Se estima que el primer superatleta de la historia fue Milón de Crotona, quien, según crónicas de la Grecia clásica, batió un sinfín de marcas y consiguió ser el vencedor absoluto en seis Juegos Olímpicos seguidos, es decir, se mantuvo en la élite del deporte por más de 20 años y ganó 32 veces el reconocimiento como el mejor luchador de su época.
Pero ante los avances médicos y tecnológicos, la interrogante que surge es: ¿un superatleta nace o se hace?
Figuras como Yelena Isinbayeva, Usain Bolt y Michael Phelps colman la escena deportiva mundial por sus insuperables registros. Cada uno se caracteriza por poseer indiscutibles condiciones biológicas y fisiológicas que les brindan ventajas competitivas en su actividad, amén de seguir rigurosos entrenamientos y regímenes alimenticios.
Por ejemplo, Phelps, considerado el mejor nadador de todos los tiempos, ostenta unas características físicas y bioquímicas muy particulares que lo hacen estar por encima de sus rivales.
El multimedallista olímpico, produce menos ácido láctico que sus colegas, lo que le permite una recuperación más rápida y con apenas 4% de grasa corporal, Phelps puede convertir esfuerzo en velocidad. Sus manos alargadas hacen de remos y sus grandes pies funcionan como aletas. Su torso es desproporcionadamente largo con respecto a sus cortas piernas y ello, reduce la resistencia y aumenta la propulsión dentro del agua. Si a todas estas aptitudes se le suma un talento innato para el nado y un duro entrenamiento, es compresible su avasallante desempeño.
El biotipo de cualquier individuo, es decir su forma física, está determinado por factores como la construcción ósea, la masa muscular y el metabolismo. En el ejemplo de Phelps o de cualquier superatleta, se entiende que además de poseer características congénitas, desarrollan particularidades físicas que estimulan su rendimiento, explica Germán Medina, traumatólogo venezolano de amplia experiencia en el área de deportiva.
Estas condiciones antropomórficas en atletas élite deben conducirse a la par de una orientación que responda a los intereses emocionales de los deportistas, así como también a las consideraciones éticas que impliquen apelar a otros recursos para mejorar sus marcas, indica Medina.
La premisa sobre las características físicas y mentales de superatletas no quiere decir que todos los sujetos veloces jugarán fútbol o que todos los altos serán basqueteros y menos que alcanzarán los podios mundialistas. Pero sin duda, las ventajas genéticas allanan el camino.
el Atleta transgénico
La terapia génica es usada con fines médicos, para corregir defectos genéticos y distrofias musculares, pero se convirtió desde hace unos años en uno de los métodos ilícitos para "formar" superatletas.
La terapia fue probada en ratones y se descubrió que la fuerza muscular y la velocidad de los roedores se duplicaba si se combinaba el material genético con trabajo de pesas.
Un reporte elaborado por la Universidad de Pennsylvania en 2005, detalla que la técnica podría ser empleada para el "mejoramiento genéticos de los deportistas", generando modificaciones en sus células. Ello ofrecería innumerables beneficios, como un mejor aprovechamiento del oxígeno y mayor resistencia y velocidad.
El recurso médico prometía ser una alternativa viable para pacientes con trastornos genéticos pero se ha convertido en un arma de doble filo pues amenaza la ética de los competidores.
Este tipo de dopaje resulta irresistible para los deportistas y entrenadores ambiciosos y no es detectable en los análisis antidoping. El riesgo de su uso va desde ataques al corazón hasta cáncer.
Opción claroscuro
Los esteroides anabólicos, derivados sintéticos de testosterona, integran la lista de sustancias prohibidas por el Comité Olímpico Internacional. Su uso promueve el crecimiento muscular y la fuerza, por lo que en el mundo deportivo, aventaja de un modo artificial y deshonesto a unos atletas sobre otros.
Fuera de la esfera deportiva, es empleado por figuras del espectáculo, quienes recurren a esta alternativa para mantenerse "jóvenes y frescos" con el pasar de los años, siempre bajo estricta instrucción médica. Su uso indiscriminado produce consecuencias irreversibles como cáncer, tumores hepáticos, hipertensión y problemas coronarios.
Los cambios científicos y tecnológicos están transformando al deporte. Atrás quedaron figuras como Milón de Crotona, cuya competitividad se debía a una aptitud innata. Ahora, quien nazca con talento deportivo, puede potenciarlo.
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