Solemos pensar en la interconexión de las finanzas globales sólo cuando ocurren acontecimientos negativos. Durante la llamada crisis de las hipotecas sub-prime, que en 2008 condujo a Estados Unidos a la recesión y arrastró luego a la mayoría de las economías del mundo, se comprobó que una turbulencia originada por factores domésticos de la economía estadounidense tuvo reflejos en Europa, Asia, América Latina y prácticamente en cada rincón del planeta. Esto ya había ocurrido antes, en 2000, después de la explosión de la llamada burbuja tecnológica, que fue la primera gran tormenta financiera de la era de Internet.
Pero lo cierto es que las finanzas globales están interconectadas todos los días, a toda ahora, y los avances tecnológicos, que el mundo de la banca y los mercados de valores suelen adoptar con particular rapidez, han servido más para favorecer el crecimiento económico y mejorar la calidad de los servicios financieros, que para propagar los efectos de las crisis, cuando éstas llegan a producirse.
La banca comenzó a incorporar innovaciones tecnológicas a gran escala y de manera ininterrumpida desde los años 60 del siglo XX, cuando aún no se anticipaba el advenimiento de una era enteramente digital. En la época en que el procesamiento de datos requería maquinarias de computación que ocupaban inmensos salones, la banca se convirtió usuario aventajado de estas tecnologías.
En su momento, y a medida que avanzan los tiempos, esta actitud proactiva de la banca de adoptar las innovaciones al mismo ritmo en que aparecen, favoreció la transformación del modelo tradicional de negocio bancario. La aplicación de tecnologías de información es, de hecho, uno de los principales factores de cambio y de adaptación de los sistemas financieros a las demandas y exigencias de la sociedad. Se puede afirmar con toda propiedad que la tecnología constituye verdaderamente un factor estratégico y un elemento de cambio estructural para la actividad bancaria y financiera.
Así, además de pensar en un mundo financieramente interconectado, en el que cualquier turbulencia se propaga sin que las fronteras geográficas o políticas constituyan obstáculo, se puede afirmar que la globalización tecnológica ha contribuido de manera fundamental en el crecimiento, la estabilidad, la eficiencia y la rentabilidad de la banca.
Los clientes y usuarios del sistema financiero se encuentran entre los más beneficiados por esta tendencia. Y esto pueden confirmarlo, sin complejo alguno, los usuarios de la banca venezolana, que nunca se ha quedado rezagada en la competida carrera por incorporar los avances de cada capítulo de la era tecnológica. De hecho, muchos venezolanos han tenido contacto por primera vez con tecnologías de punta gracias al acceso que a ellas les brinda la banca. Desde los cajeros automáticos, que hoy en día son equipos con los que todos están familiarizados -incluso los de última generación, que permiten realizar una amplia gama de operaciones-, hasta las tarjetas de crédito y débito con chip, los sistemas de banca telefónica, y la banca por internet, todas son experiencias ampliamente disponibles para los venezolanos, que convierten en realidad cotidiana el paradigma actual de los servicios bancarios: la disponibilidad de estos servicios las 24horas del día, 365 días al año, sin importar el lugar desde donde se accede a ellos.
seguridad
La tecnología también ha conseguido que las transacciones sean cada vez más seguras. El dinero en efectivo y los cheques, que alguna vez fueron el mayor cebo para la delincuencia, se utilizan cada vez menos; las tarjetas de débito y crédito han dado un salto cualitativo en cuanto a seguridad gracias a la incorporación de la tecnología del microchip, y la banca digital, por medio de Internet, ha demostrado suficientemente que es una herramienta tan robusta como confiable y versátil. Hoy en día los venezolanos con acceso a la red -un segmento de la población que aumenta exponencialmente cada año - tienen disponibles desde sus oficinas u hogares todos los servicios de una agencia bancaria, y en ocasiones incluso a más opciones de las que encuentran en una visita física a la sucursal.
También ha servido la tecnología para ampliar los horizontes de mercado de la banca, segmentar debidamente la oferta de servicios y atender así las crecientes demandas de la sociedad. El mundo de las microfinanzas, la banca comunitaria -especializada en atender a los estratos menos favorecidos de la población- y la creciente tendencia hacia las operaciones por teléfono celular, se han convertido en herramientas de bancarización y de inclusión que allanan el camino hacia una sociedad con iguales oportunidades para todos.
En resumen, las innovaciones tecnológicas en el sector bancario han sido un factor determinante para que los mercados financieros evolucionen. Y la avalancha de nuevas tecnologías disponibles ocurre, afortunadamente, justo cuando los clientes y usuarios del sistema son cada vez más educados en materia financiera -y por tanto más exigentes- y cuando la reducción de costos y la exigencia de mayor eficacia, son el pan de cada día en una sociedad cada vez más competitiva. El dinero se digitaliza, es cierto, pero lo hace sólo al mismo ritmo que los usuarios de los servicios financieros, cada vez más avezados en el uso de las nuevas tecnologías, para quienes la banca no electrónica es sólo un recuerdo, ya bastante lejano, de una etapa felizmente que superada.