CARACAS, lunes 02 de agosto, 2010 | Actualizado hace
Desde que la corbeta granadina ARC Caldas traspasara aguas en disputa con Venezuela el 19 de agosto de 1987, ambos países no atravesaban un punto tan bajo y delicado en su diplomacia como hoy. Pero a aquel incidente mediaron circunstancias locales. Hoy el asunto es supranacional. Es un tema de seguridad de Estado que no sólo atañe a Colombia, sino a la comunidad internacional, autoinvitado EEUU, como doliente directo. Y esto no es baladí... por lo cual vale decir, Presidente, ¡apriete el bolsillo!
El análisis no pasa por un problema de soberanías o de pueblos. Tampoco es una disputa entre Uribe y Chávez. Se trata de una denuncia de Colombiana apoyada por EEUU (ver declaraciones del embajador William Brownfield) formulada al Sr. Chávez Frías y a su séquito revolucionario, por lo que son cuentas que debe rendir el comandante en su condición de pana de la insurgencia colombiana, y no los venezolanos quienes no tenemos velas en ese entierro. A partir de allí, todo luce muy parecido a lo que en su momento fue Noriega en Panamá. Y aunque dista mucho en lo fáctico (Noriega era un aguantador confeso del narcotráfico), hoy el terrorismo comprende un antivalor tan grave, que los desenlaces podrían ser igualmente inclementes. Y no hablo de torpes invasiones, por ahí no van los tiros.
Hablo de protocolos ante cortes internacionales de justicia.
Colombia supo abordar el conflicto: personalizándolo. Y tiene a Chávez de cabeza. No al contestón vestido de Poseidón, sino al Chávez de carne y hueso, ramplón, mismo que se chorreaba desde que divisaba la propela de un avión. Quienes desde Colombia se han ocupado de estudiar la personalidad de Chávez, aprendieron que su talón de Aquiles no es carearlo en "grupo", sino a él solo, solito. Como androfobo, no hay nada que lo desencaje más que verse expuesto frente a toda una "muchedumbre" internacional, con patas embarradas difíciles de limpiar. Desde ahí el pueblo no le acompañará a ninguna aventura, y las FFAA observarán taciturnas a un adversario mucho más grandote que él, a quien no sienten enemigo. Y no hay petróleo que amarre el paquete, porque no hay reserva moral que lo contenga. Lo que le quedará a Chávez, será volver con Colombia.
Colombia va con todo adonde más le duele a Chávez: sus miedos. Pero el objetivo no es defenestrarlo -por ahora- sino doblegarlo para lograr la reanudación de relaciones comerciales. Las diplomáticas poco interesan. Si Chávez lo ve claro, a menos de una semana de la toma de posesión de Santos, le enviará flores a ambos, Casa Nariño (el otro floreado será Brownfield).
Si se deja llevar por la ira su destino en La Haya está marcado, como también la hora de rendir cuentas.
vierablanco@cantv.net//
@ovierablanco
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