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Antonio A. Herrera-Vaillant // Pelé, Maradona, Mendoza y Zuloaga

La lección es que las mayorías decentes aborrecen al abusador: tarjeta roja para los Maradona

Casi un siglo de experiencia de socialismo comunista brinda aprendizajes muy útiles para el siglo XXI. Primero: aquello no es un sistema funcional sino un destructivo quítate tú para ponerme yo. Segundo: invariablemente termina en abyecto culto a la personalidad del dictador. Tercero: se le llega por dos caminos: una, el idealismo utópico; y el otro la rabia y el resentimiento, canalizado por el fácil camino de culpar a terceros por carencias propias. Quienes de buena fe han transitado la primera vía la abandonan tarde o temprano, al comprobar que es en todo y por todo peor el remedio que la enfermedad.

A los que vienen del odio acomplejado les importa un comino el fracaso irrefutable de sus propuestas dondequiera que se han intentado: sus rabias, complejos y resentimientos se repotencian al mirar el espejo en la mañana de cada día. Su prioridad no es construir sino destruir todo lo que ellos no han podido ser ni hacer. Se pintan de rojo, verde, amarillo, o morado; pero el odio es el mismo.

Finalmente, es un mito que la pobreza alimenta una guerra de clases. Entre pobres y entre ricos hay de todo: buenos e hijos de mala madre: mayoría lo primero, minoría lo segundo.

En Latinoamérica esta realidad la encarnan dos hombres de muy modesta cuna. Uno es el brasileño negro -sin complejos- Edson Arantes do Nascimento "Pelé", deportista limpio y decente, de impecable trayectoria personal, modelo de superación para el más pobre de sus compatriotas.

Su anverso es Diego Armando Maradona -deportista tramposo- hez de la sociedad argentina, que encarna todo el masoquismo social de aquel país en las últimas 6 décadas. Las coordenadas de su vida son: el vicio, la ignorancia arrogante, y el desprecio por cuanto sea decente. Lógicamente Maradona es "hincha" del socialismo comunista latinoamericano; "Pelé", no. Si a Maradona se le lleva a Venezuela, detestará todo cuanto se identifique como Mendoza o Zuloaga; porque los Maradona del mundo resienten cuanto es educado, cívico, constructivo o decente.

Venezuela tiene nombres que a lo largo de su historia persisten en la digna construcción del país bueno. Entre ellos destacan los Mendoza y Zuloaga, jamás asociados a dictadura alguna.

Su mera existencia incita el odio automático de los resentidos de siempre pues representan valores y logros que los otros jamás tuvieron ni podrán tener. Aquellos, encaramados en la cobarde arrogancia del poder transitorio, pueden desgastar la cloaca de sus gargantas lanzando improperios contra el país decente; pero no ofende quien quiere sino quien puede.

La lección final es que las mayorías decentes -a todo nivel- aborrecen al abusador: autogol y tarjeta roja para los Maradona.

aherreravaillant@yahoo.com


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