Algo debemos tener muy claro: no se puede luchar por la profundización de la democracia sin transformar en mayoritarios los objetivos democráticos; no se puede ser un demócrata consecuente a carta cabal sino a través del irrenunciable camino de la defensa y consolidación de los principios y valores democráticos como eje de todo nuestro accionar político. Esto se dice fácil y rápido, pero es obvio ya para los venezolanos que el camino para la instauración de una democracia moderna, pujante y progresista nos ha resultado una senda de mucho dolor.
Pero aun con ese dolor, aun con ese tropezar y caer y volver a levantarnos, hoy tenemos que estar persuadidos que el autoritarismo es una enfermedad que sólo se cura con "democratismo".
Así, la Unidad no es simplemente una palabra bonita. No es tan sólo una frase sobria y elegante con la que llenar documentos que enviamos a organismos nacionales e internacionales. No es un slogan de campaña que se ve bien en volantes, pancartas y cuñas de radio y televisión. Unidad no es una palabra corta que pueda repetirse y rebotarse en las redes sociales.
La Unidad no es un fin en sí mismo; es un método, un procedimiento, una estrategia que, puesta en práctica, se convierte en una táctica para triunfar. Pero, ¿qué es triunfar?
Triunfar es construir una mayoría que crea y practique la democracia. ¿Es eso tarea ligera? No. Por el contrario, ser un demócrata hoy en Venezuela significa ser objeto de persecución, de calumnias, de desprecio y de discriminación. Sin embargo, los demócratas no se rinden. ¿Por qué? Porque practican lo que piensan, porque honran la palabra, porque no usan a la democracia como parabán para fechorías políticas.
Ganarle a un caudillo decadente por la vía de producir un caudillismo igualmente decadente que le confronte sería relativamente fácil. Pero eso sería dar una vuelta de 360 grados o, como se dice coloquialmente, el mismo burro con diferente cachimbo. ¿Es eso lo que queremos? No. No queremos una segunda versión de Chávez.
Con frecuencia uno escucha decir que Chávez partió al país en dos, que gobierna apenas para la mitad del país. Nada más erróneo. Chávez no picó a Venezuela en dos toletes; a la sociedad venezolana la cortó en miles de pedacitos. Chávez no gobierna para esa parte del país que votó por él. Ojalá lo hiciera. Chávez en realidad gobierna apenas para una micro minoría, unos cuantos miles que son los que se han beneficiado de su gobierno autoritario, clasista, deshonesto, oligarca y violador de los derechos humanos.
En Chile, que hoy es un modelo y paradigma de la democracia, pasó lo mismo. Tuvieron que pasar muchos años, tuvieron que equivocarse mucho los demócratas chilenos antes de entender que, sólo uniéndose, sólo compactándose, podrían vencer a la desunión; que sólo uniéndose podrían armar una mayoría que tuviera la cohesión suficiente como para rearmar el rompecabezas de las miles de piezas en que se les había convertido su sociedad.
Sin duda, los demócratas venezolanos nos hemos equivocado mucho y muy variadamente en estos largos años. Pero comenzamos a dejar de equivocarnos cuando entendimos de una vez por todas que la fórmula para el éxito sólo estaba en la Unidad de millones de hombres y mujeres que comparten una visión de país democrático. Comenzamos a tener éxito cuando dejamos de ver nuestras diferencias y comenzamos a mirar nuestras coincidencias. Comenzamos a tener éxito cuando nos unimos para lograr sinergia.
Cualquiera que domine el tema de las matemáticas electorales puede mostrar a ustedes el cómo, desde que nos unimos, hemos ido ganando terreno. La Unidad, que de nuevo no es un fin sino un método, funciona. Da resultados en número de votos, en cargos de gobernadores y alcaldes, en curules parlamentarias estadales y nacionales. Desde que cuajó la Unidad, hemos crecido en votos, en cargos, en poder popular y en apoyo de los venezolanos.
A la vuelta de la esquina están las elecciones de 2012. Aunque el CNE siga con la payasada de no anunciar fechas para los comicios, igual ocurrirán. Hablamos de elecciones de alcaldes, gobernadores, legisladores estadales y concejales. Y también hablamos de la elección de un nuevo Presidente para Venezuela.
Cuando John Fitzgerald Kennedy tomó posesión de la presidencia de Estados Unidos de América en 1961, en su discurso de juramentación dijo una frase que fue y es memorable. Kennedy dijo: "... No preguntes qué va a hacer tu país por ti, pregunta qué vas a hacer tú por tu país".
Igual tenemos que hacer todos y cada uno de nosotros. Tenemos que preguntarnos no qué está haciendo alguien por la unidad y la democracia, sino qué estamos haciendo cada uno de nosotros como individuos por la Unidad. No se trata de Unidad para Vencer. Se trata de Unidad para Triunfar.
Alejandrovivas@gmail.com
Presidente Comisión Desarrollo Urbano
Cabildo Metropolitano
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