Me gusta leer el blog Un grano de maíz del escritor Antonio Aponte a quien considero el vocero por excelencia del fundamentalismo chavista, no tanto por lo que dice, aunque algunas veces hace unos acertados análisis políticos de ese amorfo campo chavista y de la realidad que confrontan, sino por las formas, la retórica tan torcida que utiliza para llevar a buen puerto las ideas que tratan de explicar ese inaprensible concepto de socialismo del siglo XXI, y en qué consiste esa extraña revolución con la que tratan de someter al pueblo de Venezuela.
Sin duda se trata de un hombre preparado que ha quebrado lanzas por el caudillo rojo rojito y no escatima esfuerzos por darle sentido al sin sentido en que estos políticos, esencia destilada de un socialismo nihilista y a ultranza, cuya forma de gobierno no es otra cosa que una de esas malas versiones de militarismo sazonado con comunismo, y como buen fundamentalista, la vena de la intolerancia le late con vigor, y no pocas veces se ha convertido en apologeta de la violencia y de la muerte.
Los lectores de este blog deben ser personas muy inseguras y paranoicas, el mundo que les pinta Aponte es uno de conspiraciones y guerras mediáticas en contra de lo que ellos entienden por socialismo, todos los incursos en delitos y señalados como criminales, si son del PSUV son héroes, si roban y estafan lo hacen por el bien común y merecen respeto.
Chávez lo tiene como su oráculo y lo manda a leer a sus adeptos, y Aponte se esfuerza por explicarnos porque toda esa ineptitud, vagabundería y maldad por la que se distinguen como actores políticos, deberíamos verla como eficiente, seria y necesaria, pero nada como uno de sus últimos comentarios intitulado La pasión revolucionaria y la cautela, donde justifica los crímenes pasionales.
Aponte mantiene que el revolucionario vive del riesgo por lo que la cautela es un lujo que no pueden darse, al contrario, las pasiones los comandan, son sus esclavos y para demostrarlo hace una forzada hipérbole con Simón Bolívar y su gesta independentista, los revolucionarios matan, se dejan matar, destruyen, acaban con el orden establecido y se pregunta ¿Cómo pedirles cuenta?... No pueden ser juzgados por los hombres del presente pues avanzan hacia el futuro… toda esta jerigonza para justificar sin ninguna vergüenza, el poco de contenedores que les pillaron en depósitos con comida podrida, semillas en mal estado y medicinas vencidas, un desastre que amonta a varios millardos de dólares perdidos en las cloacas de la corrupción, aunque, no contento con confundir la criminal ineptitud de los revolucionarios con una estrategia en esta "guerra pacífica", pide honores a sus perpetradores porque demostraron su pasión al no reparar en errores.
La cautela necesita de inteligencia, de un sentido de la responsabilidad, las pasiones, al contrario, desatan la animalidad, el llamado de Aponte es hacia la máxima brutalidad en el accionar de los revolucionarios, algo así como pedir por unos súper-héroes sociales brutos, torpes e irresponsables.
Aponte alega que como están haciendo una revolución pacífica, algo que nunca se había realizado, pues las reglas las están escribiendo, al mejor estilo de ese símbolo nacional que fue Eudomar Santos y su consigna "Como vaya viniendo vamos viendo", una posición muy "científica" para estos marxistas de nuevo cuño.
Creo que es el mismo espíritu con el que están graduando médicos, abogados e ingenieros en las nuevas universidades bolivarianas, a fuerza de pasión, y cuando ejerzan la profesión, que a los venezolanos nos agarren confesados, la mala praxis no existirá, al cirujano que olvidó el escalpelo en el hígado del paciente, o al abogado que llegó tarde al tribunal para entregar las pruebas que podrían liberar de culpa a su cliente, o al ingeniero que se atrevió a cambiar la formulación del concreto para la viga de sostén del puente, que lo hacen sin detenerse en la cautela y arrebatados por la pasión, nadie podrá juzgarlos, y sus víctimas deberían dar gracias en contarse como "bajas" de esta hermosa revolución.
Ya lo decía el filosofo holandés Baruch de Spinoza: "… el hombre sometido a las pasiones, no depende de sí mismo, sino de la fortuna, cuyo poder sobre él es tan grande que le obliga a menudo a que, viendo lo mejor, haga lo peor" a todas estas… pobre Simón Bolívar.
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