Todos juntos en el Panteón. Los enterradores de la nación vinieron con sus mejores pompas al templo sagrado de los inmortales. Llenaron la nave central con sus imbecilidades de revolucionarios de pacotilla. Lágrimas de profunda composición hipócrita, corrían por sus empolvadas mejillas; las cámaras de la televisora ANTV buscando los mejores ángulos de la apariencia, para tratar de seguir envolviendo en la telaraña; a todo aquel que suspira por el socialismo del siglo ninguno.
En medio del teatro barato, un juramento de lealtad. Un largo panegírico, una sarta de párrafos inconexos con la sintaxis de la saliva del loro analfabeta; todo un arsenal de romanticismo revolucionario que tenía por objeto el sujetar las piernas de los diputados del oficialismo para que nos salten hacia los escaños de la libertad. Muchos se miraban como anhelando cruzar la talanquera y huir de tanto regaño que sale de los labios del magnate de Miraflores.
En el fondo, el acto en el Panteón Nacional caraqueño, es todo un proceso de intimidación para evitar que la revolución se quede con cuatro gatos en la Asamblea Nacional. Llevarlos hasta el icono de la heroicidad para sembrarles los antivalores que tienen destruida a la nación; inducirles a renunciar al intento de salirse del carril, los títeres siempre serán muñecos sin vida que son dirigidos por una mano férrea que coordina todo aquello que caracteriza al personaje.
Los síntomas del régimen son terribles. Unas calenturas que hierven su sangre podrida. Una muerte política que crece como la espuma en el río. Su tiempo se agota de manera inexorable, el tic tac del reloj que avanza hasta que los deje tirados en el bagazo de la historia.
Imaginémonos, en medio del fastidioso discurso los ojos de Simón Bolívar se abrieron. Empuñó su espada y exigió cuentas a todos aquellos que se han llenado en su nombre. Con voz de ultratumba exclamó: "Un buen ciudadano debe siempre pensar con respecto a sí mismo, lo que calcularía con respecto a los demás, poniéndose siempre fuera de la esfera de sus intereses personales y de sus propias inclinaciones... La corrupción es la peor lacra de la condición humana, quien roba al pueblo se roba a sí mismo, y debe ser declarado como un traidor a la patria".
Seguramente no quedaría ninguno. Han estafado al país con sus mentiras profundas; son la antítesis del caraqueño que auspició las instituciones y creó las bases para que las mismas fueran instrumentos para la futura democracia, como se sabe, Simón Bolívar era un hombre de conceptos liberales. Aquellos que lo colocan en la jungla del socialismo son unos soberanos ignorantes. Individuos patéticos que se sostienen en los principios de la mentira. Comunismo con democracia son como el agua y el aceite. Es como confundir un gato con un rinoceronte.
Colocaron un busto del Libertador. Cilia Flores habló de que sería como una especie de vigilante permanente. Ese vigilante debe estar aterrado. Una Asamblea Nacional atada con la guayas del totalitarismo, que secuestró los derechos del pueblo creando leyes como chorizos carupaneros, aplastando a la disidencia; creando un Estado comunista dirigido por los cubanos. Todo un complot contra el Estado de Derecho. Abrogándose la potestad que tienes los órganos autónomos del Estado, los transformaron en un remedo de bailarinas de cabaret. Desde la Asamblea Nacional han secundando a Hugo Chávez en todas sus excentricidades. Una república que se entregó al capricho de un sátrapa asesino que mueve los hilos desde La Habana.
Libertador: Tu descanso eterno evita que observes como quienes dirigen a la nación sacan tajada en tu nombre. Tienen doce años montados en tu iconografía, para desde el caballo de tu ejemplo imperecedero, terminar por asaltar los dineros públicos. Afortunadamente para ellos, las obras del mármol y el bronce no poseen la vida que conocemos. Solo sirven para recordar las epopeyas. De lo contrario, muchos estarían huyendo hacia los refugios o sus mansiones para evitar que ajustes cuentas.
alexandercambero@hotmail.com twitter: @alecambero
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