Aunque soy reacio a utilizar semejante calificativo, vender Citgo sería una traición a la patria
"Citgo es un mal negocio", afirmó quien todos sabemos, alegando además que "si la vendiéramos y colocáramos ese dinero en bancos, con los intereses habría dividendos".
Armándome de la misma paciencia que requeriría para explicárselo a un niño de cinco años, trataré de aclararle a ese señor dónde está su error.
Me voy a remontar al año 1976. El 1 de enero de ese año, la industria petrolera venezolana amaneció nacionalizada. La Creole cambió de nombre y a partir de ese momento pasó a llamarse Lagoven; la Shell se transformó en Maraven; otras transnacionales pasaron a ser Corpoven. Sus directivos eran venezolanos y la casa matriz de las mismas ya no eran Exxon, ni Shell, ni Mobil, ni ninguna de "las siete hermanas". Ese 1 de enero la casa matriz de todas nuestras empresas petroleras fue Pdvsa.
En apenas dos décadas Pdvsa se transformó en una historia de éxito fulgurante, llegando a ser la segunda mayor empresa petrolera del mundo (según Petroleum Intelligence Weekly).
Sin embargo, Pdvsa había nacido con severos obstáculos. El primero de ellos era que, aunque éramos dueños de nuestras instalaciones y petróleo, no teníamos acceso a los mercados internacionales. El segundo obstáculo era que el 75% de nuestras reservas probadas correspondían a crudos pesados, con mucho azufre, que los mercados no deseaban. Ese tipo de crudos los teníamos que vender a precio de gallina flaca. Los compradores fijaban los precios, ya que solo les interesaban para mezclarlos con crudos livianos de otras procedencias.
Tuvimos que modificar los patrones de refinación de nuestras refinerías para que fuesen capaces de procesar nuestros crudos pesados. Fue una tarea inmensa y costosísima.
Surgió entonces en los mercados una oportunidad que había que aprovechar. A raíz de una de las crisis en el Medio Oriente, algunas refinerías en EEUU y Europa se quedaron sin suministro de crudo. Pdvsa pudo comprar algunas a precio de oportunidad. Tal fue el caso de Citgo que ya era dueña de varias refinerías en territorio norteamericano. En un primer momento adquirimos el 50% de sus acciones; más adelante compramos el restante 50%, con lo cual pasamos a ser propietarios del 100% de esas grandes instalaciones.
El paso siguiente fue titánico. Teníamos que hacer en ellas cuantiosísimas inversiones para dotarlas de procesos de conversión profunda (craqueo catalítico) a fin de adecuarlas a las características de los crudos pesados y ácidos de Venezuela.
Pero ni nuestro Gobierno ni Pdvsa contaban con los fondos requeridos, ni querían otorgar avales. Optamos entonces por recurrir a financiamientos que serían pagados con el flujo de caja de la propia Citgo. Eso limitó por algunos años el pago de dividendos a Pdvsa.
Hace años esos financiamientos ya fueron pagados y Citgo pasó a ser el principal brazo comercializador de nuestro petróleo. La empresa llegó a ser propietaria de ocho grandes refinerías en EEUU con capacidad para refinar más de 1,5 millones de barriles diarios, además de 66 terminales. Era además copropietaria de oleoductos que atravesaba a EEUU de sur a norte y disponía de más de 15.000 estaciones de servicio (más que restaurantes McDonald's) que aunque no eran propias, estaban abanderadas con la marca Citgo y vendían gasolina venezolana. Pasamos a controlar casi el 10% del mercado de gasolina más importante del mundo.
Se logró una integración vertical admirable, gracias a la cual el petróleo proveniente de nuestros yacimientos era entregado en los tanques de gasolina de los automovilistas norteamericanos, después de haber sido refinado en nuestras propias refinerías, transportado en nuestros oleoductos y buques y expedido en estaciones de servicio Citgo.
Lamentablemente, por culpa de una pésima administración, Citgo está actualmente endeudada, se ha transformado en una empresa ineficiente y politizada al igual que Pdvsa -cuyas cifras de producción están siendo falseadas-, se han vendido muchos de sus activos, se han retirado miles de estaciones de servicio que antes operaban bajo su bandera y la salud financiera de la empresa ha quedado comprometida. Por eso no paga dividendos e incluso se habla del riesgo de un embargo.
¡Es indispensable recuperarla! Si la vendiésemos estaríamos renunciando a la soberanía petrolera. Quedaríamos en manos de empresas extranjeras (quizás chinas) que quieran comprar nuestro petróleo pesado a precio de gallina flaca. Aunque soy reacio a utilizar semejante calificativo, vender Citgo sería una auténtica traición a la patria.
pepetoroh@gmail.com//@josetorohardy
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