CARACAS, sábado 19 de junio, 2010 | Actualizado hace
De todo un chiste. La peor de las miserias es la burla insensata, la que vuelve risa la desgracia; no por optimismo ni visión de esperanza, sino por resignación, por aceptación de una realidad malsana que nos carcome como sociedad, pero que intentamos esconder en un juego de palabras que maquillan el dolor con lágrimas disfrazadas de sonrisa.
A muchos les parece una cómica la putrefacción de más 80 mil toneladas de alimento, les parece una cómica la verborrea incoherente que cada día se apodera de las pantallas, de las emisoras, les parece una cómica todo cuanto acontece en un país que lo tuvo -y tiene- todo para ser potencia, pero que se deshace en risas, cuando es el tiempo de ponerse serio.
La seriedad nada tiene que ver con la amargura ni con el pesimismo, ni con la puerta cerrada a la ilusión y la alegría. La seriedad tiene que ver con asumir la realidad y no aceptar la burla contra un pueblo dócil, ni la humillación, ni la barbarie.
Chistes sobran, y muy buenos. Pero lo que nos pasa como país no es para risa, no es para desternillarse en el sofá por la pérdida del empleo propio o de los de al lado, por los niños que comieron de esa comida vencida, o por los miles de ahorristas, empresas y empleados que, pese a no tener ni un pelo de tontos, viven ahora en la peor de las incertidumbres.
El "exprópiese" de moda, nada tiene de chiste, ni el sonsonete de las más recientes alocuciones, ni siquiera de la revolcada que propinó el periodista inglés de la BBC al peor de los actores de este país. Yo sé que una de las características del venezolano es su buen humor, es su lado amable, con sonrisa a flor de labios, pero también lo es su inteligencia y su astucia para entender que los chistes son buenos hasta tanto se convierten en burla incisiva, que lesiona la dignidad del hombre.
Yo me quiero reír, pero en un país donde la vida sea eso y no un sin vivir. Yo me quiero divertir, pero no en la desgracia del otro, no en la destrucción, no en el arrinconamiento del adversario.
Ya basta de reírle las gracias (morisquetas) a un grupete que solo sabe burlarse de una audiencia que no termina de definirse con seriedad ante esta sátira de bufos. ¡Qué graciosos! esos que babean cuando reciben una patada en el trasero, esos que hasta lloran de la risa cuando el poco agraciado mandamás sentencia -con un capricho- la toma, el secuestro, la insensatez… ¡Qué pena, pero no me da risa!
Para quienes quieran tildarme de amargado, solo puedo decir que aspiro a reír de último.
ayanezm@gmail.com
@ayanezm
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