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El dilema del banquero

Rescatemos el valor de la libertad. Por Venezuela, es una tarea que todos estamos llamados a cumplir

ANDRÉS F. GUEVARA B. |  EL UNIVERSAL
lunes 18 de julio de 2011  12:00 AM

Desde tiempos inmemoriales los banqueros no han gozado de buena fama en la sociedad. Basta balbucear la palabra "banquero" y lo primero que viene a la mente es un señor regordete que se hace millonario con el dinero de los demás, mientras aspira un puro y ondea su sombrero de copa por las aceras de Wall Street.

Esta imagen negativa ha permitido que el sector financiero constituya una de las áreas que más se ha visto afectada con el marco regulatorio desarrollado por el Gobierno venezolano. Y es que en menos de dos años las normas que regulan a los bancos y otras instituciones financieras, se han modificado una y otra vez con un solo objetivo: supuestamente hacer de los bancos organizaciones más justas, solidarias, tendientes al bien común.

Quienes promueven la existencia de esta banca "humanizada" desconocen que las instituciones financieras no pueden funcionar a cabalidad bajo el yugo de las leyes socialistas. El ataque injusto que reciben los banqueros por el hecho de acumular y crear riqueza, es el mismo que sufren los empresarios y cualquier otro emprendedor por el hecho de atreverse a prosperar e innovar.

En el caso de los bancos, sin embargo, la artillería retórica de la izquierda va mucho más allá. Ataca sin piedad a un punto neurálgico: el ahorro. Al contrario de lo que receta la brujería igualitarista y redentora, solo con la acumulación de capital es que se hace posible alcanzar el desarrollo. Como señala Von Mises, "el ahorro constituye la fuente única de capital". Si solo se consume se imposibilita la formación de capital.

Pero el ahorro no se realiza debajo de la cama o enterrando cobres cual tesoro en el jardín. El ahorro se gesta en los bancos y en el mercado de capitales. Es allí donde el ahorro crece, se expande y les confiere a los ahorristas la posibilidad de emprender proyectos, sueños, aspiraciones propias de todo individuo en sociedad.

La banca, de este modo, otorga a los ciudadanos un reconocimiento ante el mundo que difícilmente se logra en otros espacios. Cada persona que realiza operaciones bancarias forma parte de un ensamblaje institucional que le permite acceder a condiciones de civilización que décadas atrás habrían sido impensables. ¿Podía un campesino soviético acceder a un crédito para constituir un negocio? ¿Podía un joven universitario obtener su primera tarjeta de crédito?

Partiendo de la idea según la cual nos desenvolvemos en un orden espontáneo, cada uno de los intercambios que se desarrollan en la sociedad obedecen a una serie de elementos que difícilmente podrán ser regulados, ponderados y previstos por la autoridad planificadora. El poder del ahorro, en este sentido, debe venir acompañado de la maximización de las libertades económicas. En un clima hostil a la libertad, difícilmente los bancos podrán realizar sus operaciones de intermediación financiera de forma tal que todos se beneficien.

Con ello no se quiere llegar al lugar común de quienes atacan la cultura liberal señalando, sin más, que no deben existir regulaciones bancarias. El tema fundamental es qué debe regularse y cómo regularse. Una banca hiper regulada y amordazada está condenada a desaparecer. No puede llegarse al extremo acaecido en Venezuela durante el bienio 2010-2011, período en el cual la Ley General de Bancos y Otras Instituciones Financieras -hoy Ley de Instituciones del Sector Bancario- se ha modificado, hasta la fecha, tres veces, y ya en el corro financiero se habla de una nueva enmienda.

La nueva norma, tendiente a instaurar el incierto concepto de "banca pública", probablemente será un fracaso. Al igual que casi todas las decisiones de política económica desarrolladas por el socialismo bolivariano tiene un enorme defecto: la desconfianza.

La verdadera democratización del capital no vendrá del vaivén antojadizo del dedo de un burócrata, sino de la libre iniciativa auspiciada por los banqueros y su valiosa labor hoy sometida al escarnio. En la medida que nos despojemos de prejuicios sustentados en simplificaciones falaces seremos capaces de alcanzar una sociedad libre.

Como dijo Carlos Rangel: "Tenemos la posibilidad de vivir una sociedad reconciliada consigo misma y con su situación relativa en el mundo como algo no perfecto". Dejemos a un lado la pauperización de las ideas, conducentes al fracaso y la servidumbre. Invirtamos nuestro tiempo y esfuerzo en esta cruzada. Rescatemos el valor de la libertad. Por Venezuela, es una tarea que todos estamos llamados a cumplir.

cedice@cedice.org.ve

@cedice



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Comentarios (1)
Por José R Pirela
18.07.2011
1:27 PM
Debemos cambiar Imposición y sumisión por contribución y libertad. Es la contribución libre de voluntades lo que crea, innova y desarrolla. La imposición y regulación de los Gobiernos limita, estanca y retrocede a las sociedades. Los estratos populares y los políticos populistas deben entender que se necesita de su contribución para resolver los problemas, no deben seguir siendo parte del problema. Democracia es libertad ciudadana, libertad para pensar, para decir, para expresar, para trabajar, para tener, para vender, para ahorrar, para invertir, libertad para sentirnos ciudadanos útiles, es la manera de sentirse dignos. Robando y confiscándole a otro su trabajo nos convierte en miserables predadores. La riqueza hay que regenerarla, depredarla es acabarla. Debemos estar alerta para rechazar toda imposición y regulación de la libertad ciudadana. Debemos develar la intención comunista de controlar la vida del ciudadano, de interferir en su crecimiento. No permitamos que nos controlen.
 
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