Hace más de cinco años escribí una entrada en mi blog, con este mismo título. Para aquel entonces estaba agobiado por el elevado volumen de correos electrónicos que recibía diariamente en mi bandeja de entrada, y que por más que me dedicaba a leer y responder seguía acumulándose; generando una terrible sensación de frustración.
Cinco años han pasado y los correos electrónicos siguen ocupando gran parte de mi tiempo diario, pero ahora, recibo adicionalmente gran cantidad de mensajes en los medios sociales, principalmente Facebook, Twitter y Linked In, así como a través de la mensajería instantánea (BlackBerry, GTalk y Messenger de Hotmail) y los SMS. También han surgido otras formas de comunicación electrónica, como son el etiquetado en fotos publicadas en Facebook, los RT en Twitter, etc. Mi computadora personal perdió el monopolio del manejo de los mensajes, compartiendo los espacios con el teléfono móvil y la tableta. En resumen, más información y más medios de acceso.
Estamos en la "era de la información" y eso hace que recibamos a diario cantidades de información que lucen insospechadas para un habitante ilustrado de la antigua Grecia. Hoy día es más fácil para un ciudadano promedio acceder a una información que hace siglos estaba reservada a los nobles o a los clérigos. Creo que las ventajas son fácilmente identificables. No obstante, el problema viene cuando estos volúmenes de información se convierten en el caldo de cultivo de la informatitis aguda.
Con este término me refiero a esa dolencia que nos aqueja cuando el exceso de información se nos convierte en un problema. Estamos hablando de una serie de síntomas no excluyentes ni exhaustivos (su presencia puede variar según la gravedad del paciente y de la etapa en que se encuentre), como los siguientes:
1. Dolor de cabeza y de los ojos por pasar muchas horas leyendo (peor si es enfrente de un monitor o en la noche).
2. Parálisis a la hora de asimilar tanta información. Síndrome del: ¿y ahora por dónde comienzo?
3. Sensación de ansiedad por la información que se acumula y cuyo inventario crece como una función exponencial. Regla del 1/5: por cada pieza de información que proceso, me llegan 5 nuevas.
4. Ya en los casos más avanzados se evidencia un "HD-delirium" en el cual el paciente tiene visiones apocalípticas acerca de la pérdida de su información por un daño en el disco duro.
Si bien no soy médico, y no es recomendable automedicarse, les menciono algunas medidas que pueden amainar esta terrible dolencia del siglo XXI:
1. Limitar el tiempo de lectura en papel o digital, para evitar el agotamiento excesivo de los ojos. El uso de los audiobooks y los podcast son una excelente alternativa.
2. Revisar y repasar constantemente uno de los siete hábitos de la gente altamente eficaz: "primero lo primero". Esto con la idea de discriminar el tipo de contenidos que debemos revisar, y descartar información que no nos interesa.
3. Tomarlo con calma, pensando que nuestros padres y más aún nuestros abuelos vivieron felices con menos información. Truco: archivar la información en digital (preferible que en papel) pensando ilusoriamente que se leerá después puede ayudar.
Si aplicando estas medidas no se mejoran, les recomiendo que acudan a un especialista.
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