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La libertad de cátedra
TOMÁS GUARDIA ORTEGA |  EL UNIVERSAL
lunes 28 de febrero de 2011  05:56 PM

Hay quienes piensan que la educación debe estar sustentada en la consolidación de un cierto modelo de definición de lo que debe ser el "ser humano" obedeciendo a ciertos lineamientos políticos-ideológicos que se trazan fuera de la universidad y que por ende las instituciones de educación superior deben obedecer y acatar estas directrices impuestas por el gobierno de turno; esta corriente de pensamiento era la que se encontraba en la recién vetada Ley de Educación Universitaria. Otros pensamos totalmente lo contrario, que la educación debe ser totalmente libre, plural y no debe obedecer a ningún tipo de lineamiento político-partidista impuesto desde ningún lado. Uno de los valores agregados de la autonomía universitaria es la libertad de cátedra, esta se concibe en el contexto literal de la palabra: el profesor basado en su experiencia académica es el único indicado en decidir lo que se debe impartir dentro de las aulas de clases, por supuesto siguiendo el programa del curso a dictar pero con cierta flexibilidad para incorporar los elementos personales que distinguen y marcan la diferencia entre la clase de uno u otro profesor.

La idea de autonomía universitaria y libertad de cátedra no es nueva. Desde los tiempos medievales cuando se enseñaban las siete artes liberales en las primeras universidades, ambos conceptos tanto el de la autonomía como la libertad de cátedra venían entrelazados más o menos de la misma manera en que actualmente se concibe en todo el mundo. Era tan valorada la autonomía que en las universidades inglesas se podía insultar a la corona británica dentro del recinto universitario sin temor de ser arrestado. Lo mismo ocurre actualmente en las universidades modernas, es por eso que este baluarte desde hace más de 800 años de vida universitaria debemos preservarlo a cualquier precio. Pero volviendo a la libertad de cátedra, es absurdo pensar que la educación debe seguir las directrices ideológicas del gobierno de turno, el simple hecho de pretender imponer este concepto por la manera que sea es un absoluto y total error; porque entonces la enseñanza universitaria cambiaría si cambia el gobierno y eso simplemente va en contra del significado de la palabra universidad que dentro de su etimología representa lo universal, lo diverso, lo plural y sobre todo lo integral del ser humano en todas sus dimensiones. Es por eso que como universitarios debemos oponernos ante cualquier intento de cualquier gobierno, de la tendencia que sea, a menoscabar, subyugar o minimizar la libertad del pensamiento dentro de las aulas de clases.

Defender la libertad de cátedra es tan importante ya que es solamente dentro de este esquema que podemos tener a dos profesores con tendencias ideológicas diametralmente opuestas y no sólo convivir en paz dentro de la universidad sino que el estudiante que recibe clases de sus dos profesores rivales en ideologías puede al final del curso decidir cuáles de las dos posiciones se adapta más a su forma de pensar, a lo mejor comparte algo de ambas posturas o a lo mejor no comparte nada, pero es al fin el estudiante quien tiene en sus manos la decisión de tomar o dejar lo mejor que le parezca.

El desarrollo de las sociedades está íntimamente ligado a la alta calidad de la enseñanza dentro de sus escuelas, liceos y universidades. Lamentablemente, el actual gobierno ha estafado al país en no mejorar sino en todo lo contrario en depreciar el lamentable estado de la educación básica, media y diversificada que de por sí no era muy buena, pero ahora es peor, creando programas de educación paralelos que más bien lejos de resolver el problema de aumentar la calidad de la educación mínima para poder ingresar a la universidad lo único que ha hecho es aumentar de forma masiva el número de egresados de los sistemas educativos paralelos sin tener la garantía de poseer una formación académica decente que le permita a ese muchacho poder hacer una carrera universitaria en alguna de las universidades autónomas del país. Todo lo contrario, ese muchacho a quien se le ha robado su ilusión difícilmente termina una carrera de técnico superior universitario en cualquiera de los institutos universitarios públicos o privados, cuya calidad de formación es incomparable frente a la de las universidades.

La calidad de la educación no se impone desde afuera, es un valor precioso que hay que ir cultivando, cuidando y mejorando progresivamente con el pasar de los años. Los talentos y habilidades no se crean, se desarrollan. Y la calidad del resultado de una buena educación es el producto de un largo trabajo continuo y constante y a veces agotador, que exige del individuo lo mejor de sí mismo, no lo peor. Los mejores estudiantes de la Universidad Central de Venezuela por lo general pasan a formar parte de su planta profesoral, el resto sale de la universidad a transmitir el concepto y uno de los mejores valores agregados que tiene la UCV para ofrecer al país y al mundo, la alta calidad académica de la gran mayoría de sus egresados. Cualquier persona que tenga un título de la UCV o de cualquiera de las verdaderas universidades autónomas de Venezuela en sus manos, tiene garantizado el éxito en toda su vida profesional. Ese valor no se decreta, se construye y cualquiera que pretenda convencernos de lo contrario, encontrará no sólo desde adentro de la universidad sino desde cualquiera de los rincones de este país un profundo rechazo categórico y contundente de esta manera tan anacrónica, retrógrada e inadecuada de concebir el desarrollo educativo de los seres humanos.

tguardia@gmail.com
tomas.guardia@ciens.ucv.ve



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