El ente fue cerrado aunque no tiene vínculos jurídicos con Econoinvest
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Clausurada quedó la Fundación para la Cultura Urbana (FCU) ayer a las 10:00 de la mañana, cuando dos funcionarios de la junta interventora de Econoinvest llegaron a la oficina del ente cultural, ubicado en el piso 6 de la Torre Mene Grande, cambiaron cerrojos y claves de acceso, y desalojaron al personal que hasta esa hora había llegado.
La información la dio el poeta Joaquín Marta Sosa, miembro de la directiva de la FCU, quien agregó que "la Fundación sigue existiendo y no tiene jurídicamente nada que ver con Econoinvest, y en ese sentido, al margen de cualquier intervención, al haber tomado los locales y prohibido la entrada a los trabajadores, se deja a la Fundación indefensa; porque ni siquiera se tiene acceso a los trabajos que se estaban haciendo y programando ni a la documentación administrativa y financiera. La atan de manos".
Significa que legalmente la Fundación podría continuar con sus labores, entre las que tiene pendiente el fallo de la décima edición del Concurso Transgenérico y la edición de al menos doce títulos más. "Podemos funcionar en otro local, pero sin acceso a los documentos tendríamos que partir de cero", explica Marta Sosa; y enfatiza que la Fundación para la Cultura Urbana está ligada a la casa de bolsa porque es el patrocinante, pero no tiene que ver jurídicamente. No tiene que ver con el mundo financiero sino con el cultural".
La reacción de los autores y de la intelectualidad no se hizo esperar, y hasta por las redes sociales comenzaron las protestas en contra de la medida.
Cinco escritores, algunos son autores de la FCU, coinciden en que esta decisión atenta contra la vida cultural del país.
Andrés Boersner escribió sobre Rufino Blanco Fombona, y señala: "Me extraña esa intervención, y no dudo que detrás de esta medida haya una razón política. Pareciera que el Gobierno está interesado en cercenar la cultura que no pase por un filtro oficialista, y ante una medida tan grave hay que levantar la voz de protesta".
Esa necesidad de protesta la siguen los escritores Jacqueline Goldberg, Roberto Echeto y Alexis Romero.
Goldberg, quien hizo la biografía de Jacques Braunstein y participó en la elaboración de otros títulos, responde indignada: "No tengo que ver con Econoinvest, pero están cerrando un ente cultural, que ha publicado como nadie en este país, una labor coherente, sistemática y que todo parece un gran capricho. ¿Qué pasa con los libros que se quedaron encerrados? ¿Con las fotografías, los discos? ¿Van a hacer una pira en la plaza Bolívar? ¡No están cerrando oficinas de Econoinvest, están cerrando una fundación cultural con un trabajo comprobable!".
Pero lo que más le duele es "el silencio de más de cien autores que están allí, de los premiados, que ni por Facebook se han manifestado. Quiero saber si no les importa", dicen.
Echeto -autor de Breviario galante en la FCU- publicó un post alusivo al tema en su blog, (robertoecheto.blogspot.com) una airada protesta a la que telefónicamente no agregó más allá de lo que allí escribe: "Quisiera expresar mi preocupación ante el limbo en el que ha caído el proyecto de la Fundación para la Cultura Urbana. He aquí otra prueba que la esfinge les pone a los artistas y a los intelectuales (...) ¿Vamos a dejar que pase lo mismo con la Fundación para la Cultura Urbana? Yo nada más pregunto. Si solo éramos entusiastas de ese proyecto cuando todo iba bien, entonces no somos más que unos farsantes".
Romero fue finalista en uno de los Transgenéricos, y es de los que mira a "una especie que llamo intelectuales de la chayota, que se benefician de unas instituciones y cuando ocurren circunstancias salvajes como estas se asumen mudos, indiferentes. Lo que ocurre con la Fundación es una especie de crimen ante el cual uno no puede seguir indiferente, es un anuncio de lo que nos toca por estar opuestos al régimen".
El periodista e historiador Carlos Alarico Gómez, autor de El museo de la radio, opina que lo de la FCU es "una gran pérdida para el mundo editorial venezolano, porque le permitía el acceso a escritores de distinta índole; no solo a los consagrados, sino a los nuevos valores la posibilidad de editar. Es una pérdida".
Una labor representada en más de cien títulos publicados, discos, conferencias, libros de fotografías, talleres, becas, amerita, para él, que "el Gobierno rectifique la medida".
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