Si en Libia lo que comenzó como una revuelta prodemocrática terminó convirtiéndose en una guerra civil, en otras naciones, donde las luchas entre facciones del Islam están profundamente marcadas, los resentimientos pueden desatar una crisis mucho más difícil de controlar
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Las revueltas en el Norte de África y Medio Oriente están viviendo un proceso de transformación a medida que se diseminan por distintos países, por lo que un nuevo frente está tomando fuerza: el de las rencillas entre las distintas ramas del Islam.
Si en Libia lo que comenzó como una revuelta prodemocrática terminó convirtiéndose en una guerra civil, en otras naciones, donde las luchas entre facciones del Islam están profundamente marcadas, los resentimientos pueden desatar una crisis mucho más difícil de controlar e imaginar.
La oposición de Bahrein, un país con mayoría shií gobernado por una monarquía suní minoritaria -los Al Khalifa-, se ha sumado al clamor de las revueltas, y ahora exige a la corona una nueva Constitución que permita una mayor democratización en este rico enclave petrolero.
Tal escenario precipitó el ingreso a Bahrein de tropas y tanques del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) -integrado por países de mayoría suní en la zona-.
Para los especialistas, lo que la mayoría de gobernantes suníes buscan con ese "respaldo armado a Bahrein" es aplacar no solo las tensiones políticas, sino más bien las sectarias, conscientes del riesgo de que una "guerra santa" entre los propios musulmanes pueda desencadenarse en medio del temblor democrático que sacude a ese lado del mundo.
Pero más riesgoso aún: que la revolución que hoy se está cuajando en ese país despierte a las otras minorías shiíes de países vecinos como Qatar o Arabia Saudí, cuyos gobernantes han mantenido a sus minorías bien controladas.
Otro escenario, no menos precipitado de imaginar, que las revueltas favorezcan al Gobierno de Irán, la potencia shií de la región, con una teocracia de corte radical, cuyos líderes buscan precipitadamente exportar sus ideales a los levantamientos en curso.
Algunas de esas divisiones religiosas milenarias -surgidas por la lucha de quién debía suceder al Profeta Mahoma como líder del mundo musulmán-, son responsables de una guerra sectaria que por 1.300 años ha generado matanzas, y hoy verbigracia, desangra una parte de Irak.
Por más reivindicaciones a favor de la democracia que se estén dando, no solo Occidente, sino las propias gerontocracias del mundo islámico, temen que al avivarse a la oposición, se esté alimentando a fuerzas radicales, muy desconocidas, que terminen desestabilizando por completo al ya complejo Medio Oriente.
Y es que cuando el movimiento shií libanés Hezbolá --considerado como una organización terrorista-- aprovecha tal escenario en Bahrein o Yemen para denunciar "una horrible masacre" y "brindar su total apoyo a las causas libres", se encienden las alarmas por el temor de que grupos de oposición terminen alentados por fuerzas irregulares y violentas al estilo de Al Qaida.
Twitter@Franchuterias
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