Es difícil conseguir una persona con más experiencia en sistemas ferroviarios que el ingeniero Daniel Quintini: fue el supervisor de un proyecto que finalmente no vio la luz (el ferrocarril Suroriental, en 1990), fue uno de los artífices del tren que hoy llega a la capital proveniente de los Valles del Tuy y actualmente está trabajando en el ferrocarril La Encrucijada-Tuy medio.
A pesar de toda su experiencia en este ramo, o tal vez precisamente por ello, Quintini no es lo que se dice un defensor del ferrocarril. Más bien lo contrario.
-¿Cree que en el futuro Venezuela podría gozar de una gran red ferroviaria?
-No, la tendencia mundial más bien es a la eliminación de las redes ferroviarias.
-Pero el gobierno acaba de anunciar la inversión de más de 22 mil millones de dólares para impulsar una red ferroviaria...
-Porque siguen pensando con la mentalidad del siglo XIX. Hoy el ferrocarril es una alternativa de transporte solo bajo determinadas circunstancias. El transporte por carretera sigue siendo una alternativa más práctica y económica.
-¿Es entonces un error intentar impulsar la construcción de ferrocarriles?
-En un país relativamente plano como Venezuela, sin duda. Aquí es fácil construir carreteras, que además no requieren de un costo operativo ni de personal fijo.
-¿Y qué cree que terminará pasando con esos ferrocarriles cuya construcción ahora se anuncia?
-En su gran mayoría terminarán convertidos en elefantes blancos, en otro barril sin fondo.
-¿Y en qué se podrían invertir esos 22 mil millones de dólares?
-Construir tramos de enlace faltantes, como por ejemplo la carretera Cazorla-Cabruta (90 kilómetros) que conectaría de manera directa Ciudad Guayana y Ciudad Bolívar con San Fernando o Táchira, o concluir la carretera San Fernando-Puerto Ordaz que enlazaría Amazonas con el norte y oeste del país. Es más barato y más útil que un ferrocarril. Porque no son solo los 22 mil millones de dólares, esos ferrocarriles tendrán luego un costo de mantenimiento, un costo de operación. Te repito: serán barriles sin fondo.
-¿Y acaso no ha sido útil el tren de los Valles del Tuy a Caracas?
-Eso sí tuvo sentido, pero mira lo mal que funciona. Fue programado para que los trenes salieran cada doce minutos y apenas están saliendo cada hora. La gente se cansa y termina agarrando un carrito. Nunca se automatizó el servicio.
-¿En ningún caso o recorrido se justificaría una red ferroviaria?
-Mmmm... Tal vez por razones estratégicas, y solo por eso, podría pensarse en hacer un gran arco ferroviario entre Cúcuta y Puerto Ordaz de más de dos mil kilómetros. Pero solo por tener una alternativa a la hora de una emergencia.
-¿Y a nivel mundial tampoco se construyen nuevos ferrocarriles?
-Solo en casos muy particulares y para atender grandes demandas. Se está pensando en trenes para las costas oeste y este de Estados Unidos, pero estamos hablando de ejes de cincuenta millones de personas, estamos hablando de Los Ángeles, San Diego y San Francisco por un lado y toda Nueva Inglaterra y Nueva York por el otro. Y sería de trenes de alta velocidad.
-¿Y un tren de alta velocidad para Venezuela?
-Eso es otro disparate. Los trenes de alta velocidad se utilizan para corredores viales que atienden por lo menos a veinte millones de personas. Eso no existe aquí.
-¿Por qué trabaja en planes que no justifica?
-Es una cuestión de ética profesional. Uno debe decirle al cliente, y yo se lo he dicho a la gente del gobierno: eso no se justifica. Pero donde manda capitán...