De todos los medios prexistentes a la llegada de internet, la televisión lo ha tenido más fácil. Los temores que vive la industria de la prensa escrita, no han sido ni de lejos un dolor de cabeza para la pequeña pantalla. La caja chica comienza apenas a abrir la puerta a los golpes de la interactividad, consciente de ese privilegiado lugar en el que se encuentra.
El por qué de tal renuencia no es de extrañar. La merma en los ingresos publicitarios no es aún de cuidado, mucho menos en regiones como América Latina. En Venezuela, un caso particular, la competencia más directa no está ni en prensa ni mucho menos -aún-, en internet. La mordida si es que se le puede llamar de esa manera, al menos en lo que compete a señales abiertas, viene dada desde su hermano natural: la televisión por cable o paga, cuyo crecimiento en audiencias y anuncios ha sido importante. Al menos, la suma de ella, supera a la totalidad de la televisión abierta.
En el futuro, el mediano, televisión e internet, se medirán como los grandes espacios publicitarios, pero puede que el ingreso para la industria de la TV siga siendo vencedor, en tanto, que internet será uno de sus más sólidos canales de distribución de contenidos.
Así, más allá de los contenidos y de internet, lo que mira la industria de la televisión con lupa es el aumento de los canales de distribución; algo que a futuro afectará finalmente los contenidos, y lo que es más importante, la fragmentación y consumo de los mismos.
A la televisión tradicional, por cable y satelital, hay que sumar la televisión vía WiFi y 3G, que ya comienza a consumirse directamente desde la red y ya no sólo para dispositivos como ordenadores, laptops o los propios televisores; sino también para los dispositivos móviles como iPods, tabletas y por supuesto, teléfonos celulares.
En el móvil, claro está, la tendencia no es reproducirlo todo, al dedillo, como en la pantalla de siempre. El asunto impone un poco más de trabajo. Desde elaborar contenidos propios a modificar incluso el tipo de encuadres: bienvenidos al mundo del primer plano.
Rentabilizarla pasa además por la creación de spots que duren un suspiro (algunos ya prueban comerciales de cinco segundos); y por supuesto en la posibilidad de personalizar los contenidos que el usuario desea tener en su dispositivo más personal. Esto es: noticias, deportes y farándula, todo ello envuelto en la premisa de la interactividad.
Otro tanto será la posibilidad de competir con los propios contenidos que el usuario pueda crear desde y para su dispositivo.Si el cineasta Park Chang Woo en Corea ha podido rodar un film con iPods, el nativo digital en breve conseguirá mucho más.
Cerrando el tema de la distribución, desde el cable telefónico o a través de microondas no son pocas las empresas de servicios telefónicos que quieren entrar en la carrera digital de la televisión. En solitario o estableciendo asociaciones estratégicas entre canales tradicionales de televisión y empresas de telefonía fija o móvil el asunto va cobrando terreno y forjando alianzas o rivalidades severas.
TV conectada
En el caso de los televisores, para mostrar una guinda de lo que puede ser el camino de la fusión entre TV y la red; Google ya estableció convenios con Intel y Sony para que desarrollen equipos con el Sistema Operativo Android.
De esta manera, el mismo equipo puede fungir como receptor y ordenador. Con conexión a internet, el equipo será un centro de entretenimiento recargado con capacidad para programar todo tipo de entretenimientos -de TV o servidos por la web, de nuevo: fragmentación.
La reproducción de contenidos y el desarrollo de una usabilidad óptima har´an el resto de cara a los usuarios.
No es la única señal de que el sector de fabricantes de televisores se está poniendo al día con la vía digital. Sin ir más lejos, Netflix, el cada vez más pujante servicio de Video On Demand (con 23,6 millones de clientes en Estados Unidos) ya firmó también con Sony para formar parte de sus televisores conectados Bravia.
El auge de Netflix es tan creciente, que YouTube ya está en asociaciones estratégicas con los estudios de Hollywood para ganar terreno.
Que el televisor se vuelque hacia internet es un paso natural. Después de todo, se trata de una pantalla, casi omnipresente y adictiva -como la obsesión de la hiperconectividad-, cargada de contenidos: excelentes, buenos, regulares y mediocres. Así como en la red, el océano de información que llega a tan sólo un mando de distancia hace guiños al ciberespacio. Seg´un un estudio de ABI Research, la cantidad de aparatos de entretenimiento que estarán conectados a internet podría alcanzar más de 3 mil millones al 2016.
Interactividad
Lejos de los contenidos creativos y más cerca de los informativos, estos últimos han obligado a noticiarios y programas periodísticos a salir al ruedo para bailar con el usuario, involucrarlo de lleno en sus pautas noticiosas e incluso servirse de él a la hora de mostrar nuevos contenidos.
Las redes sociales han obligado a muchas señales ha reorientar el sentido de sus coberturas y programación. A redirigirlas y seguir en muchos casos lo que impone la "dictadura del usuario". Hoy día, los programas más tuiteados son también los de mayor audiencia. Quizás ello explica el empeño de las cadenas de televisión en la cobertura de la Boda Real frente a la beatificación del Papa Juan Pablo II.
Así, la interactividad y la fragmentación, son las próximas fronteras de la TV.
Cuando se habla de fragmentación, la intención es conseguir la personalización de contenidos, quizás a la manera del TiVo, pero de una forma más sofisticada y activa, por parte del usuario, quien no desea estar bajo la tutela del programador.
@periodismoiweb