CARACAS, sábado 31 de julio, 2010 | Actualizado hace
11:40 AM Londres. - El fundador de Wikileaks, Julian Assange, rechazó las acusaciones del Gobierno de EEUU, que le reprocha tener "las manos manchadas de sangre" tras haber filtrado 90.000 documentos militares clasificados sobre la guerra en Afganistán y el comportamiento de las tropas aliadas.
En declaraciones hechas a un programa de la cadena británica BBC, Assange aseguró que no había pruebas que indicaran que algún militar hubiera muerto como resultado de la filtración, señaló Efe.
El fundador de Wikileaks acusó al Pentágono de estar intentando distraer la atención de las miles de bajas mortales ocurridas en el conflicto.
Por su parte, la Casa Blanca ha pedido a Wikileaks que no publique otros 15.000 documentos de los que presumiblemente dispone este portal.
En su intervención en el citado canal británico, Assange aseguró que el Gobierno estadounidense no había presentado ninguna prueba que demostrara que personas inocentes o militares habían sido perjudicados debido a la publicación de esos documentos.
Se refirió directamente a los comentarios hechos por el jefe del Estado Mayor Conjunto de EEUU, el almirante Mike Mullen, quien criticó con especial dureza la actuación de Wikileaks.
"Uno debe considerar por qué el Pentágono se centra en la hipotética sangre que dice que podría estar manchando nuestras manos, aunque no existe ninguna prueba de ello, si tenemos en cuenta las 20.000 vidas que se han perdido en Afganistán, que se documentan y se exponen en nuestro material", dijo Assange a la BBC.
El fundador de Wikileaks indicó que la página de internet había tratado de involucrar a la Casa Blanca en sus esfuerzos para someter a investigación ese material antes de su publicación.
Assange anticipó también que la página web continuará publicando documentos: "No nos van a contener. Seguiremos exponiendo abusos cometidos por esta administración y otras".
Wikileaks obtuvo 91.000 documentos militares estadounidenses que ofrecen una nueva visión sobre las operaciones en Afganistán entre enero de 2004 y diciembre de 2009, que no deja en buen lugar a las fuerzas aliadas que ocupan el país asiático desde el año 2001.
Los documentos revelan nuevos detalles sobre muertes de civiles, la existencia de fuerzas secretas especiales dedicadas a "cazar" a dirigentes insurgentes y la preocupación de que los servicios paquistaníes de inteligencia podían estar ayudando a los talibanes.
Antes de publicar los documentos en su página, Wikileaks se los cedió a los diarios The Guardian, de Reino Unido, y The New York Times, estadounidense, así como al semanario Der Spiegel, de Alemania
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