No son pocos los que se aventuraron a poner fecha de caducidad a los diarios del planeta. Steve Ballmer, director ejecutivo de Microsoft dio una década para que el papel comenzara a hacer sus maletas. Philip Mayer, autor de The Vanishing Newspaper fue más directo, aunque generoso con el tiempo: 2043 sería el año en que los periódicos se esfumarían de la faz de la tierra.
A decir de otros, el efecto dominó arrancará en Estados Unidos y seguirá hacia Reino Unido, Islandia, Canadá y Noruega. España y Nueva Zelanda también en la lista de primerizos hasta que ya, con el siglo XXI transitando sus mejores años, las santamarías bajarán en Latinoamérica, Africa y sur de Asia, al menos así lo decanta el estudio elaborado por Future Exloration Network -que cita la página web 233grados.com-, y que casi casi coincide con Mayer al hablar de 2040 como el año en que los diarios de papel serán prácticamente cosa del pasado: el oficio de ver hacia el futuro tiene problemas con la sintonización de la bola de cristal.
Un recuento
El pistoletazo se dio ya por 2007 cuando las "puntocom" venían por la revancha, mientras que la puñalada sobrevino en un negrísimo 2008, el año en que las bolsas del mundo se vinieron a pique y con ello el caos empresarial en el planeta que dejó sin luz al naciente 2009.
Los diarios no han sido los menos. El cierre trepidante de periódicos y revistas no ha parado desde entonces. Los más fuertes han aguantado el golpe, muchos de ellos, gracias a la integración -previa o casi simultánea a la crisis- de sus redacciones. Papel y web convergiendo a un ritmo de poca sincronía, en parte por la tradición marginal de las editorías digitales, en parte por la sorpresa de las editorías impresas. Muchos de ellos por el peso de la marca, del "cabecero", lo que ahora denominan: influencia.
A internet le tomó cuatro años, lo que a la radio le llevó 38 y a la televisión 13. Eso es tener 50 millones de usuarios (hoy la cifra según Internet World Sats alcanza los 1.966.514.816).
A la crisis económica global se sumaron los nuevos hábitos de los lectores. Desde hace ya bastante tiempo los diarios cuentan con cientos de miles de lectores en sus versiones digitales, muy por encima de sus versiones tradicionales en papel.
Pero no es todo. En el devenir del cambio, con los lectores migrando a internet y los anunciantes bajando su cuota de inversión publicitaria, entraron en juego dos agentes revolucionarios: las redes sociales y el móvil como dispositivo ineludible a la hora de distribuir información.
La explosión de la web 2.0 colocó al usuario en una relación de tú a tú con los medios informativos y directamente con los periodistas. La bidireccionalidad se convirtió en punta de lanza y en muchos casos, en un foro abierto y permanente donde ahora bien se habla de lo que un medio publica y de inmediato se abandona para discutir sobre ello o de otros temas. Aún más en sociedades políticamente polarizadas como la venezolana, donde las redes sociales -Twitter y Facebook- se han convertido en una gran válvula de escape para debatir sobre lo que piensan los ciudadanos locales.
Así, de "reñir" contra sí mismos, contra su gemelo digital, los medios pasaron a vérselas con las redes sociales y la omnipresente presencia del móvil.
Esto ha supuesto un cambio en el modelo de negocios que aún muchos no entienden ni saben cómo optimizar. Lo cierto es que mientras los diarios parecen llevarla mal, los usuarios demandan mayor cantidad de contenidos: informativos o mero entretenimiento. Donde sea y en el formato y dispositivo que se tenga a mano, a veces, más de uno: teléfono, laptop, tabletas, iPod, ordenador, TV o periódico.
Aunque los quebradores de cabeza en torno a la rentabilización de los medios y sus espejos aun persisten, ya hay quienes se refieren al papel como un artículo de lujo y no como alimento para el fuego eterno. La optimización de la interacción versus la reflexión, de la inmediatez versus el análisis o bien de la personalización (y fragmentación) versus la estandarización parece estar cobrando cuerpo.
En la pasada conferencia latinoamericana de la Asociación Mundial de Periódicos y Editores de Noticias (WAN-IFRA), el experto en medios, el chileno Aldo Van Weezel declaraba a Efe que el periódico de papel se convertiría en "un objeto que uno compra el día domingo para poder disfrutar algo así como antiguo y una conexión especial de que yo me puedo sentar en un sillón cómodo y leerlo".
Romántica imagen, lo cierto es que aunque la crisis no ha terminado, los periódicos comienzan a recuperarse. Ahora existe menos temor en asumir el modelo de pago (en Estados Unidos The New York Times ha emprendido esta vía por segunda vez y en Gran Bretaña, The Times ha obtenido ganancias por el cobro de su edición digital).
La inversión publicitaria parece estar recuperándose y el gasto en internet y en los dispositivos móviles está subiendo. La llegada de las tabletas ha supuesto una inyección de optimismo ante lo que ha significado la llegada de un nuevo mercado.
El éxito de las tablets ha generado que muchos vean en ello el pronto (e inesperado) apagón de la red. Una suerte de mercado -y quiosco en línea- en el cual surtirse de contenidos informativos, en el caso que ocupa.
Si las tablets significarán el apagón de la red, está por verse. En todo caso, como la sabiduría popular apunta: "Cuando veas las bardas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo".
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