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CARACAS, jueves 02 de septiembre, 2010 | Actualizado hace
 
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¡Judas, el inocente!

Hemos presenciado la carrera de decenas de antipolíticos iluminados para salvar al país

CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ |  EL UNIVERSAL
jueves 2 de septiembre de 2010  12:00 AM

Sobre Judas existe una interesante polémica teológica. Unos dicen que cumplió con un libreto escrito por Dios desde la eternidad y que de no hacerlo, no hay Redención y punto. Otros, que hizo uso de su libertad al optar entre entregar o no al Maestro. Las figuras sobrenaturales complican las cosas más de la cuenta. Por eso es mejor hablar de mortales, como los trescientos de Las Termópilas que resistían contra doscientos cincuenta mil soldados persas. Ese milagro permitió que en la garganta de la montaña sólo cabían tres soldados en línea contra tres, mientras otros descansaban en retaguardia para luego pasar al frente, como lo cuenta la película de Miller. Y si no hubiera sido por Efialtes que delató ante los persas un atajo para atacar por detrás a Leonidas, hubiera dado tiempo que llegaran los demás espartanos. "¡No tengo por qué callarme¡ -¿diría Efialtes válidamente?- es mi opinión".

¿Podrían Judas, Efialtes o Eróstrato justificarse a nombre de la libertad de pensamiento? Para voltear y poner en peligro una causa en la que está en juego la vida y la tranquilidad de muchos, ¿procede invocar algún valor abstracto, u obedece a asuntos más humanos, como ambiciones y resentimientos? Judas y Efialtes querían dinero, Yago odiaba a muerte y quería la desgracia del moro. Eróstrato ser conocido y que recordaran su nombre, pasar factura a quienes lo ignoraron. Vanitas vanitatum.

En medio de una guerra, cuya estrategia has discutido, en la que tus tesis no soportaron la prueba de la crítica, jugar a la derrota de los tuyos, con terribles consecuencias... ¿es un simple ejercicio de la libertad de expresarse?

Hemos presenciado la carrera relampagueante de decenas de antipolíticos rueda libre iluminados para salvar al país, primero de AD y Copei, luego de Chávez, luego de los partidos de la oposición. No volveré sobre las consecuencias de sus desvaríos. Después de la debacle, los partidos actuales, en construcción o reconstrucción, son mucho menos democráticos, organizados, poderosos, conceptuales que los que desbarataron. Venezuela había llegado a un grado envidiable de desarrollo político. Pero esos partidos son preferibles a los caudillos. En esa hazaña del acuerdo unitario, ocurrieron aprendizajes memorables. Uno de los principales líderes del país, gobernador, trató de imponer un candidato y tuvo la decencia de rectificar a nombre del imperativo, la unidad. No denunció los acuerdos ni rompió la lámpara, ni infamó a sus compañeros porque no hicieron lo que a él le daba la gana. Otro dirigente aceptó ceder su puesto para sumar y no restar. Los partidos son escuelas.

Según Dante a los desleales los torturaba Lucifer en persona.

@carlosraulher



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