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La ética: ese cuento infantil
CAROLINA GÓMEZ-ÁVILA |  EL UNIVERSAL
miércoles 6 de abril de 2011  04:24 PM

"¡El emperador está desnudo!"
(El nuevo traje del emperador - Hans Christian Andersen)


Le propongo un ejercicio ciudadano: imagine que camina por la calle tomando agua y al terminar no encuentra dónde botar el envase; mira a los lados y le toca decidir si lo bota al piso o lo sostiene -a pesar de la incomodidad- hasta encontrar un pipote de basura.

En ese momento -lo perciba o no- usted se hace varias preguntas sobre la acción a tomar que le llevarán a manifestar lo que es como individuo y su respuesta al entorno en el que vive. Lo que quiere hacer:

¿Es bueno o es malo?

¿Es correcto o es incorrecto?

¿Es -o debería ser- obligatorio o es -o debería ser- permitido?

Lo piensa a toda velocidad y lo ejecuta: bota o no bota la botellita. Luego, en un parpadeo, percibe si se siente mal o bien con su acción. Si se siente mal trata de olvidarlo pronto, cambia su foco de atención tan rápido como pueda. Y si se siente bien, se recrea unos pocos segundos más en su propia aprobación.

Cada vez que una acción le hace sentir bien, refuerza su necesidad de repetirla en distintas escalas. La próxima vez podría no ser un envase sino una bolsa con desechos, una caja de cartón mediana, un cachivache casero grande. Quizás le guste mucho sentirse bien -en particular, si es mentalmente sano- así que probará qué tan bien se siente evitar que alguien tropiece, ayudar a quien vea impedido de hacer algo por sí mismo o dar un buen ejemplo a un niño desconocido.

Algunos científicos dicen que es un asunto de neurotransmisores: los secreta, le gusta la sensación y busca repetirlo adictivamente. Yo no sé de eso pero antes de que la química cerebral se estudiara, también funcionaba y se le llamaba ética. Para algunos es un diálogo interior en el que su Pepe Grillo le responde a las tres preguntas iniciales que le hacen reflexionar sobre su propio comportamiento y el de su entorno. Sí, la voz de la conciencia le responde desde su código de ética personal.

Como todo, si se enseña en la infancia tiene mayor arraigo en la adultez. Así que propongo que inmediatamente cada escuela convoque a los padres de los niños que demuestran mejores comportamientos éticos (porque sus padres fueron el ejemplo, está clarísimo) para conformar brigadas de civiles que asistan a las aulas -en número de horas equivalentes a las de formación militar- a hablar y enseñar sobre cómo se toman las decisiones personales, sobre la importancia de preguntarse lo que es bueno o no, correcto o no, obligatorio o permitido, con la sutil y magistral diferenciación que establecerá evaluarlo desde sí mismo, primero, y luego poniéndose en el lugar del otro.

Es muy simple. Es un cuento infantil: se llama ética.

Piénselo, pero no mucho. Porque mientras lo piensa, nuestros niños aprenderán a pararse firmes ante hombres cuya estatura moral desconocen, a obedecerles a ciegas y a gritar consignas de guerra que no saben ponderar.

@cgomezavila



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Comentarios (2)
páginas:
1 |
Por José R Pirela
06.04.2011
12:07 PM
Sí Señora Carolina, más que una buena acción ciudadana, debe ser un compromiso ciudadano que debemos asumir en defensa y consolidación del sistema democrático. Pero, mayor es el compromiso que nos exige el Código de Ética Democrático y la Constitución Venezolana, impedir que se militarice e ideologice a nuestros hijos. No solo es un exabrupto proponerlo, es una falta de respeto y una imposición que no debemos tolerar. La civilización marcha hacia la pluralidad de ideas, en concordia hacia los consensos para consolidar la paz que se necesita para la convivencia. Las huestes de salteadores que depredaban a los ciudadanos trabajadores quedaron en el pasado.
 
Por Lorenzo D. Sanjuán
06.04.2011
10:53 AM
En casi todo estamos de acuerdo, pero ni es cuento ni tampoco infantil.
 
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