"El restaurante Yantar acaba de cerrar sus puertas y Santiago de León pierde un oasis"
Caprichosa como una adolescente que crece pero no madura, hija de la renta petrolera y el dinero fácil, Caracas hace todo posible y hasta que la mediocridad pague.
En tiempos como los que vivimos donde la piratería, la especulación y el fraude siguen, como en el pasado, siendo ley, todos los ámbitos de nuestra vida son pasto para la trampa. Lo bueno, más allá del espejismo engañoso de lujos y oropeles y del oportunismo comercial, dura poco.
Los que hacen posible lo mejor, místicos del trabajo, la constancia y la disciplina, terminan exhaustos, solitarios en su desvelo, incomprendidos, descorazonados. El restaurante Yantar acaba de cerrar sus puertas y Santiago de León de perder un oasis donde la buena mesa fue certeza.
Enrique Limardo y Tatiana Mora, desde que asumieron el difícil reto de la mesa pública, hicieron posible y mientras crecían como cocineros/propietarios, un honesto espacio donde latía la excelencia gastronómica. Formados en Cataluña, pero marcados por sabores venezolanos, en su menú no faltaban ingredientes criollos manejados con maestría vanguardista como el cambur titiaro, el ají dulce, la yuca, el camacuto, el suero larense, la catara, especias parianas como la sarrapia y la guayabita, el ron y hasta el cocuy, entre otras ricas materias primas.
Cocina profunda y delicada, ejecutada con sensibilidad, belleza y una destreza inequívoca, es toda una ironía que Yantar, hoy en plena madurez después de años buscando su personalidad, clausure sus puertas. Sus fogones hicieron posible versiones de una pizca andina inolvidable, así como un logrado trato hacia los frutos del mar, como los "langostinos envueltos en tocineta crujiente", "el cofre del Mar Caribe", el "pargo unilateral, con cremoso de titiaro y pimientos del piquillo" o el "churrasco de corvina con caviar de pimentón"; carnes como el cerdo y el cabrito, donde el "lomo de cerdo agridulce con piñas confitadas", el "lechón chactado" o el "cabrito sobre terrina de papas colombianas", entre muchas otras creaciones de alto vuelo, estarán siempre ahí para el recuerdo.
El cierre de Yantar deja una herida más en la ciudad. Es muy probable que a Caracas, fanática de insípidos carpaccios, pastas sobre cocidas, carnes chamuscadas, ensaladas oxidadas y de mediocres pizzas y hamburguesas de toda calaña, le falte mucho para comprender la belleza de un verdadero restaurante.Mientras tanto y con la venia del gran público, la banalidad gastronómica y el mal comer imponen su ley.
vladimirviloria@gmail.com
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