Cuando ya llevamos 11 años largos escuchando vocabulario bélico varias veces al día, nos llega a los venezolanos el esperado Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010. Y con él, varias lecciones, como debe ser en el buen deporte.
Ahí es donde estamos viendo las verdaderas batallas del siglo XXI: en el campo de juego. Equipos enfocados en una elevada meta y dándolo todo por conseguirla. Jugadores ejemplares, cuyo tenaz trabajo los llevó a la cima de su disciplina.
Una tarea noble y elevada como meta. Prosperidad y bienestar para los involucrados. Una nación que supo trabajar sus terribles heridas y ahora es la sede de uno de los eventos cumbre del deporte mundial.
Nos preguntamos a dónde podría llegar Venezuela en el deporte, en la ciencia, en las artes, si toda esa inútil energía desperdiciada en una confrontación anacrónica se enfocara en preparar talento para que nos represente ante el mundo. Si lo gastado en propaganda y en obsequios a otros países se invirtiera en educación, en salud, en preparación para nuestros jóvenes más talentosos.
Si nuestro país no espantara a las inversiones extranjeras por culpa del deterioro y la inseguridad. Si pudiéramos aspirar a solicitar ser sede de alguno de esos grandes eventos que traen turismo y promoción a las naciones que los albergan.
Pero no es la prioridad. Ni siquiera debe estar entre las metas. La urgencia del gobierno actual es someter a como dé lugar a quienes no piensen como ellos lo desean. Acorralar a toda iniciativa particular exitosa. Que dependamos de la mayor manera posible del Estado para así castigarnos si disentimos.
La contracción económica, la recesión, la caída en la economía, nos alejan cada vez más de esas metas. Quitan la comida de la boca de los venezolanos y los alejan de sus derechos a la educación, al estudio, a la salud, a la superación.
Los artificiales logros en deporte y salud de Cuba -el modelo a seguir de esta revolución-, fueron inflados por una maquiavélica y eficaz maquinaria propagandística y tenían por debajo recursos de la extinta Unión Soviética. Ahora, ni siquiera con la manguera de petróleo venezolano conectada, el sufrido pueblo cubano ha logrado revivir aquellas glorias. Quedó para padecer la miseria más absoluta gracias a la soberbia de su dictador.
Nunca pudo aquella nación compartir en paz un evento de esta clase y si promovió la participación de sus representantes en justas deportivas, lo hizo como elemento propagandístico.
El reto es enorme: queremos que nuestra nación participe plenamente de festividades deportivas y culturales, de cumbres científicas y de todo lo que simbolice el progreso de la humanidad. Queremos premios, aplausos, reconocimiento y prestigio. ¿Y por qué no? Prosperidad y progreso. Pero sobre todo, paz.
Presidente del Concejo Municipal de Baruta
@ DavidUzcategui
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