Empresas más pequeñas y nuevas pueden encontrarse con altas barreras a la entrada en este sector
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"Un tratamiento humanitario puede levantar al hombre más envilecido".
Fiódor Dostoyevski (1821-1881)
Los sucesos violentos ocurridos en junio de 2011 en El Rodeo I y El Rodeo II, invitan a pensar si existen soluciones, desde la perspectiva de mercado, para un problema de servicios públicos que la lógica socialista parece incapaz de resolver.
Entre 1998 y 2009 el saldo de violencia en las prisiones venezolanas acumula un total de 4.500 prisioneros fallecidos y más de 12.000 heridos. La población carcelaria en 2009 alcanzaba 32.624 personas. Además, existe el mismo número de instalaciones que en 1998, a saber, 32 prisiones. En EEUU el número de asesinados en las cárceles por otros presos, entre 2001 y 2007, totalizó 356... Sólo que en ese país hay más de 2 millones de presos.
Ya las prisiones venezolanas eran un desastre antes de la gestión del presidente Chávez, al punto que desde 1994 se reportaban cifras de hacinamiento elevadas. Sin cambiar las políticas públicas, difícilmente habrá mejoras en las condiciones carcelarias venezolanas.
La revolución bolivariana tuvo un momento de lucidez sobre el tema penitenciario en 2001, cuando comenzó a hablarse de privatización aplicando el sistema de concesiones. Para este tema de privatización penitenciaria la mejor referencia es el caso estadounidense. Con apenas 5% de la población mundial, EEUU alberga cerca de 25% de los reclusos existentes en el planeta. Es una nación donde casi un ciudadano por cada 100 está preso. El incremento en la población carcelaria se produjo especialmente a partir de la década de 1990, cuando se hicieron más severas las penas de cárcel y aumentó la propensión a poner tras las rejas y por más tiempo a quienes violaban la ley. En suma, mayor severidad judicial, si bien disminuye las tasas de criminalidad, genera más congestionamiento carcelario. Este mayor número de prisioneros incrementa el gasto público.
Desde 1979 en Estados Unidos se autorizó la operación de cárceles por empresas privadas. Estas tienen como principal fuente de ingresos los pagos que por cada preso hace el Estado. Incluso los detractores ideológicos del sistema reconocen que privatizar tiene un efecto inmediato en reducir los gastos referentes a personal.
La evidencia sobre los ahorros de costos en las prisiones privadas dista de ser conclusiva. Algunos resultados revelan reducciones de gasto que pueden alcanzar entre 10% y 15%. Otros hallan apenas 1% o hasta ausencia de ahorros. La gestión privada puede ser mala en algunas instalaciones. Las grandes corporaciones de la industria carcelaria, creadas en la década de 1980, CCA y GEO Group (antes Wackenhut) usualmente son las que cuentan con mayor experiencia y éxito en la gestión. Empresas más pequeñas y nuevas pueden encontrarse con altas barreras a la entrada en este sector.
Existe una diferencia sustancial entre las cárceles privadas y las públicas: la acreditación externa. En EEUU opera la asociación carcelaria ACA (American Correctional Association), responsable de validar que una instalación penitenciaria cumple con ciertos estándares de calidad de servicio. En 2005, solo 10% de las cárceles públicas de esa nación cumplían con las exigencias del ACA, muy por debajo del 44% alcanzado entre las cárceles privadas. Este aspecto de la auditoría externa es fundamental para que las cárceles funcionen bien. En el caso venezolano, podrían participar la Fundación Nacional de Edificaciones Penitenciarias y el Observatorio Venezolano de Prisiones.
La evidencia empírica tiende a respaldar que el menor hacinamiento al que da lugar la construcción y operación de cárceles por empresas privadas, reduce el riesgo de motines.
Lamentablemente, en la reincidencia criminal tanto cárceles públicas como privadas están dando resultados negativos en EEUU. Por esto es recomendable un enfoque penitenciario rehabilitador en lugar del punitivo. Desde una perspectiva fiscal, mediante condenas de plazo más breve y planes de reinserción social más veloces, se ahorraría mucho, porque un prisionero más viejo cuesta a las arcas públicas entre 2 y 3 veces más que uno joven, según la experiencia estadounidense.
El preso es un ciudadano. En este enfoque fue pionero el doctor Tulio Chiossone (1905-2001) con su obra La Organización Penitenciaria en Venezuela (1936). Sería justo homenajearle dando su nombre al proyecto de gestión privada para mejorar la calidad de vida de los presos venezolanos.
cedice@cedice.org.ve
@cedice
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