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Raymond Domenech es como tú

Su liderazgo -arrogante e ignorante- ha dilapidado un potencial y dividido a un equipo

PEDRO GARCÍA OTERO |  EL UNIVERSAL
sábado 19 de junio de 2010  12:00 AM

Exceptuando a políticos, es difícil encontrar, al sol de hoy, a una persona tan universalmente rechazada como Raymond Domenech.

El Mundial es el tema que tiene de cabeza al planeta; así que en vez de comentar sobre contenedores podridos, libertad de expresión o bancos intervenidos, hablaremos de fútbol: Tema diferente, pero no demasiado.

Por si no lo saben, Domenech es aún -quizás desde hace demasiado y probablemente por muy poco tiempo más-, seleccionador de Les Bleus, la selección de Francia, que, como seguramente sí conocen, está a punto de mate en el Mundial de Sudáfrica 2010.

Fue un futbolista mediocre, sin mayores pergaminos que, tras retirarse, por razones poco claras, llegó a ese cargo sin experiencia previa.

Francia, por cierto, venía de una inmensa decepción en la Eurocopa de 2004, tras años previos de grandes lauros, entre ellos la Copa FIFA de 1998; el mundo del fútbol en el país galo reclamaba un revulsivo.

Inmediatamente, todos se dieron cuenta de cuán peculiar era Domenech. No solo porque, por acción y omisión, decidió que iba a actuar cómo le daba la gana, sino porque las alineaciones eran realizadas según la Carta Astral de los futbolistas. Si las estrellas eran favorables, iban al equipo titular; si no pintaban muy bien, a la banca de suplentes.

El rompimiento entre Domenech y buena parte de los fanáticos franceses vino casi de inmediato, pero el seleccionador tuvo la inmensa fortuna de disfrutar de una de las más brillantes generaciones de futbolistas franceses, encabezados por Zinedine Zidane. Con ella, y con suerte pura y simple, logró llegar a la final del Mundial Alemania 2006. La imagen para la posteridad será la de Zizou, tan gran jugador como mal perdedor, saliendo, expulsado, luego de propinar su famoso cabezazo a Marco Materazzi.

El crédito de Domenech se prolongó cuatro años más, pero su ascendencia sobre los jugadores se ha esfumado desde hace tiempo. Ver a un futbolista tan excepcional -por su talento, por buena persona y por jugar en los dos equipos que más me gustan, el Arsenal y el Barcelona- como Thierry Henry, sentado en la banca, con cara de sociedad civil, mientras Les Bleus se arrastran en una cancha contra México, da la medida de la clase de dirigente que es Raymond Domenech, quien ya ha sido cuestionado por dividir a la plantilla y por ser caprichoso en sus querencias y odios.

"Es cualquier cosa menos un entrenador", ha dicho Zidane, figura mítica. Su liderazgo -ignorante, arrogante e incapaz de cambiar- ha dividido a un equipo y dilapidado un enorme potencial. En definitiva, hablábamos de fútbol y no de política. Temas diferentes -pero no demasiado.

 potero@eluniversal.com



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