El Cicpc maneja varias hipótesis, entre ellas figura la del robo
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Los detectives de la policía científica que llegaron hasta las Residencias Pichincha de San Agustín, atendiendo el llamado de los vecinos, tuvieron que pedirle apoyo a los Bomberos de Caracas para abrir la puerta que da acceso al lavandero del apartamento B-6, pues el joven que los recibió, Gustavo Adolfo Hernández Arias, de 21 años, aseguraba que no tenía las llaves para dejarlos pasar.
El olor putrefacto que los moradores denunciaron ante el Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas, en una llamada anónima que hicieron el sábado a las 6:30 de la tarde, salía de ese lugar. Los Bomberos abrieron la puerta, y adentro, a un lado de la lavadora, estaban los cuerpos de madre e hija. Uno sobre el otro, tapados con bolsas, ropa sucia y hasta basura. La dueña de la casa se llamaba Coromoto Ávila y tenía 46 años. Su hija tenía 15 años. Además, Coromoto tenía otra pequeña de siete años que sobrevivió.
Cuando los funcionarios llegaron, explicaron vecinos del edificio, Gustavo Adolfo -ahijado de Coromoto-, estaba en el apartamento con su novia, su hija y su primita de siete años que fue la única sobreviviente. Allí se quedó desde el lunes, cuando, se presume, se cometieron los homicidios. Él era quien cuidaba a la niña.
Los funcionarios de la policía científica lo capturaron. Cuando lo interrogaron, él dijo, según explicó una fuente policial, que él no las mató, que lo hicieron dos jóvenes que como él viven en el 23 de Enero.
Contó que los tres llegaron a la casa. Él entró a uno de los cuartos con su primita de siete años y cuando salió, los dos jóvenes salían con las computadoras y madre e hija ya estaban muertas.
Los efectivos aún no han determinado cómo fue que murieron Coromoto y su hija, pues no había rastros de sangre, presumen que las asfixiaron. Sin embargo, esperan el informe forense de los médicos de la Morgue de Bello Monte.
Los vecinos, el sábado, pasadas las 8:45 de la noche, cuando sacaban al detenido, le gritaron y hasta intentaron lincharlo, pero los detectives del Cicpc lo impidieron.
Hipótesis
Coromoto era subdirectora de la Unidad Educativa Felipe Tejera, en el 23 de Enero. De acuerdo a lo que se pudo conocer de forma extraoficial, al parecer, Coromoto había sido amenazada hacía algunas semanas, pues había tomado la decisión de expulsar a algunos estudiantes por mala conducta.
Los deudos comenzaron a sospechar de que algo andaba mal porque desde el miércoles, el olor putrefacto comenzó a molestar a los vecinos.
Los lugareños llamaron a unos familiares de Valencia para contarles lo que estaba pasando, al parecer, y ellos empezaron a investigar.
La otra hipótesis, que hasta ahora manejan los detectives del Cicpc, habla de la resistencia al robo. Pero no descartan alguna otra posibilidad.
Este domingo en la mañana familiares llegaron hasta las Residencias Pichincha a buscar algunas cosas. Estaban muy afectados por lo ocurrido.
iiglesias@eluniversal.com
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