen frecuencias altas: España con 13 episodios de incumplimiento desde 1476, y Venezuela 10 desde 1826.
Los autores han equiparado los incumplimientos financieros con las reestructuraciones financieras. El argumento es que las importantes pérdidas en ambos casos, incluso en default, algo se recupera, y que los tenedores de los instrumentos se quedan con títulos menos rentables e ilíquidos. Aunque justifiquen que es el punto de vista prevaleciente en la literatura sobre el tema, puede discreparse. Las refinanciaciones generalmente afectan las provisiones del acreedor, mientras la moratoria va directamente a su cuenta de pérdidas. Además, una reestructuración como el Plan Brady dio a quienes tenían deuda externa latinoamericana, títulos con mayor respaldo financiero y liquidez. El punto es esencial porque Venezuela nunca ha estado en situación de default desde el siglo XIX y le equiparan como tal los episodios de reestructuración o control cambiario en 1983, 1990, 1995 y 2004. La lectura que haga alguien sobre el artículo (escrito en abril de 2008, y entre los más citados, según Google) colocará a Venezuela como el país latinoamericano con más cantidad de defaults en deuda soberana, si bien Brasil, Chile y Ecuador protagonizaron nueve. Por curiosidad, en el siglo XIX sorprende la cantidad de incumplimientos y reestructuraciones por los gobiernos de España -1809, 1820, 1831, 1834, 1851, 1867, 1872, 1882- y Venezuela -1826 [como parte de la Gran Colombia], 1848, 1860, 1865, 1892 y 1898.
En el trabajo sobre secuelas de las crisis financieras, el grueso de las conclusiones incluye lo que Reinhart y Rogoff consideran los 5 grandes episodios más recientes de crisis financieras en países desarrollados: España (1977), Noruega (1987), Finlandia (1991), Suecia (1991) y Japón (1992). En mercados emergentes consideran la crisis asiática de 1997-1998, Colombia en 1998 y Argentina en 2001.
Los resultados promedio, todos en valor real, alarman. Los precios de la vivienda caen en total 35% y el desplome transcurre en un lapso de 6 años (España 1977 está casi en la media). Los índices para mercados de acciones, menos inerciales que el de vivienda, tienen caída acumulada de 55% en un lapso promedio de 3 años y medio. El desempleo aumenta en 7 puntos porcentuales y persiste la situación de creciente desocupación por 4 años, si bien afecta menos a mercados emergentes con más economía informal. El PIB cae 9%, si bien el declive dura 2 años, probablemente por tener el PIB potencial una senda creciente. Y la deuda pública crece 86% en los 3 años siguientes a la crisis, siendo que dista de ser solo por rescate a bancos: hay menor recaudación tributaria y más ayudas sociales.
En suma, la historia es un referente para políticas y actitudes hoy.
cedice@cedice.org.ve
@cedice
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