Antonio Briceño muestra las fiestas de la etnia guerrera Kayapó
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Diez años. Siete aviones. Cinco mil dólares. Una oportunidad que se le quedó pintada en el alma. Utilizar números, imágenes o palabras sería poco para resumir la experiencia que vivió el fotógrafo venezolano Antonio Briceño (Caracas, 1966) al adentrarse en el corazón de Brasil.
Él registró diversos aspectos de las costumbres ceremoniales de la etnia guerrera Kayapó, sembrada en las tierras planas de Mato Grosso y Pará, al sur de la Amazonia, en el corazón de Brasil. Y lo que captó se muestra en la exposición Bemp, un ceremonial Kayapó, dentro del Consulado de Brasil, ubicado en la avenida San Juan Bosco entre 5ta y 6ta transversal, en la Quinta Mónaco de la Urbanización Altamira.
Pero para llegar a Brasil tuvo que conseguir permisos casi imposibles. De Caracas la comunidad de A´Ukre - entre el Río Curúo y el Río Fresco, en Brasil- tuvo que tomar siete aviones y gastar tres mil dólares. Y, además, debió pagarle dos mil a la etnia guerrera Kayapó.
Pero llegó. Y lo que pasó durante un mes de estada entre la etnia y Briceño fue simplemente sublime. según afirma el fotógrafo. A pesar de que llegó a ellos para retratarlos para el trabajo Dioses de América -que expuso en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas y en el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez-, la conexión fue tan grande que se ganaron una segunda parte.
"Éste es un tipo de trabajo distinto al que estoy acostumbrado hacer. Estas son fotos documentales, no fueron manipuladas. Esta exposición es el tras cámara de la muestra Dioses de América. Es la primera vez que muestro lo que hago detrás de mi trabajo artístico. Pero me sorprendieron", dice Briceño.
Más de cinco mil imágenes captadas durante todo un mes. De esas seleccionó 30 en un formato de 40 por 60 centímetros para la muestra. Todas documentales. Sin ser retocadas.
Antonio Briceño quedó extasiado al presenciar la ceremonia de Bemp. Se trata de una fiesta que se celebra estacionalmente durante la temporada más seca del año, que es en el mes de agosto. Ahí las aguas son más bajas y se realiza la pesca del Bemp. Los niños que son bautizados en esa ceremonia tendrán un nombre que comenzará con el prefijo Bemp.
"Después de una interminable serie de preparativos, llegué a la comunidad de A'Ukre. Tras un vuelo de una hora en microavioneta, que atravesaba ese infinito verde de selva amazónica, aterricé en una franja de tierra roja en medio de la selva. Nunca olvidaré el recibimiento. Al salir de la avioneta estaba toda la comunidad alrededor. Toda la gente, hombres y mujeres, con sus caras y cuerpos pintados de negro, con unos diseños exquisitos, intrincados y llenos de detalles, como la selva", relata Briceño.
Lo que siguió al aterrizaje está documentando en cada una de las cinco mil imágenes, que posiblemente lleguen a convertirse en un libro. "Los Kayapó son los indígenas más hermosos que he visto. Son muy altos, con porte de guerreros y con un afición extrema por la estética y el arreglo corporal. Siempre están pintados, las mujeres con la parte central del cráneo rapado".
El color y la alegría son constante en las imágenes. Según explica Briceño, ningún centímetro del cuerpo de los Kayapó se escapaba del color. En ella colocaban líneas simétricas. Adornaban sus cuerpos con múltiples collares y pulseras de mostacillas y grandes zarcillos, brazaletes y tocados de plumas de guacamayas. Mientras los días de las fiestas van avanzando, los colores y las vestimenta aumentan en majestuosidad
"Sobre un gran círculo demarcado en el piso de la plaza, se colocaron los 40 danzantes, en fila. Bajo dos grande techados de palmera estaban sentados los cuatro niños. Estos estaban completamente recubiertos de plumas de perico y loro, eran como los pichones. Entonces los danzantes comenzaron a patear rítmicamente el suelo, el sonido de sus sonajas, atadas a los pies, era cada vez más fuerte. Hasta que el primero de la fila abrió sus alas plenas de plumas y comenzó a avanzar, simulando el grito de las guacamayas... Pasará mucho tiempo antes de que mis oídos olviden el canto profundo de los hombres y mujeres guacamaya, desde el corazón del mundo", relata el fotógrafo.
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