La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños tiene un futuro promisor
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La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), como consecuencia de la enfermedad del presidente Hugo Chávez, no pudo ser creada ni institucionalizada en la fecha prevista, sin embargo se le considera un proceso de integración regional indetenible. Cuando ingresamos en el primer gobierno de Caldera al servicio exterior, el mismo día y a diferentes destinos, en mi caso a Ginebra ante la Oficina Europea de Naciones Unidas, y en otros como el de Roy Chaderton ante el gobierno de Polonia, entre las instrucciones que llevábamos del entonces canciller Arístides Calvani, era la promoción de una nueva estructura regional dentro del paradigma de la Unión Europea, con la participación de las naciones Iberoamericanas y del Caribe. Desde esa época se discutía la conveniencia de unificar e integrar los países de Suramérica, Centroamérica y el Caribe, en un mundo todavía bipolar, en la dirección de una tercera alternativa, más allá del comunismo y del capitalismo, la llamada tercera vía.
Fue solamente, en el año 2010 con la Declaración de Cancún, en la Rivera Maya de México, un 23 de febrero, cuando los jefes de Estado y de gobierno, reunidos en la XI Cumbre de Río y la II Cumbre de Latinoamérica y el Caribe sobre Integración y Desarrollo, cuando se suscribió la creación de esta nueva institución como un espacio geopolítico, sin la asimetría de la presencia de EEUU y Canadá, para profundizar la integración, política, económica, social y cultural de América Latina y del Caribe, con dos imperativos fundamentales, el de la democracia y del desarrollo. Así se cumplía uno de los sueños de Bolívar de nuestra geografía como una nación de repúblicas. Esta iniciativa complementa los trabajos de la CAN y Mercosur, el Caricom y el Sistema de Integración Centroamericana con temas de actualidad como la crisis financiera internacional, comercio, energía, integración física, ciencia y tecnología, desarrollo social, cultura, migración, desarrollo sostenible, cambio climático, derechos humanos, seguridad y defensa, terrorismo, drogas.
El pasado abril, treinta y dos Estados participaron con sus cancilleres en Caracas en la reunión preparatoria de lo que iba a ser la fallida reunión del 5 y 6 de julio del 2011 cuando los presidentes oficializarían al naciente Celac. De todas formas, de nuevo se reunirán los cancilleres en ocasión del bicentenario de nuestra independencia para seguir los trabajos de este largo e histórico proceso de integración con la visión supranacional de nuevos Estados continentales o regionales que sobrepasan al Estado nacional y que tienen raíces históricas comunes, por eso hablamos de un nuevo constitucionalismo internacional y de una nueva realidad geopolítica multipolar.
Precisamente, regresamos de la Conferencia de la Federación Interamericana de Abogados celebrada en Veracruz, México, y allí nos tocó exponer la experiencia democrática e integracionista de la Primavera Árabe que condujo al derrocamiento de gobiernos como los de Mubarak en Egipto, Ben Alí en Túnez, Saleh en Yemen. Pero también propusimos en la plenaria sobre el Cambio Climático y el Papel del Derecho, una ponencia donde sugeríamos como conclusión, presentar a la nueva estructura integracionista del Celac una carta ecológica de obligatorio cumplimiento como lo constituye la cláusula democrática del Mercosur y la aprobada en Unasur bajo el modelo de la XX Cumbre Americana. El cambio climático es el principal desafío del siglo XXI para la continuación de la vida en el planeta, el derecho y la diplomacia deben actuar antes de que sea demasiado tarde, especialmente en América Latina y el Caribe. En la XLVIII conferencia anual a celebrarse en la Isla de Margarita el próximo año y bajo la responsabilidad de los juristas venezolanos y 300 de todo el continente, continuaremos en este trabajo.
La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) en gestación, pero con una historia y un futuro promisor, convivirá con las organizaciones subregionales existentes y fundamentalmente con la OEA. Así lo expresaron hace dos días las naciones del Caribe cuando en su XXXII reunión en San Cristóbal y Nieves, celebraron los treinta y ocho años del Tratado de Chaguaramas (4 de julio de 1973), que dio origen al Caricom. Algunos presidentes latinoamericanos, deberían darse cuenta que estas nuevas instituciones, no se orientan a la confrontación sino a la cooperación. La OEA, ha cumplido su papel y tendrá que reformularse como la propia ONU, nacidas en 1945 y 1948, pero que circunstancias y situaciones nuevas obligan a nuevas instituciones y nuevas tareas en el dinámico y complejo mundo de las relaciones internacionales.
jcpineda01@gmail.com
@jcesarpineda
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